Los huevitos que hay que cuidar

 

Gabriel Bustamante Peña
Asesor jurídico político Corporación Viva la Ciudadanía

Después del abultado triunfo de Santos, que casi lo lleva a ganar la presidencia en primera vuelta, se agudizaron los ataques del ejecutivo, en cabeza del presidente Uribe, hacia la rama judicial del poder público, y a pesar de que Santos hoy suena conciliador y moderado con las Cortes, todo parece indicar que la actitud amenazante del gobierno es orquestada sutilmente para advertirle al aparato judicial que los crímenes de este gobierno deberán ser sepultados so pena de soportar a un futuro presidente que, junto a una desproporcionada coalición parlamentaria, abogará por reformar a su antojo la justicia, no permitirá tocar a los militares que perpetraron crímenes de lesa humanidad y cumplirá el compromiso del presidente Uribe de salvar a los para-políticos que hoy se encuentran en la Picota o a un paso de ella.

Para empezar, Santos ya propuso, sin sonrojarse siquiera, que la elección del Fiscal General de la Nación sea un nombramiento más del Presidente, para que se encargue de procesos como el que se ve venir contra el hermano del primer mandatario, Santiago Uribe, por paramilitarismo; y sus asesores ya tienen listo un proyecto de reforma a la justicia que, bajo la excusa del derecho a segunda instancia, dejará sin piso los procesos que por parapolítica se adelantan en la Corte Suprema de Justicia, entre ellos el de Mario Uribe, primo del saliente presidente. Además, obvia en su discurso el favorito candidato Santos que el gobierno del que él hizo parte y al que le debe su probable triunfo el próximo 20 de junio, tiene a varios funcionarios enredados con crímenes como el cohecho que permitió la reelección de su jefe, más conocido como la Yidis-política, o el bochornoso episodio de las chuzadas, persecuciones y amenazas del DAS a la oposición, a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia, a las ONG, a periodistas y hasta organismos internacionales.

Por otro lado, no es desconocida la animadversión de Santos hacia la tutela como mecanismo de protección de derechos fundamentales que impliquen cargas económicas hacia el Estado; y más aún, contra sentencias judiciales como la T-025 de 2004, que consagra obligaciones presupuestales y de política pública específicas del gobierno frente a las víctimas del desplazamiento forzado, por lo cual, en un eventual gobierno suyo pretenderá desmontar lo hasta ahora conseguido por la vía de socavar la jurisdicción de la Corte Constitucional.

Por eso las iracundas y temerarias acusaciones del presidente Uribe contra las Cortes, a días de salir de la Casa de Nariño, tienen un nexo causal con su parábola de los huevitos que hay que cuidar; ya que, en una eventual derrota de Santos, quién va a evitar que cuelguen de los huevos a su primo, a su hermano, a los militares implicados en falsos positivos, a sus ministros involucrados en casos de corrupción, a su gabinete más cercano que ordenó las chuzadas del DAS y, ya sin Comisión de Absoluciones, hasta a él mismo.

 
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