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  Disquisiciones después de la muerte de Alfonso Cano
  Germán Ayala Osorio
  Comunicador social y politólogo
   
 

La máquina de guerra del Estado entregó, hace ya varios días, un nuevo trofeo de guerra: el cuerpo sin vida del líder de las Farc, alias ‘Alfonso Cano’. Ayer fueron ‘Raúl Reyes’, el Negro Acacio y ‘Jojoy’, entre otros.

Desde el lenguaje oficial, se dice que fue una operación perfecta pues se mató al líder guerrillero, buscado de tiempo atrás. Sin duda, un golpe contundente, pero uno más a la organización armada ilegal, que esta vez no motivó en militares y en los propios miembros del Gobierno la enunciación de la célebre frase, “estamos ante el fin del fin de las Farc”.

Con el pecho henchido por el arrojo de la tropa, la misma que lo atornillará en el poder, el presidente Santos Calderón, de cara a la reelección, envía un mensaje de tranquilidad a la sociedad colombiana, dado que ha muerto el buscado terrorista.

Contrario a lo que muchos pueden pensar, con la muerte de Cano el conflicto está más lejos de resolverse y por ende, más difícil será alcanzar la paz. Con la desaparición del líder guerrillero, sus compañeros del Estado Mayor elegirán en un tiempo prudente su sucesor. Esa es la lógica.

Allí se concentra el interés del Gobierno de Santos y el de las Fuerzas Militares, en aras de planear nuevas operaciones, hasta desmantelar por completo la cúpula fariana. Insisto en que eliminar a las cabezas visibles de la organización ilegal, no sólo puede resultar nocivo para quienes piensan en que es posible negociar con las Farc y lograr la desmovilización de sus frentes, sino que puede, esa decisión político-militar, partir de un equívoco en cuanto al tipo de organización que hay detrás de esa histórica sigla.

No creo que dentro de las Farc haya una unidad de mando y que exista una actuación monolítica, sujeta a unos principios ideológicos claramente definidos y compartidos por todos los guerrilleros. Los contundentes golpes recibidos por la tropa oficial pueden estar aportando decididamente a dicha desarticulación, pero quizás el factor que con más fuerza ha logrado desvirtuar la idea de un mando unificado es el narcotráfico, fenómeno que al mismo Cano le preocupaba en vida.

Tampoco creo que hoy en día los guerrilleros de base crean realmente que representan un ejército de liberación, que en breve tiempo se tomarán el poder para quitarle a más de  40 millones de colombianos el yugo que representa estar bajo un sistema político y económico como el actual.

Hay, entonces, varios factores que pueden estar afectando el mando unificado que se presupone tenía Cano antes de morir. El primero, como ya dije, el narcotráfico que penetró frentes y las conciencias de mandos bajos y medios de la guerrilla, que gradualmente los ha convertido en traquetos con uniforme camuflado.

El segundo factor, la prolongación del conflicto y la aplazada conquista del poder. Después de 40 años de lucha, las Farc corren el riesgo de pasar de ser un ejército libertador, a una empresa militar que ataca al Estado colombiano. Así las cosas, convertida las Farc en una empresa armada ilegal, alcanzar el poder ya no sería la mayor motivación, sino sobrevivir y mantenerse en el escenario de guerra, asegurando las redes del narcotráfico, golpeando cuando sea posible a la tropa, a la población civil y mandando mensajes de unidad a todos sus frentes, a pesar de la posible desarticulación interna.

Por lo anterior, desmantelar a las Farc hoy debe partir de un real análisis de las condiciones en las que sobrevive esa supuesta unidad de mando con la que las Fuerzas Militares cuentan para insistir en asesinar a los miembros del Estado Mayor fariano. Hecho dicho análisis, lo que se requiere es golpear las finanzas de las Farc y la mejor forma de hacerlo es legalizar el narcotráfico para así llevar a la quiebra a dicha empresa armada ilegal.

De no hacerlo, el Estado colombiano y los sucesivos gobiernos lograrán que al interior de las Farc, en el mediano plazo, se de una especie de bandolerización que sumada al proceso de traquetización de frentes y mandos medios, de manera clara transformarán el conflicto ante la atomización de las Farc en unidades criminales con intereses territoriales a lo largo y ancho de Colombia.

Trofeos a cuenta gotas

Este tipo de resultados operacionales son aprovechados políticamente por quienes ostentan la dirección del Estado. Uribe lo hizo en su momento, de allí que su reelección se soportó, en gran medida, en el operativo militar en el mataron a ‘Raúl Reyes’. Santos hará lo mismo, pero deberá asegurarles un marco jurídico especial a los militares ante el miedo generado al interior de las fuerzas militares por investigaciones que no sólo han evidenciado la crisis de la justicia penal militar, sino que han permitido confrontar el fuero militar.

Por ello es posible que el Congreso, con la llamada Unidad Nacional, logre ampliar el fuero militar con el que no sólo blindaría a las Fuerzas Militares ante investigaciones de la Fiscalía e incluso ante las adelantadas por la propia Corte Suprema de Justicia contra altos oficiales, sino que terminará dándole un respaldo inmenso al presidente Santos con lo que muy seguramente se logrará borrar la nociva relación que estableció Uribe Vélez con los militares, que llevó a una evidente desinstitucionalización justo por el manejo particular, privatizado, que le dio el entonces Presidente. El reto de Santos está en devolverle la golpeada institucionalidad que recibió de su mentor.

De allí que las Fuerzas Militares estén entrando, de tiempo atrás, en un juego político militar perverso en relación con el Ejecutivo que se explica y se evidencia con la entrega, a cuenta gotas, de altos y significativos resultados operacionales  con los cuales logran beneficios institucionales que irradian a la mayoría de la tropa, incluyendo, por supuesto a la cúpula militar, situación ésta que al final busca poner a las distintas fuerzas en un estadio político privilegiado que puede resultar en el mediano y largo plazo, nocivo para la democracia.

Con la entrega a cuenta gotas de cabecillas como ‘Alfonso Cano’, las Fuerzas Militares logran prolongar el conflicto y con ello aseguran más y más presupuesto y un lugar privilegiado en la política, y en los escenarios electorales hacia futuro. Va creciendo una suerte de burocracia militar, con influencia política en el alto Gobierno. Con unas fuerzas que vienen creciendo en número de efectivos y en gastos operacionales, su permanencia en el tiempo debe garantizarse  a través de la vigencia del actor armado ilegal que enfrentan de tiempo atrás. No olvidemos que la guerra misma es un lucrativo negocio.

¿Cuánto tiempo pasará para que, nuevamente, las tropas oficiales entreguen otro trofeo de guerra?, ¿Le entregarán otro miembro del estado mayor de las Farc a Juan Manuel Santos en este primero gobierno, o esperarán a que sea reelegido?, ¿O es posible que le toque al sucesor de Santos, por lo que debamos esperar la llegada de otro trofeo de guerra, hasta el 2018?

Edición N° 00280 – Semana del 11 al 17 de Noviembre de 2011
 
 
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