Asilo: silencio e impunidad

 

José Hilario López Rincón
Abogado Corporación por la Dignidad Humana

Un Estado donde queden impunes la insolencia y la libertad de hacerlo todo, termina por hundirse en el abismo.
Sófocles

En términos simples y teóricos, el asilo territorial era la protección que brindaba un Estado en su territorio, a un extranjero que fuera perseguido por otro Estado por motivos políticos. En términos reales y prácticos, el asilo territorial es la nueva treta que pretenden utilizar algunos delincuentes, para burlar la justicia de un Estado y evadir la responsabilidad de sus crímenes con la complicidad del Estado que los acoge.

Fiel a su “ética dicharachera”, el Patrón que hace unos meses ordenaba a sus lacayos del Congreso: “Voten, voten antes de que los metan a la cárcel” ahora imparte, comparte y apoya la consigna del momento: “Asílense, asílense antes de que los metan a la cárcel”.

Y en esas están los antiguos miembros de la banda que gobernó a Colombia entre 2002-2010. La utilización indebida y amañada de la figura del asilo hace parte del plan de fuga de los uribistas con el fin de evadir la justicia colombiana e impedir que el país conozca la verdad de sus crímenes.

En abril de 2008 ya lo había intentado el doble primo Mario Uribe Escobar en la Embajada de Costa Rica, pero la solicitud de asilo le fue negada.

Ahora nos enteramos que en octubre, hace apenas un mes, el sindicado de “Cohecho político”, Sabas Pretelt de la Vega también había solicitado asilo al Gobierno de Costa Rica, país que nuevamente rechazó tal pretensión. Claro está que don Sabas ha salido a revirar que él no pidió asilo sino “protección subsidiaria” “porque la cosa está muy de para arriba” y el Patrón está muy preocupado por la situación.

La que sí logró el objetivo en Panamá, fue María del Pilar Hurtado Afanador, ex directora del DAS durante el pasado Gobierno, investigada entre otros delitos, por interceptaciones telefónicas contra Magistrados de la Corte Suprema de Justicia, periodistas y opositores. En Panamá se dice que el asilo otorgado a Hurtado fue un favor para Uribe.

Es indiscutible que María del Pilar Hurtado era quien pedía y recibía los informes ilegales obtenidos por sus subalternos y que ella era quien a su vez los entregaba a sus cómplices de la Casa de Nariño. Así lo han confesado ex directivos del DAS como Marta Inés Leal Llanos, quien fue subdirectora de operaciones de inteligencia y funcionaria de confianza de la prófuga asilada; Fernando Tabares, ex director de inteligencia y Jorge Alberto Lagos, ex director de contrainteligencia.

El otorgamiento del asilo territorial por parte de Panamá a doña María del Pilar, significa para la justicia colombiana un nuevo golpe y muchos interrogantes. ¿Por qué la Fiscalía no ha actuado de manera más diligente si las acusaciones en contra de la ex directora del DAS son tan contundentes? ¿Por qué apenas ahora se tomará la decisión de imputar cargos en su contra? ¿De quién o de quiénes es perseguida política la asilada? ¿Quiénes ponen en riesgo su seguridad personal? ¿Acaso quienes fueron víctimas de sus fechorías o más bien quienes concertaron la ejecución del plan encaminado a perseguir y desprestigiar a la Corte Suprema de Justicia, a los periodistas y opositores del Gobierno uribista? ¿Quiénes estarían más interesados y preocupados que doña María del Pilar hable o calle para siempre?

A través del asilo territorial a favor de la ex directora del DAS, el Gobierno de Panamá en comunicado expedido el pasado 19 de noviembre de 2010  le afirma al mundo que el Gobierno de Colombia es incapaz de garantizarle justicia, que es una indefensa víctima de persecución política y que existen “circunstancias de razonable temor por su seguridad personal, que la han llevado a abandonar su país".

Debe tenerse en cuenta, según el mismo comunicado, que Panamá obró “Con el ánimo de contribuir a la estabilidad política y social de la región”. Y seguramente tiene razón. De no haberse asilado, doña María del Pilar se vería en la disyuntiva de contar toda la verdad y desenmascarar a quienes desde la Casa de Nariño urdieron el plan, la convirtieron en un peón más del afán desmedido por el poder e indudablemente generaría “inestabilidad política y social de la región”.

Le salimos a deber a Panamá. Entonces, muchas gracias Panamá, por contribuir tan desinteresadamente a la “estabilidad política y social” de Colombia.

En este episodio, la verdad también sale herida. Uribe Vélez está empeñado en ocultarla, a como dé lugar. Cuando los ex jefes paramilitares empezaron a contar la verdad, los extraditó a los Estados Unidos con el argumento que seguían delinquiendo, pero sin que nunca hubiese habido una acusación formal y real en contra de los mismos. Y ahora, cuando la mano de la justicia cierra cada vez más el círculo sobre sus antiguos súbditos y amenaza con tocarlo, los insta a que se asilen. Pareciera, que emulando al ex paramilitar “Botalón”, quien afirmó que “En Puerto Boyacá, la verdad está enterrada”, lo que quiere sentenciar es que en Colombia “la verdad está extraditada” y ahora, “la verdad está asilada”.

Sin el conocimiento de la verdad no puede hablarse de justicia ni de ética. Sin el conocimiento de la verdad será inexistente la memoria histórica y colectiva que permita a la sociedad colombiana superar los años de horror y de barbarie e impedir que esos hechos vuelvan a ocurrir.

El asilo de María del Pilar Hurtado Afanador deja unas víctimas reales, inermes ciudadanos colombianos y extranjeros, periodistas y opositores políticos, magistrados de la Corte Suprema de Justicia que fueron objeto de persecución contra sí mismos y contra sus familias incluyendo hasta menores de edad, ante la imposibilidad de conocer quién o quiénes ordenaron que se escudriñaran sus vidas, al menos por ahora.

En comunicado del 23 de noviembre de 2010, Uribe Vélez funge de ideólogo e instigador del asilo para evadir la justicia y fomentar la impunidad a la vez que continúa sus ataques contra la justicia colombiana al aseverar que está puesta al servicio de la política o ha caído “en la trampa de la venganza de los criminales”. Tanto que alardea de “batallar de frente, sin cálculos y sin trampas”, pero no dice quiénes son los criminales en plan de venganza.

Le caben aquí las palabras del historiador británico Tomás Carlyle: “No hay nada más espantoso que la elocuencia de un hombre que no dice la verdad”.
 
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