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  Asamblea General del PDA, nuevo curso ante la derrota
  Miguel Ángel Herrera Zgaib
  Profesor Asociado, UNAL Bogotá – Director Grupo Presidencialismo y Participación
   
 

Autonomía y elecciones

La realidad presente nos exige creatividad, verdad y audacia práctica a quienes participamos o nos identificamos con la iniciativa @utonomista para recuperar las expectativas democráticas despertadas por el PDA como un proyecto común en cabeza de los grupos y clases subalternas y a quienes por razón del propio quehacer y opción de vida, la urgencia de potenciar las demandas de igualdad social, excelencia y reforma intelectual y moral como desafíos cardinales de la educación pública de Colombia en todos sus niveles.

Para las dos situaciones enunciadas, la autonomía personal y colectiva es el catalizador político y ético que contrasta y rompe el asentimiento rutinario, el cáncer burocrático de la repartija corporativa, así como el llamado cálculo del mal menor, con los que somos presa de la aritmética capitalista y el conformismo derivado del culto a los lugares comunes.

No se trata de aplastar cualquier respiro democrático en nuestro país o en el mundo bajo ninguna imposición dogmática de discursos y principios que se exhiben como fórmulas mágicas e inoperantes. Se trata en cambio,  de atender a la ola indignada que barre el globo, y que en Colombia se expresa en la rebeldía propositiva de los estudiantes y la comunidad universitaria que respalda el programa mínimo sin excluir el disenso y la crítica necesaria.

Es un síntoma saludable de respuesta auténtica que exige democracia a todos los niveles de la decisión colectiva porque pone a raya las jerarquías y enjuicia el capitalismo global y el dominio financiero del mundo del trabajo en profundidad que busca recuperar, y reinventar lo común nutrido por la libertad y la participación sin concesiones contra la dominación capitalista y la hegemonía del mercado como forma manifiesta del bio-poder sobre nuestros cuerpos y mentes.

Antecedentes  del 30 de octubre

La experiencia de debatir y deliberar con el núcleo de @utonomistas, que pensamos y obramos por fuera y dentro del PDA, resultó a todas luces insuficiente para precaver la debacle que se registra en la derrota sin atenuantes del 30 de octubre. Como miembro del PDA ensayamos diversas estrategias de pedagogía política. Ellas nos condujeron desde el primer manifiesto, difundido al calor de su fundación, a advertir sin concesiones el "déficit" inicial de democracia en lo interno de la organización, y, en simultánea, la poca  claridad en la praxis concreta del llamado ideario de unidad de cara a los problemas fundamentales, en su devenir.

A siete años de la historia política y social  del PDA como  organización de los grupos y clases subalternas, estos problemas no sólo se ahondaron sino se hicieron insoportables en lo interno para parte considerable de la militancia, pero lo más grave, insoportable para un ciudadano cualquiera, regularmente informado, y para quienes  sin aceptar adscripciones o encuadres partidistas desarrollan una actividad política decente.

Un proceder equivocado en lo orgánico y ayuno en materia de participación decisoria, caracterizó la primera Alcaldía de Lucho Garzón, quien desarrolló a cambio un programa asistencialista a la pobreza y miseria bogotana, pero proscribió y detuvo cualquier intento de auto-organización colectiva. La política pública desde arriba con menosprecio del partido y sin potenciar la condición constituyente de los de abajo.

Hubo logros sociales indudables, más allá del culto al cemento modernista, pero ningún fortalecimiento de los de abajo. Ningún proyecto de auto-gobierno y auto-organización que hiciera posible la hegemonía democrática del PDA que redundara en la autonomía progresiva de los subalternos.

El resultado “natural” de este Gobierno de la pobreza y la miseria fue el triunfo pírrico de Samuel Moreno, hipotecado de entrada, pese a sus 900.000 y más  votos, según sus propias palabras inaugurales a las coaliciones electorales. El Polo sólo le procuraba la tercera parte del caudal electoral, 300 mil votos, para triunfar sobre Enrique Peñalosa, candidato de la oligarquía modernizante. El precio a pagar fue el carrusel de la contratación y la corrupción política de casi todas las fuerzas partidistas con el PDA incluido.

Así se perdió lo acumulado en la disputa por la presidencia con el desprendimiento de un primer contingente que lideró el ex alcalde Lucho Garzón, para refundar el Partido Verde, que reemplazó al Polo en las preferencias ciudadanas, al tiempo que se tradujo en la división inconciliable en el vértice, entre los partidarios de Carlos Gaviria y Gustavo Petro. La conducción de Robledo y el aparato del MOIR junto con el social-liberalismo de Jaime Dussán y el apoyo de Caicedo y el PC, no fueron capaces  de repetir  lo hecho cuando Gaviria fue el triunfador  frente a  Navarro.

Peor aún, la división se ahondó a Petro por reclamar la presidencia del PDA para enfrentar la corrupción político-administrativa y reorganizar el PDA con una abierta política de centro izquierda de retórica democrático social. Él y su grupo fue bloqueado por la mayoría del comité ejecutivo, casado casi sin excepción con la repartija burocrática y las canonjías distribuidas mezquinamente por la familia Moreno, bajo el formato anapista tradicional. Todo ocurrió bajo la presidencia de Jaime Dussán y el ilusorio respiro de la presidencia de Clara López quien contó el apoyo de un barón electoral el concejal Luis Carlos Romero, ex comunista de reconocida trayectoria en estas lides.

