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  Ahora sí, el Partido Verde
  Álvaro González-Uribe
  Abogado, escritor y columnista – Santa Marta macondoelmundo@yahoo.es
   
 

Entre tantos hechos nuevos que nos dejaron las pasadas elecciones, algunos sorprendentes y magníficos, quiero comentar uno de éstos: el futuro, o mejor el presente, del Partido Verde.

Cuando muchos éramos pesimistas sobre su destino luego de las elecciones presidenciales, en especial por el torpe manejo que después se le dio desde Bogotá con el agravante de un centralismo asfixiante que además replicaba en todo el país sus errores, surge de nuevo desde Antioquia, donde nunca perdió su rumbo y cuyo camino continuó casi calladamente para el resto de los colombianos.

En Antioquia jamás hubo quietud ni silencio y Sergio Fajardo, uno de sus líderes nacionales, se lo echó al hombro con un entusiasta equipo de paisas por entre los difíciles y agrestes caminos de su región, sacando avante, no solamente el cargo de Gobernador de su departamento, sino a su partido para Colombia.

Este resurgir nacional -digo “nacional” porque en Antioquia siempre estuvo vivo y en lo alto- es diferente a lo de antes, pues no solamente llega legitimado por la votación más alta del país en uno de los departamentos más importantes, sino porque esta vez sí tiene la verdadera esencia de lo que debe ser un Partido Verde en cuanto a su contenido ideológico y la manera de hacer política, como corresponde a un movimiento moderno canalizador de un sentimiento que desde hace mucho anda errando por Colombia.

No pudo la desperdigada “ola verde” de hace un año largo, pero de todas maneras fue muy útil porque mostró la existencia de esa fuerza y de esas ansias. Hoy es un río bien ubicado en la geografía política, constante, definido dentro de un cauce con una ruta pensada, ya caudaloso y que crece y crecerá cada vez más recorriendo todo el territorio nacional.

Un río que tomará más caudal irrigado por cientos de afluentes que renovados lo esperan en toda la nación. Así nacen los partidos y en Colombia asistimos al nacimiento de uno que en medio de un gran vacío estaba haciendo falta, moderno, adecuado a la realidad del planeta, del país y ojalá de cada región para que mantenga esas tres dimensiones territoriales que son claves hoy en este tipo de proyectos.

Por esto último es tan importante que haya tomado fuerza desde una región, pues ello le dará la comprensión de que es desde afuera hacia el centro como se construye un país y no al contrario. Esa es una gran novedad que debe despertar la “complicidad” de las demás regiones de un país de regiones como Colombia.

¿Qué sigue para lograrlo? La labor seguirá siendo ardua, pero las energías para realizarla y mantenerla ya están en la pasión, la esperanza y el entusiasmo que miles de colombianos albergan para transformar un país estancado hace mucho. Sergio Fajardo no podrá sólo y además él tiene durante los próximos cuatro años la misión de hacer bien una tarea: poner a Antioquia en Colombia y en el mundo desarrollando un programa de Gobierno que le encomendaron casi un millón de personas.

Se requiere entonces, primero, que en Bogotá suelten definitivamente algo que nunca tuvieron bien asido, sin que se les vaya a excluir porque no se trata de una pugna regional; segundo, que quienes en el resto de Colombia dirigen el Partido o fueron elegidos con su aval en coaliciones -algunas peregrinas- definan a qué le quieren jugar y tercero, que paralelamente al Gobierno de Fajardo, pero con las luces y ejemplo de su ejercicio de poder en Antioquia se conforme un equipo con visión e integración nacional. Los proyectos políticos nunca terminan porque deben ser una respuesta permanente a los sueños, deseos y necesidades cambiantes de los pueblos.

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Edición N° 00279 – Semana del 4 al 10 de Noviembre de 2011
 
 
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