¿Qué moviliza a los indígenas?: Un asunto de Vida o Muerte

Tejido de Comunicación y Relaciones
Externas para la Verdad y la Vida

Muchos colombianos y colombianas aún se preguntan, ¿qué tiene la Minga? y ¿por qué los pueblos indígenas tienen esa valentía para movilizarse y convocar al país?  La respuesta creemos está en la consciencia, la unidad y la claridad política de los comuneros y comuneras.

En primer lugar es necesario señalar, que la movilización de los pueblos indígenas, en particular los del Cauca, coincide con procesos similares a lo largo y ancho de las Américas y, en especial, de América Latina. El alzamiento Zapatista de 1994, los levantamientos indígenas y populares del Ecuador, las movilizaciones y elecciones en Haití, las “guerras populares” en Bolivia frente a la privatización del agua, contra la agresión imperial que se basó en el pretexto de la coca y finalmente frente al modelo neoliberal con el derrocamiento de Sánchez de Losada, tanto la elección de Hugo Chávez, como la enorme movilización que lo restituyó al poder, el ejemplar MST de Brasil, las luchas de El Salvador y Paraguay y muchos otros procesos en todo el Continente, que siguen apareciendo y floreciendo. Hay una motivación común profunda entre todos estos procesos que no se ha tenido que tejer a través del contacto directo. Esa motivación explica, a nuestro juicio, el liderazgo de los pueblos indígenas en esta etapa de construcción de poder popular. Se trata de un reconocimiento, desde una visión cultural ancestral específica, de la inviabilidad del modelo económico del Capital transnacional, la crisis profunda de un sistema frente al que no queda más alternativa que la resistencia colectiva. Se trata de una contradicción entre paradigmas opuestos que obliga a la movilización y a la convocatoria para la construcción de otro mundo posible y necesario.

Una característica común, aunque no exclusiva de los pueblos indígenas, es nuestra relación con la Madre Tierra. Tenemos para Ser. La vida, es sagrada. Es el fin último y esencial de toda sociedad y de todos los procesos culturales. Nuestra Ley de Origen nos exige garantizar la armonía y el equilibrio con la Madre Tierra como resultado de nuestros esfuerzos para reproducirnos y pervivir. Esto implica que la generación de riquezas, es decir, la economía, tiene que supeditarse a la vida. Sin vida, destruyendo la Madre Tierra, no hay economía. La Naturaleza es la principal y mayor economía. Es la más grande fuerza productiva y reproductiva que existe y reconocerla como tal para basar todas las demás economías en su conocimiento, promoción y protección, es indispensable. La economía de subsistencia, cuyo propósito es garantizar la vida y la soberanía de pueblos y culturas de manera inseparable, es una segunda economía. Esta, recoge el acumulado de saberes de pueblos campesinos e indígenas, sin el cual, es imposible el pasado, el presente y el futuro. Denigrada por intereses del agronegocio, se presenta como una economía primitiva y atrasada para reemplazarla por monocultivos tóxicos para el monopolio y la explotación transnacional. Es evidente ahora, que, contrario a lo que se nos impone, sin economías campesinas e indígenas, no solamente de subsistencia sino de escala, no habrá futuro. Finalmente, la economía de mercado, no solamente del mercado para la acumulación de monopolios, sino del mercado regulado para el intercambio y el bienestar colectivo, es imposible consolidar la reproducción social y la vida. Por eso, para los pueblos indígenas, la vida es un fin y la economía es inseparable de la ecología y deben armonizarse para garantizar la pervivencia. Ello impone resistir un modelo que amenaza la vida misma.

