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  Contra el neocolonialismo: las transiciones hacia el post-extractivismo
  Isaac Cárdenas
  Administrador público
   
 

La economía de mercado planetaria exige grandes cantidades de materias primas para su existencia y propende por la interconexión de diferentes espacios para la comercialización de los productos manufacturados. Cuando los medios de comunicación masiva mencionan “la economía de mercado”, pretenden que exista una única economía y que esta sólo es posible gracias a la articulación universal de un mercado global. Dicha idea –la de globalidad- tiene sus raíces en la estructura colonial que perduró desde inicios del siglo XVI, guardadas proporciones debido al carácter extractivista y monopolístico del comercio colonial, no obstante, desde siempre ha sido claro que no es más que una pretensión.

Esta cuestión amerita dos aclaraciones. Primero, definir si en estricto sentido todo lo que es economía está sujeto al mercado. Segundo, precisar si el extractivismo alude únicamente a los recursos naturales no renovables ubicados en el subsuelo. Para facilitar la apreciación de las definiciones en torno a la economía de mercado, se utilizó como única fuente el diccionario virtual Wikipedia. Economía proviene de dos raíces lingüísticas griegas “οἶκος, oikos "casa" con el sentido de patrimonio, y νέμω, nemo "administrar"”, en breve, administrar la casa, aludiendo al territorio ocupado por un grupo humano identificado como tal, mientras que “Mercado, en economía, es cualquier conjunto de transacciones o acuerdos de negocios entre compradores y vendedores”.

De esta manera, “por economía de mercado se entiende la organización y asignación de la producción y el consumo de bienes y servicios que surge del juego entre la oferta y la demanda en una situación de competencia imperfecta, lo que demanda una determinada participación del Estado”, no obstante, algunos estudiosos del tema pretenden equipararla con la concepción del libre mercado, espacio donde únicamente opera la ley de oferta y demanda, sin la intervención estatal. En este marco, los países industrializados demandan materias primas y los no industrializados las ofertan, cerrando de manera aparentemente armónica la dinámica del modelo descrito.

Pero la cuestión no es tan sencilla. Dicha estructura global de negocios es una herencia de la Época Colonial, de modo que difícilmente podemos asumir acá alguna situación real de “libre mercado”. En perspectiva, no toda economía se vuelca absolutamente hacia el mercado, y con todo, siempre habrá una porción de la economía que esté sujeta a dicho propósito. Para el caso de África y América del sur en nuestros días el acento de mercado se pone sobre los recursos mineros principalmente, pero recae también sobre el tratamiento intensivo de las actividades agrícolas –en particular de la soya, la caña de azúcar y la palma africana; eventualmente el maíz- conocidas como monocultivos, dado que exigen inconmensurables cantidades de los mejores terrenos disponibles, también aprovechan lo mejor del recurso hídrico y destinan su producción exclusivamente a las exportaciones, dejando únicamente desolación ambiental e inequidad social y económica a su paso.

Este tipo de actividades se consideran como extractivistas, y desde la Época Colonial son el origen de las resistencias y luchas económicas y sociales en Latinoamérica, que con el avance de la globalización se hacen cada vez más gravosas. Hoy en día podemos incluir en esta lista de actividades también a la acuicultura y el turismo de masas, en la medida que sean actividades de “exportación”.  El tráfico de minerales es bien conocido en la Época de la Colonia, pero en materia agrícola es necesario recordar las plantaciones de café, algodón, caña de azúcar y guineo, y del joven período republicano destacar la extracción intensiva del caucho de la selva amazónica. En breve, el extractivismo se define a través de cinco conceptos principalmente1:

  1. La extracción de grandes volúmenes de recursos naturales, de manera sistemática y continua, con graves consecuencias para el medio ambiente local, a la vez que genera profundas inequidades sociales.
  2. Dichas extracciones no son para el consumo interno del país que las obtiene, sino que se realizan únicamente con el propósito de exportarlas. Consecuentemente, esta actividad no genera redes o cadenas de valor agregado en el país de origen de los recursos, no obstante, su impacto social y ambiental puede ser localizado o extenso respecto del país originario.
  3. Su objetivo es la obtención de materias primas principalmente, aun cuando en ciertas ocasiones se realice un proceso mínimo de transformación, como en el caso de la separación de los materiales no ferrosos antes de exportar el mineral de hierro.
  4. El espacio predilecto para desarrollar este tipo de economía son los enclaves. “Usualmente, se refiere a regiones, dentro de un país subdesarrollado, con altos niveles de inversión extranjera, tecnología de avanzada, mano de obra calificada, etc., mientras que el resto de la economía tiene poca inversión, poca tecnología, bajos niveles de ingreso, etc.”2
  5. En suma, es un estilo de desarrollo basado en el crecimiento económico, el aumento de las exportaciones y la atracción de Inversión Extranjera Directa –IED- a través de incentivos tributarios a todo nivel, donde las prioridades de la economía que lo asume no provienen de dinámicas internas sino que están indicadas irremisiblemente por la economía transnacional.

Entonces, ¿realmente estamos frente a una situación sin salida? Varios siglos de consolidación parecen indicar que otro escenario es un sueño irrealizable. Pero a propósito del bicentenario de nuestra independencia latinoamericana, encontrar una salida no sólo es deseable, sino totalmente factible. Sea cual fuere la transición adoptada, se conforma por cuatro premisas fundamentalmente: primero, en tanto cualquier modelo económico se funda en una concepción cultural, es imprescindible modificar la mentalidad egoísta-consumista que sustenta al libre mercado; segundo, el extractivismo no es contrario a la minería o la tecnificación agropecuaria, sino que exige el establecimiento de mecanismos y procedimientos ambientalmente sustentables –ambiental incluye tanto el medio natural como las actividades antrópicas-, como la reconfiguración de los precios, para incluir los costos ambientales que hoy son ignorados; tercero, las exportaciones no son elemento que deba suprimirse sino reconducirse, esto es, en lugar de mantener la estructura de negocios heredada de la Colonia, hay que conformar nuevas redes económicas locales y regionales –integración a todo nivel y no únicamente interconexión en infraestructura-, en la mediada de las aptitudes ecosistémicas de cada país suramericano, con carácter incluyente de los saberes y propósitos de comunidades campesinas, afrodescendientes e indígenas; por último, y en virtud de los avances conseguidos en los aspectos antes mencionados es necesario aplicar de manera estricta la legislación disponible sobre la materia en cada país, y luego, suprimir las leyes obsoletas, transformar las contradictorias, y regular las materias que aún no se han contemplado.

Edición N° 00279 – Semana del 4 al 10 de Noviembre de 2011

1 GUDYNAS, E (2011) Transiciones hacia economías post-extractivistas. En: Taller “Economías extractivistas y transiciones hacia escenarios post-extractivistas. Bogota, Octubre 20 y 21 de 2011”. En: Relatoría del Taller. Bogota: Corporación Viva la Ciudadanía (Inédito)

 
 
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