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  Los Soprano y la DNE
  José Hilario López Rincón
  Abogado Corporación por la Dignidad Humana
 

“Lo que es mío no puedes regalármelo”

La serie de televisión estadounidense Los Soprano, estuvo al aire ininterrumpidamente durante ocho años (1999-2007). Pura casualidad, Colombia estuvo en el aire ininterrumpidamente durante ocho años (2002-2010). David Chase, creador y productor de Los Soprano, recrea las dificultades que se presentan entre las dos “familias” del mafioso de Nueva Jersey, Tony Soprano: su familia “típica” de sangre, de vida hogareña y su familia “típica” mafiosa, de su organización criminal. La primera, compuesta por padre, madre, hijo, hija y la segunda, conformada por el Don (jefe de una familia y el que más tiene poder); el Consigliere (asesor de la familia, siempre acompaña al Don); el Sottocapo (el hijo del Don u otro familiar que reemplaza a aquél en caso de que muera o lo encarcelen); los Caporegimes, Capitanes o Capos (tienen bajo su mando un grupo máximo de 10 personas y cumple órdenes del Don); los Soldados (el rango más bajo en la escala mafiosa, se encargan de ejecutar las órdenes de los Capos, extorsionar, asesinar, y combatir a la policía cuando ésta no se corrompe); y finalmente los Asociados o Giovane d' Honore (aquellos que sin formar parte de la estructura de la Mafia, mantienen una estrecha relación con ella y le prestan su ayuda y colaboración, generalmente proxenetas, narcotraficantes, etc.).

La serie, galardonada con 21 premios Emmy y 5 Globos de Oro entre tantos reconocimientos, nos recuerda la estructura de las “familias” de la Mafia dedicadas a los negocios ilícitos, drogas, prostitución, juegos, corrupción y violencia en las cuales se cultivan lazos de lealtad, parentesco, reciprocidad, a la vez que se reparten el dominio y el poder sobre cada barrio, ciudad o Estado.

Se dice que los orígenes de la Mafia se encuentran en la Edad Media, en los campesinos sicilianos que no estaban dispuestos a trabajar para los señores feudales y huyeron a las montañas para protegerse de los invasores. Bajo el concepto de “crimen organizado”, que más se aplica en la actualidad, el nacimiento de la Mafia se remonta a la Sicilia del siglo XIX, de donde saltó a los Estados Unidos. Salvatore Lucania, el célebre Lucky Luciano (1897-1962) organizó la Mafia como una “máquina de hacer dinero”. En 1936 fue encarcelado por proxenetismo, pero dejado en libertad y deportado a Roma por los estadounidenses, a cambio de ayudar a las tropas aliadas en la invasión a Sicilia durante la Segunda Guerra Mundial; Luciano utilizó sus conexiones con los diferentes mafiosos de la isla para facilitar el desembarco. Ahí tenemos modernas lecciones de contubernio entre Mafia, política y Estado. Los mafiosos italianos también serían utilizados en la lucha anticomunista dado que la Mafia no permitía ni permite otra forma de organización social diferente a la suya.

Pura casualidad, a finales del siglo XIX, el enfrentamiento de liberales y conservadores marcó el inicio de la Guerra de los Mil días en Colombia y los albores de una concepción clientelista, corrupta y mafiosa del Estado, que alcanzó su cúspide durante el período 2002-2010.

Cual Salvatore Lucania, el Capi di tutti capi de turno les repartió el dominio y el poder, pero no sobre barrios o ciudades (ese ya estaba en manos de Salvatore Mancuso), sino sobre cada Ministerio, cada Departamento Administrativo, cada Instituto descentralizado. Liberales y conservadores, que desde los inicios “se parten la nación a dentelladas”, como dice Martí en el poema Banquete de Tiranos, conformaron su propia estructura de Don, Consigliere, Sottocapo, Caporegimes, Capitanes o Capos, Soldados y Asociados o Giovane d' Honore.

Dentro de esa “típica” estructura, entre 2002-2010, la “Familia” conservadora ejerció el dominio de la Dirección Nacional de Estupefacientes (DNE), entidad que depende del Ministerio del Interior y de Justicia y de ser la Agencia Antidrogas se convirtió en administradora de bienes incautados al narcotráfico, una especie de agencia inmobiliaria y uno de los focos de corrupción más grande en la historia del país. Con la DNE la “Familia” conservadora recibió una mínima parte de la contraprestación que el Capi di tutti capi, en reciprocidad, les otorgaba por su apoyo para llegar al poder y votar favorablemente la primera y segunda reelección para mantenerse en el poder, en contra de las mayorías de la población y de la Constitución Nacional.