De diversas maneras y en diversos lugares, entendemos que el proyecto del Capital que impera y se basa, por el contrario, en Ser para Tener. Su propósito y motivación es la acumulación insaciable, la codicia al servicio y bajo el control de un número cada vez más reducido de monopolios corporativos transnacionales. La vida toda, incluyendo todos los recursos de la Madre Tierra y el trabajo de los pueblos, se transforman en medios para explotar y acumular. Todo se transforma en mercancía para que unos pocos se enriquezcan. Esta manera de pensar y actuar, que ha concentrado el poder económico, políticos, de propaganda y de coerción más grande que se haya desarrollado en la historia en pocas manos, nos lleva, de manera inexorable a la destrucción de la nuestros pueblos y culturas y de la vida toda en el planeta. Hasta los códigos genéticos se han convertido en mercancías de propiedad privada. Todas las plantas y animales se patentan mientras se destruyen para beneficio del negocio. En la medida en que se hace escasa el agua, la sed de los pueblos y de la vida, se transforma, desde esta mirada equivocada de la codicia, en oportunidad para hacer ganancias con el recurso vital escaso. Es por esto que consideramos esa codicia convertida desde hace más de cinco siglos en sistema económico hoy globalizado, un Proyecto de Muerte. Nuestra lectura no es un ataque a nadie en particular, sino una observación angustiosa de lo que viene pasando. A nuestro juicio, además de una crisis económica de este modelo que fracasa porque la codicia desrregulada a través del “Libre Comercio” termina siendo autodestructiva para si misma, avanza una crisis Ecológica que elimina la vida y las dos conducen a una Crisis de Reproducción tanto de los Pueblos como de las especies y de la vida toda.

Nos empujan al abismo. Por eso resistimos. Frente a ese proyecto que lleva a la muerte, debemos resistir y entre todas y todos los pueblos y consciencias, tejer nuestros planes de vida. Acumular no puede ser sagrado. Lo único sagrado es la vida y para defenderla se hace necesario crear economías diversas a partir del ejemplo de la propia Madre Tierra, liberada, colectiva y tejida a pueblos y culturas en ciudades y campos.  En el fondo, luchamos porque es necesario que la Historia, se armonice con la Naturaleza en sociedades justas, recíprocas y diversas entre nosotras, en donde le bienestar colectivo y la consciencia común “manden obedeciendo” de modo que la codicia, una más de las muchas motivaciones de los seres humanos, se someta al control colectivo y a motivaciones superiores y vitales. No pretendemos tener las respuestas. La magnitud de lo que enfrentamos nos obliga a escuchar, a unirnos a otras y otros sin dejar de ser lo que somos como pueblos. El Proyecto de Muerte nos hace conscientes de nuestra vulnerabilidad y nos moviliza para convocar solidaridad recíproca. Nos movilizamos para sumarnos, no para mandar. Esto tenemos en común los que nos hemos movilizado desde el Norte del Cauca, hasta el MST en Brasil, Bolivia, Venezuela, Uruguay, Paraguay, Ecuador y todos los pueblos que nunca hemos dejado de saber que no se puede solamente vivir de la Madre Tierra, porque tenemos que vivir CON ella.

La confrontación de los paradigmas explica nuestra Minga. Por eso nuestra agenda, desde el 2004 es un rechazo al Modelo Económico y a los TLC, a la legislación de despojo que le sirve a la codicia, al terror como instrumento de conquista y acumulación (venga de donde venga). Por eso exigimos que se cumplan acuerdos y convenios que han resultado de la lucha de los pueblos por nuestras libertades y derechos y por eso reconocemos que no tenemos las respuestas ni las recetas. Que solos no podemos. Que nos necesitamos mutuamente para pervivir. Por eso, entendemos que esta es una lucha desde las consciencias y que se impone la necesidad de que nos movilicemos todos y todas. Eso es Caminar la Palabra. Informarnos, reflexionar colectivamente, decidir y actuar para la vida. Territorios liberados, relaciones sociales renovados por una ética de convivencia, organización política para mandar obedeciendo y recreación económica para generar riqueza sin destruir la vida. El camino largo hacia la generación de estos procesos en la medida en que resistimos, es lo que tenemos en común con los demás pueblos y procesos en movimiento en el continente y en el mundo. Por eso hay Minga. Por eso hemos sido nosotras y nosotros.

En el Cauca es evidente que todas las acciones colectivas que han liderado los pueblos, en especial el movimiento indígena, han sido a través de un largo proceso de concienciación, en el que partimos de resistir al agresor a través de diferentes formas, de recuperar la historia y el territorio, de crear las bases mínimas de gobernabilidad a través de nuestras autoridades y organizaciones, y de aprender a leer el contexto interno y externo que nos hace ser con otros.

