La verdad de la transformación de Colombia, a través de Medellín

José Darío Castrillón Orozco
Psicólogo

Sabido es de sobra que la estrategia contrainsurgente de terror, para el país, se ensayó en Medellín y en el departamento de Antioquia. Región de la  cual es oriundo el presidente Álvaro Uribe, y el núcleo de su equipo de Gobierno. También es sabido que una vez consolidada en ésta ciudad y en éste departamento se extendió a toda Colombia. Sin embargo, ahora que el sistema judicial, liderado por la valerosa Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, ha empezado a esclarecer, para juzgar, los detalles de tal proceso, con avances notorios en varias regiones, es precisamente en lo referente a Antioquia que se presentan pocos avances en justicia, y escasos en aclarar lo sucedido.

Herméticamente han callado los jefes paramilitares sobre sus acciones en este departamento, siendo ellos la principal fuente de saber al respecto, configurando como un agujero negro para la verdad del terror paramilitar. Excepción hecha por Hebert Veloza, alias “HH”, quien expuso, hasta cuando la extradición lo impidió, su conocimiento parcial de lo ocurrido. Salvatore Mancuso, prodigo en revelaciones sobre otras regiones, enuncia verdades a medias sobre Antioquia. Alguien que desarrolló casi la totalidad de su historial criminal en esta región, Diego Fernando Murillo Bejarano, tampoco ha aportado su porción de verdad.

Más conocido como Don Berna, Adolfo Paz, o el ñato, es la cronología viviente de la delincuencia en Colombia. Fue guerrillero, narcotraficante, asaltante de bancos, sicario, secuestrador, genocida, parapolítico, entre otras modalidades delictivas. Incluso su remoquete devino en un neologismo en la política colombiana, la “donbernabilidad”. Consiste ésta en el maridaje de las bandas paramilitares al mando de alias Berna, con la Alcaldía de Medellín, para ejercer control social y presentar una ciudad pacificada, al menos en sus estadísticas de criminalidad. En su carrera dentro del hampa, en un recorrido de 30 años, puede considerarse su reciente extradición a Estados Unidos como el logro de una nueva meta: ser delincuente internacional.

Semejante historial lleva a suponer un sujeto con un acopio de información y secretos, que de revelarse, serían una autentica caja de Pandora. Quizá, junto a Mancuso, sea de los paramilitares que más conoce sobre el accionar de esos grupos, los mecanismos, sus cómplices, los financiadores, y, sobre todo, los autores intelectuales. Pese a ello, es uno de los paras desmovilizados que menos confesó durante su detención en Colombia, vinculado al proceso de justicia y paz. Paradójicamente, ha dicho más desde su estadía en el país del norte.

Ahora, el juez norteamericano que lleva su caso ha señalado un plazo de 45 días, que se cumplen el próximo 22 de abril, para que confiese ante las autoridades colombianas sus apoyos financieros, políticos y militares. Esto, si pretende recibir el beneficio de rebaja de una condena de 33, 7 años, a 27, lo cual resulta significativo, teniendo en cuenta que el tiene 46 años de edad, y que, dado el sistema judicial estadounidense, podrá conseguir subsiguientes rebajas por colaboración.

Pese a haberse confesado culpable de narcotráfico, pretende mostrar que los delitos cometidos en Colombia no tenían finalidad traficante, sino contrainsurgente. Para ello empezó por señalar que la otra operación estrella de la seguridad democrática, al lado de la operación jaque, y del bombardeo al campamento de Raúl Reyes, la famosa operación Orión, contó con la participación de paramilitares a su mando, a petición de los generales Mario Montoya Uribe, del Ejército, y Leonardo Gallego Castrillón, de la Policía. Operación que se realizó en la comuna 13 de Medellín, para expulsar de ella a milicianos de las FARC y el ELN. También entrega, por medio de su defensa, las revelaciones hechas por The Angeles Times, en 2005, de informes de inteligencia norteamericanos donde se afirma que el general Montoya se alió con paramilitares para realizar la operación en cuestión.

Ese maridaje fue denunciado en su momento por diversas organizaciones de derechos humanos, con su saldo de desaparecidos, 68, ejecuciones extrajudiciales, entre ellas menores de edad, detenciones arbitrarias, allanamientos ilegales. Por estas irregularidades, así como por  los excesos de fuerza en las operaciones, fue destituido de su cargo, y sancionado por la Procuraduría General de la Nación con una inhabilidad de 5 años para ejercer cargos públicos, el general Leonardo Gallego.

No fueron las únicas denuncias. Otro comandante paramilitar, de los que más homicidios cometió en esa ciudad, que terminó enemistado y, a la postre, ultimado por Berna y sus conmilitones, alias Rodrigo o “doble cero”, que comandó una estructura de ese tipo muy tenebrosa llamada Bloque Metro, informó a la prensa detalles de esa alianza. De cómo los generales Gallego y Montoya lanzaron dos ofensivas sobre la comuna 13, llamadas “antorcha” y “mariscal”, en las cuales, a parte de lesionar a la población civil, fracasaron ante los milicianos. Que ante este fracaso, el hombre de confianza de Murillo Bejarano, un ex policía llamado Fabio Orión, presentó a sus contactos en el Ejército y la Policía un plan para tomar el control de la comuna; que dicho plan se propuso llamar Nutibara, pero dado lo obvio de la relación con el grupo de Berna (denominado Bloque Cacique Nutibara), decidieron apelar al discreto nombre de su inspirador: Orión. La operación fue ordenada por el presidente Uribe.