Un punto de quiebre

Vino así la segunda y definitiva escisión acompañada por la denuncia pública de la corrupción dentro del PDA que hicieron Gustavo Petro, Carlos Vicente de Roux, Luis Carlos Avellaneda y Marcelo Torres. Los tres primeros se fueron del Polo y el senador Avellaneda de la UD permanece activo en la exigua bancada de la oposición enfrentados a la aplanadora de la Unidad Nacional. En la cárcel está el alcalde Samuel Moreno, sancionado también con 12 meses por la Procuraduría General espera del veredicto por causas penales en su contra, varios funcionarios de diversa procedencia partidista procesados: 17 de 27 concejales citados ahora por la Fiscalía para versión libre en las ejecutorias en el carrusel de la contratación.

El quiebre histórico para la izquierda legal  lo marca la censura práctica y triunfante de Gustavo Petro, Carlos Vicente de Roux, triunfantes en la Alcaldía de Bogotá con 8 concejales electos y más de 700 mil votos. Comparten la cabeza del Movimiento Progresista con asiento principal en Bogotá y en lo regional con el triunfo de Marcelo Torres, líder estudiantil del 71, ahora alcalde de Magangué. Tuvo que recurrir al aval del  Partido Verde, al negárselo el Polo. Le ganó a la parapolítica que se expresa aún a través de la gran electora de la Costa Enilse López, pareja  de la corrupción política con el ex senador Juan Carlos Martínez en el Valle. Este bloque sobrevive en 8 gobernaciones, bajo tres denominaciones y múltiples municipalidades, con los nombres Afrovides, Mío, y PIN, el más representativo.

Del  bloque en rebeldía, el senador Avellaneda se ha mantenido en las lindes del PDA, como líder de la tendencia UD,  y es el puente natural con el Movimiento Progresista y Clara López un posible aval en la construcción de un bloque de oposición; junto a la tendencia de izquierda crítica que ha liderado Alberto Téllez con el nombre de Polo al Sur. El triunfo en la Alcaldía  hace de Petro su vocero, y citó a dialogar a la cabeza del bloque dominante, la Unidad Nacional. Bogotá es el fortín de la centro-izquierda, pero es algo más que eso en un país centralista. Es el corazón político, financiero y cultural de la maltrecha república.

Con independencia del resultado electoral general y local en Bogotá, las elecciones revelan la base de tres proyectos políticos, dos burgueses con los candidatos Peñalosa, expresión del acuerdo entre uribismo, derecha y centro y Parody como centro liberal independiente; uno de centro izquierda que expresa  Gustavo Petro y los progresistas. Es cierto que los partidos son la nomenclatura de las clases y grupos. Hay una divisoria entre el bloque dominante que le impide ser hegemónico y una alternativa democrática precaria, que es una cuña para su consolidación. Es un componente posible de un bloque contra-hegemónico en formación al que le falta una alianza rural clara y que tiene una interlocución equivocada desde las fuerzas mayoritarias en el derrotado frente que es el PDA, y que figura como simple partido electoral hasta la fecha por gracia de las reformas políticas perpetradas en los últimos años.

De otra parte, la Gobernación de Nariño con Antonio Navarro no dio la talla para encarar la alternativa de la paz rural. Incapaz de articular un bloque alternativo que juntara la problemática rural y urbana. Ahora es necesario precisar con él, el curso del proceso político actual en el diálogo entre progresistas y el PDA en particular como principales animadores de una coalición de centro izquierda capaz de aclimatar la paz democrática sin exclusión de los actores armados en el curso de los siguientes años, apta para catalizar el proceso en procura de la igualdad social que tiene expresión en los reclamos autonómicos de la Minga Social, animada por los pueblos originarios y sus aliados y el movimiento estudiantil contra la reforma de la educación superior que cuestionan en la base el proyecto capitalista modernizador y excluyente de la llamada prosperidad “democrática”.

Una salida urgente y necesaria

Para dirimir el nuevo curso y sacar lecciones de la derrota del PDA y su dirección política errática y claudicante frente a la corrupción política; administrativa,  agenciamos, proponemos la realización de una Asamblea General Extraordinaria de la militancia del PDA, a preparar en el inmediato curso de esta semana.

Sugerimos como punto de reunión a la ciudad de Bogotá. Que dicha convocatoria la haga el Comité Ejecutivo del PDA, sin más dilaciones. De negarse a hacerlo, proponemos que la convocatoria la asuma el Comité de Ética, en razón de sus ejecutorias que ha tenido frente a la crisis de dirección del ejecutivo nacional y la debacle moral y política en curso en la administración de Bogotá. Proponemos que ello ocurre este viernes entrante y que el temario sea asumir la crisis presente, ajuste de cuentas con  el Comité Ejecutivo Nacional y redefinición del rumbo organizativo y político actual como puntos principales.

Edición N° 00279 – Semana del 4 al 10 de Noviembre de 2011
 
 
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