Lo anterior se evidencia cuando se hace memoria de las etapas de lucha que ha liderado el movimiento indígena en el Cauca, en las que sabiamente las comunidades hemos aprendido a identificar al agresor, a entender la realidad que nos rodea y con base a esto hemos diseñado estrategias de resistencia que responden a cada amenaza, no sólo mirando el presente, sino siguiendo la huella que han dejado los mayores desde sus experiencias.

Entonces para entender el sentido práctico de hacer consciencia es necesario repasar un poco estas etapas que han marcado y seguirán marcando la palabra que se camina desde el Cauca. Porque cada etapa es el símbolo de una lucha que no ha terminado, de una estrategia que siempre está delante del proceso para evitar que se cometan los mismos errores, pero también para recordar esos triunfos que obedecieron a resistencias colectivas, que no se pueden perder y que hoy el proceso debe seguir fortaleciendo.

La etapa de la resistencia, liderada por la Cacica Gaitana en el Siglo XVI con la lucha armada (Conquista Española), por Juan Tama y Manuel de Quilos- Ciclos en el Siglo XVII a través de la negociación (Colonia Española) y por Manuel Quintín Lame en los Siglos XIX y XX con el despertar de la consciencia y las acciones de hecho (Periodo Republicano).

La etapa de recuperación reconocida por las tomas de tierras lideradas entre indígenas y campesinos con el lema “Tierra para la gente”  y el nacimiento del Consejo Regional Indígena del Cauca-CRIC el 24 de febrero de 1971, precisamente en la zona norte hace 38 años. Son las acciones que motivaron esas luchas durante más de una década, logrando así, una de las reformas agrarias más reconocidas en América Latina y la más grande en la historia de Colombia.

La etapa de la autonomía, motivada por el Padre Álvaro Ulcué Chocué desde Toribío Cauca en la década de los 80, con la creación de los proyectos comunitarios en la zona norte del Cauca, sigue siendo una de las experiencias prácticas, desde donde se teje a diario la consciencia de la mano de los cabildos, los tejidos de vida, y todos los espacios políticos organizativos y técnicos operativos que emergen dentro de la Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca en articulación con las demás zonas que hacen parte del CRIC.

La etapa de la alternativa, sembrada desde el Congreso Indígena y Popular realizado en el 2004 cuando cerca de 60 mil personas principalmente indígenas del Cauca caminamos hacia Cali, llamando a la unidad de los pueblos para rechazar la agresión sistemática a través del TLC con EEUU, la reforma constitucional y para reclamar el respeto a la vida. Desde ese momento, se han realizado varias movilizaciones y acciones como La Consulta Frente al TLC, la Liberación de la Madre Tierra, La Cumbre Itinerante de los Pueblos, La Visita por el País que Queremos y finalmente la Minga Social y Comunitaria que dejó planteada una propuesta de agenda para continuar enriqueciendo y caminando con los pueblos y procesos populares del país.

A partir del 2004 el Movimiento Indígena del Cauca se hizo más visible que antes, no sólo dando a conocer la agresión constante de la que somos víctimas desde el régimen del Estado y desde de la insurgencia armada. Sino también visibilizando el Plan de Vida de las comunidades, las apuestas políticas y la construcción de alternativas al modelo económico transnacional que despoja a los pueblos.

Desde ese momento, el movimiento indígena viene sumando fuerzas de manera más constante que en tiempos atrás. Porque aunque desde la plataforma política del CRIC está considerado el trabajo en alianza con otros pueblos, tan sólo hasta el 2004 se empezó a hacer un acercamiento más permanente a otros sectores sociales y populares, partiendo de la premisa emanada en el Mandato Indígena y Popular: “solos no podemos, nos necesitamos mutuamente para resistir”.

Es claro entonces, que el agresor es uno sólo, que tiene estrategias y se rige bajo un proyecto de muerte para acumular y despojar y por esto es necesario unir las resistencias, fortalecer los planes de vida y tener estrategias y propuestas, porque quién no tiene propuesta propia, termina negociando la del otro. En este sentido, era necesario empezar a sumar acciones, abrir espacios para encontrarse con campesinos, afros, sindicatos, estudiantes, mujeres, entre otros y dar las mínimas puntadas para iniciar a construir la jigra de unidad.