Como resultado se obtuvo el retiro de los milicianos de los barrios de la 13, aunque muchos de ellos pasaron a hacer parte de los paramilitares el Bloque Cacique Nutibara, pues a estos dejaron el control sobre la población luego de la operación. Y el modelo se replicó en otros barrios de la ciudad, en forma exitosa, tanto que dio origen a la “donbernabilidad”, del alcalde Sergio Fajardo que presenta la ciudad, sobre la pacificación así obtenida, como Medellín, del miedo a la esperanza. Según datos de www.verdadabierta.com, a la ciudad ingresaron los paramilitares, en el 2002, con una fuerza de 4.000 hombres, lo que no es fácil de ocultar.

Tal fue el dominio de alias Don Berna sobre Medellín, que se reclama copartícipe del precario triunfo electoral del sucesor de Fajardo en la conducción de la ciudad, el hoy alcalde Alonso Salazar Jaramillo, y señala que con este realizó los pactos de la “donbernabilidad” cuando se desempeño como secretario de gobierno de su antecesor. Según reveló en una cara que mandó desde su reclusión en Norteamérica.

Aunque, tras la extradición de Don Berna, se vienen enfrentando entre sí, los paramilitares aún detectan el control sobre la población en los barrios. Incluso, en los últimos días, acaso como aporte para mostrar una ciudad pacificada, que pasa “del miedo a la esperanza”, en los preparativos de la cumbre del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, que se realizará en esta ciudad, han impuesto un toque de queda a la ciudadanía, so pena de  muerte a quienes estén en la calle luego de las 10 de la noche, y amenazan a borrachitos, prostitutas y jóvenes de Medellín y de sus municipios aledaños. Aunque ya han llegado a los hospitales personas baleadas que tienen el panfleto amenazante encima, la Alcaldía muestra orgullosa la reducción de los indicadores de violencia. Y, tomando de conjunto esta pacificación por el terror, el lema con que el Gobierno promueve la cumbre del BID en Medellín resulta una metáfora perfecta del país: “la transformación de Colombia, a través de la transformación de Medellín”.

Donbernabilidades a parte, las primeras revelaciones de Murillo Bejarano, tras el plazo establecido por el juez, no sólo señalan a los generales Montoya y Gallego, y contienen un elemento novedoso en este personaje. Empeñado como está en minimizar el peso del narcotráfico en su accionar, ha dicho que su empresa criminal fue financiada por el robo de gasolina, “Además, el bloque Cacique Nutibara fue financiado con las contribuciones de ricos hombres de negocios, empresas y hoteles”. Conminado a hacer las revelaciones, en procura de la rebaja en la condena, es posible que se conozcan algunos de los nombres de estos “ricos hombres”, los verdaderos beneficiados con los delitos de lesa humanidad del paramilitarismo. Tal conocimiento podrá empezar a disipar las nebulosas sobre los autores intelectuales de esa criminalidad, con lo cual se facilitará la exposición de los políticos implicados con estas bandas.

Al parecer, alias Berna ha guardado lealtad a sus instigadores, financieros y aliados, llegando, a lo sumo, de culpabilizar a muertos. Pero, si se hurga en su historial se encuentra que esa no es una virtud que posea este sujeto; que ha sobrevivido a varias guerras, justamente por meritos de traición. Así como fue guerrillero, traicionó a la guerrilla y mató centenas de sus antiguos compañeros; trabajó con Pablo Escobar y devino en jefe combatiendo al capo de capos; entró a Medellín como jefe paramilitar gracias a alias doble cero y le quitó mando, territorio y vida; traicionó a la banda de la terraza en donde inicialmente se apoyó para ser jefe, matando miserablemente a muchos de esos asesinos; Carlos Castaño lo acogió en su organización y, como era de esperarse, traicionó a Castaño. Ya tiró al charco a algunos políticos chiquitos, pero, fueron los que apoyaron la reinserción de algunos de sus hombres en Medellín, y mantienen con contratos públicos sus estructuras legales. Ahora se mete con dos pesos pesados, los generales Montoya y Gallego, ¿se detendrá ante los empresarios que disfrutan los réditos de sus exacciones mientras él paga cárcel hasta el fin de sus días? Sólo algo le preocupa, le intimida como a otros de los extraditados, la suerte de sus familiares en el país, y esa suerte es la que puede decidir si la verdad se abre paso o no.

Además, la Corte Suprema de Justicia ha ordenado reabrir el proceso contra el general, en retiro por destitución, Rito Alejo del Río, en el cual, de lograr que la Fiscalía General de la Nación cumpla con su deber, se podrá completar en mucho el rompecabezas de la conspiración mafiosa que, desde Antioquia, se tomó el Estado colombiano.

Decía una vieja película cubana: “la verdad la tiene el verdugo”.

Se permite la reproducción de nuestros artículos siempre y cuando se cite la fuente.