Al frente de la DNE estuvieron

Don Luis Alfonso Plazas Vega (agosto 2002-noviembre 2004). Se dice que durante su “cuarto de hora” desapareció casi todo el ganado incautado, más de 19.000 semovientes; desapareció cerca de 6.000 automotores decomisados; arrendó fincas de 1.500 hectáreas en 2 millones de pesos y un local en Unicentro en $1.700.000 cuando por otros de menor área se pagan 8 millones de pesos; entregó en administración a la Federación Nacional de Cafeteros varios bienes y, pura casualidad, las tiendas Juan Valdez, que pertenecen a la Federación, emplearon a un hijo del coronel; entregó la mayoría de hoteles incautados al Grupo de Hoteles Limitada y, pura casualidad, allí estaba vinculada laboralmente la esposa del hijo del coronel. Tras la escandalosa salida del coronel, condenado a 30 años por desaparición forzada agravada de 11 personas en la acción de retoma del Palacio de Justicia (1985), estuvo encargado el entonces Viceministro de Justicia, Mario Iguarán, quien luego sería recompensado con la Fiscalía General de la Nación a instancias de la Familia uribista.

Don Juan Carlos Vives Menotti (agosto 2005-julio 2006) Fue viceministro del interior. Se le requiere por un desembolso de 25.980 millones de pesos a los honorables jóvenes Nule para financiar parte de la concesión de la vía Bogotá-Girardot; por no controlar la depuración del sistema informático.
Don Carlos Albornoz (9 septiembre 2006-mayo 2009). Se le investiga por entregar “a dedo” el Diario Deportivo. Se retiró para apoyar segunda reelección de Uribe Vélez.

Don Omar Adolfo Figueroa Reyes (septiembre 2009- 16 septiembre 2010) fue subdirector de bienes de la misma DNE, precisamente donde más irregularidades se han encontrado. Denunció 126 casos de corrupción por concusión, estafa, falsedad en documento público, lavado de activos, peculado e invasión de tierra; asegura haber denunciado a su propio padre, Adolfo Figueroa Abella, ex alcalde de Sogamoso, conocido en la región como el doctor Ají, porque estaba negociando predios incautados por la DNE y según grabaciones una mujer llamada Lilia Garavito le habría entregado 210 millones para adquirir la administración de una finca arrocera en Puerto López.

Con base en información de Colprensa, El Espectador, El Tiempo, La W, Semana, otras de las “irregularidades” encontradas en la DNE son las siguientes:

Jaime Andrés Galán Piñeros, condenado en 2003 por lavado de activos, figura como administrador de 348 bienes, inclusive la Hacienda Nápoles de Pablo Emilio Escobar Gaviria, el honorable ex representante a la Cámara a nombre de Alternativa Liberal en 1982. Además, fueron adulteradas las cifras del valor real de los bienes que se iban a subastar; valiosas obras originales de arte fueron robadas y reemplazadas por copias; con resoluciones adulteradas o documentos falsos, muchos narcotraficantes o sus testaferros disfrutaban de sus bienes “incautados”; falsificación de resoluciones para asignar bienes y cobro de hasta 1.200 millones de pesos por su asignación según una “tabla de sobornos”; para que se les perdiera el rastro, de la base de datos de los bienes decomisados fueron borrados algunos y alterados datos de otros, entre ellos propiedades del cartel del Norte de Valle que suman más de 33.000 hectáreas; se utilizaba información reservada para que a los testaferros de los narcos les asignaran la administración de los bienes.

Por el Banquete de la DNE, un fiscal de la Unidad Antinarcóticos compulsó copias a la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia para que investigue a un grupo de congresistas y ex congresistas. Los Honorables parlamentarios: Hernán Francisco Andrade Serrano, Álvaro Antonio Ashton Giraldo, Óscar Fernando Bravo Realpe, Enrique Rafael Caballero Aduén, Javier Cáceres Leal, Cristóbal Rufino Córdoba Mosquera, Eduardo Enríquez Maya, Luis Humberto Gómez Gallo, Héctor José Ospina Avilés, Miguel Pinedo Vidal y Omar Yépez Alzate; y a las Honorables parlamentarias Miriam Alicia Paredes Aguirre y Lucero Cortés Méndez. Pura casualidad, ellos y ellas, de la “Familia” uribista; algunos investigados, otros ya condenados, por parapolítica.

La situación se ajusta a la organización que le dio Lucky Luciano a su empresa como “máquina de hacer dinero” y al esquema del Estado logrado por las “Familias” Conservadora y Liberal durante algo más de cien años en el poder.

Con la llegada de Santos Calderón a la Presidencia, en la recomposición y redistribución de territorios, al frente de la DNE designó al capitán del cuerpo de Profesionales Oficiales de la reserva del Ejército Colombiano, Juan Carlos Restrepo Piedrahita, creador de la Fundación Querido Soldado y la Asociación Tejido Humano. Si Uribe puso su coronel, Santos pone su capitán.

La magnitud y gravedad del asalto a los bienes de la DNE se conocerá sólo cuando terminen las investigaciones; entre tanto, el venerable Procurador sólo tiene ojos para la calle 26 de Bogotá y los honorables jóvenes Nule continúan bronceándose en Miami. Paradójicamente, mientras Uribe Vélez y el procurador Ordóñez distraían al país con el embeleco de la dosis mínima, narcotraficantes y funcionarios hacían ferias y fiestas con los bienes incautados al narcotráfico.

La situación es repugnante. ¿Hasta cuándo la sociedad colombiana continuará en su actitud pasiva, sumisa, complaciente?

“La próxima vez no habrá una próxima vez”

Edición N° 00248 – Semana del 25 al 31 de Marzo de 2011
 
 
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