Es así como sumando todas las experiencias de las movilizaciones desde el 2004 específicamente y haciendo memoria de la historia, llegamos a la Minga Social y Comunitaria, en la que el Movimiento Indígena caminó la palabra de resistencia con los sectores sociales y populares que representamos al pueblo colombiano que exige un país de los pueblos sin dueños.

Entonces la Minga Social y Comunitaria es ese espacio que sigue vivo en todas y todos los colombianos comprometidos con cambios significativos para que los pueblos tengamos la vocería que nos corresponde y podamos vivir dignamente en nuestros territorios (urbanos o rurales). Esa fue la palabra de la Minga, que sigue caminando y ganando más espacio con el apoyo de quienes luchamos desde la colectividad.

La Minga ha tenido y tendrá más triunfos si se logra consolidar un trabajo con los pueblos, porque así como se logró la derogatoria del Estatuto Rural, es posible que toda la legislación de despojo, inconsulta con el pueblo colombiano, se derrumbe para que surja el país con pueblos y sin dueños. Esa es una de las tareas que quedan y debe unificar más a los sectores, para así seguir luchando por esos 5 puntos de agenda de los pueblos que viene marcando el camino.

En este proceso de movilización donde más visibilidad ha tenido el movimiento indígena, a pesar de que los demás movimientos sociales han participado y nos han enseñado mucho, se debe a que el pueblo indígena tiene una lucha milenaria, una contradicción de fondo con un modelo que se agota. Por esto salimos del Cauca a caminar esa palabra y a convocar a todas y todos los colombianos para que nos demos cuenta de lo que nos amenaza. La Minga es un mensaje en marcha para contribuir a quitarnos las vendas que nos han puesto la propaganda, el terror y las políticas de sometimiento.

Pero la Minga es mucho más. Al dar los primeros pasos en al año 2000. A partir del Congreso de Cota, convocado por la ONIC, hicimos consciencia de que nuestra agenda de levantamiento popular colectivo, de tener el impacto esperado iría a agudizar tres contradicciones. Una primera, de fondo, la esencial, frente al Modelo del Capital y al régimen que lo sirve desde Colombia. Una segunda frente a la insurgencia armada por diferencias éticas y estratégicas que nos han llevado a distanciarnos de la lucha armada y a convertirnos en víctimas de sus acciones. Una tercera interna, que habría de poner en evidencia nuestras propias contradicciones como proceso, de manera que las incoherencias con nuestra propia agenda y consciencia pasaran del discurso a la realidad. Nuestra lucha es por la vida, la justicia, la libertad, la alegría y la autonomía. Esperamos tener la sabiduría y la humildad suficientes para seguir adelante teniendo claro que nuestra prioridad esencial es resistir colectivamente y con otros pueblos y procesos, el modelo que amenaza la vida sin caer en sus trampas. Por eso sentimos que comunicar la verdad, debatir las contradicciones sin ocultarlas y ser coherentes, son fortalezas de nuestro proceso. Para seguir adelante, necesitamos, convocamos y ofrecemos el apoyo franco y respetuoso que se requiere para no sacrificar en el camino el Plan de Vida en el silencio, las incoherencias o la imposición autoritaria.

Entonces, los pueblos indígenas que hemos tenido la valentía que parece aún faltarles a muchos, respondemos no a una superioridad genética o esencial, sino al reconocimiento, basado en nuestras raíces culturales, de la amenaza que nos despoja de alternativas. No reconocer esta amenaza nos oprime y nos hace cómplices de la opresión. Lo poco que hemos conseguido en el territorio de nuestro imaginario de consciencia colectiva a través de los tiempos y lo mucho que hemos aprendido de otros pueblos y luchas indígenas y no indígenas en Colombia y el mundo, ya no nos lo  quita nadie. Quienes somos cosecha de este largo viaje del tejido de nuestra historia en comunidad, no tenemos alternativa por fuera de la lucha por otro mundo posible y necesario.  Por eso será que han asesinado a miles de nuestros líderes, por eso es que nos amenazan pretenden silenciarnos a los que no nos vendemos y resistimos para lograr beneficios colectivos. Nos movilizamos porque no tenemos otra alternativa y lo hacemos como un llamado humilde y vehemente a que no nos miren y nos aplaudan o critiquen desde lejos, porque este no es un asunto de indígenas sino de vida o muerte.

Santander de Quilichao
Abril 17 de abril de 2009

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