PDA: consolidación y perspectiva de poder

Jaime Caycedo
Miembro del Comité Ejecutivo del PDA
Concejal de Bogotá

El pasado Congreso del Polo Democrático Alternativo constituye un éxito significativo en el desarrollo histórico de ésta organización política. Es además el resultado del debate previo que de forma coherente, abierta, amplia y democrática tuvo sus desarrollos en los congresos del Polo de Rosa y del Polo Joven. Tal dinámica de apertura y de intensa discusión se conservó en las sesiones de las comisiones y en la plenaria del Congreso como prerrequisito para la consolidación del Polo como núcleo de un proceso unitario permanente en perspectiva de ampliarse y de ganar nuevos contactos, apoyos y puntos de referencia en la vida social y política colombiana.

También parece comprensible que este resultado conjunto del Polo choque y se contraste con la percepción que los grandes medios masivos de información intentaron crear en los preámbulos del Congreso, y que aún hoy pretenden sostener, en el sentido de que se causaría una gran división interna. Llegaron a afirmar que las mayorías del partido eran distintas a lo que realmente son y persisten en augurar un futuro signado por la supuesta diferencia irreconciliable de los sectores que conformamos el partido. En la práctica lo que se evidenció es que hay una clara y contundente mayoría que se inclina hacia una postura de izquierda real y hacia la formulación ante el país de una alternativa de poder en la perspectiva de las elecciones del año 2010, opción decididamente opuesta a la lógica, la política y la orientación del poder dominante que lleva al país en su conjunto al despeñadero. Es importante destacar que todo lo que pasó en el congreso del Polo obedece a la confirmación de las realidades existentes tanto dentro como fuera de la organización.

El fracaso estruendoso del régimen

Uno de los argumentos que caracterizaron el debate fue el tema de los presuntos éxitos de la mal llamada “seguridad democrática” del presidente Uribe. Los hechos que conoce el país son tozudos e indican que no es cierto que esta política haya restablecido la paz o que haya mejorado las condiciones de seguridad y de garantías de derechos a los ciudadanos y ciudadanas. Lo que realmente ha venido sucediendo es que hay un crecimiento exponencial de los escándalos cotidianos en instancias del Poder Ejecutivo vinculadas directamente con la Presidencia de la República. Tampoco es un secreto el enfrentamiento cada vez más directo del Presidente con la Corte Suprema y con la propia Fiscalía General de la Nación, lo cual ha puesto de manifiesto el peso del oscuro mundo del narco-paramilitarismo muy cerca de la gestión del Presidente y de los sectores predominantes en el poder.

Es casi un hecho probado (denunciado de forma permanente por los  movimientos de derechos humanos y por la izquierda), el compromiso de estructuras empresariales y de las fuerzas militares en las violaciones de los derechos humanos y del Derecho Internacional Humanitario, así como las conexiones continuas y sostenidas con estructuras paramilitares que se han renovado o que simplemente nunca dejaron de existir, a pesar de todo lo dicho en relación con la desaparición del paramilitarismo, situaciones que se corroboran de manera suficiente con las declaraciones a la justicia de los líderes paramilitares detenidos, a quienes el Gobierno de Uribe está extraditando a los Estados Unidos, decisión que tiene consecuencias seriamente negativas en el esclarecimiento de los miles de crímenes cometidos por ellos, mostrando la incoherencia de la política del Gobierno y sobre todo su intento por acallar las reclamaciones del movimiento de víctimas.

Impacto de la crisis mundial

Hay otra abultada perspectiva que también ha ratificado el análisis realizado por el congreso del Polo, como un ingrediente nuevo y agravante de toda esta fenomenología de la verdadera hecatombe que vive la Nación: la profunda crisis económica, social y ética del sistema capitalista mundial, comenzando por los propios Estados Unidos y su necesaria extensión hacia nuestra realidad debido a la extrema dependencia económica, política y militar del país frente al imperialismo.

Es la crisis, en el plano colombiano, de la denominada “confianza inversionista”, que aplasta y arrasa cualquier otra posibilidad de decisión estatal a favor de programas sociales que busquen resolver problemas como el creciente desempleo, del hambre o de la falta de apoyo a las comunidades para resolver sus ingentes necesidades. Esa confianza inversionista, como ya lo han demostrado varios notables economistas, no es más que la exención impositiva y el subsidio a los grandes capitales, todo esto con el cuento mentiroso de que esta política permitiría apuntalar el empleo, lo cual resulta abiertamente contraevidente pues es conocida la tasa actual de 14.2% de desocupación, la más alta del hemisferio y que no tiene explicación distinta a la política de auspicio del gran capital. Es el caso del desempleo en los jóvenes menores de 26  años, cuya tasa puede bordear el 30% de acuerdo con los datos disponibles, lo que hace aun más delicada y grave la situación de la población. Insisto, esta si es la verdadera hecatombe nacional.

Todo esto configura el verdadero escenario en el que se desarrolló el congreso del Polo, partido que ha debido superar muchos momentos de dificultad provocados por las opiniones personales injustas y equivocadas de algunos de sus dirigentes, presunciones que apuntan a dar una imagen del Polo que no corresponde en absoluto con la realidad.

Hablar con la verdad del Polo

Esas posiciones, lideradas especialmente por el senador Petro, tratan de mostrar un Polo extremoizquierdista, dedicado a hacer la apología de la insurgencia, ubicándose prácticamente en los zapatos uribistas que acusan al Polo de ser simplemente un telón  político de las FARC y de lo que el Gobierno llama el terrorismo. Esta es una posición contraria a la realidad y que ha hecho mucho daño. Estas afirmaciones no son de buena fe y traducen una actitud de traición al proceso unitario y a la voluntad de todas las fuerzas políticas que integran el partido y que han adelantado esfuerzos enormes para aclarar; deslindar posiciones del movimiento armado, planteando con claridad meridiana las características del conflicto y la necesidad de la  solución política como camino hacia la paz duradera, a contracorriente de la tesis que indicaría que el Polo defiende de alguna manera la vía armada. Por el contrario, hemos venido reafirmando la validez y la oportunidad del papel de la lucha de masas, civilista, así como de las posibilidades de la intervención popular en la construcción de  un cambio político en el país como condición para que la paz se afinque, hecho que será imposible mientras la ultraderecha, el narcoparamilitarismo y el uribismo continúen en el poder.

El congreso del Polo desinfló estruendosamente las ilusiones divisionistas de algunos. Por el contrario, ha salido muy fortalecido y enfocado en su vocación de izquierda, con el compromiso de plantear al país un candidato y un programa alternativo de Gobierno Nacional que convoque la unidad de las mayorías desposeídas y en condiciones de buscar alianzas sobre bases concretas que den respuesta a la angustia de los colombianos y colombianas que hoy miran con esperanza la opción del cambio democrático.

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