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¿Cómo construir una corriente democrática y progresista?

  Fernando Dorado
  Activista social
   
 

Estamos hablando – ¡otra vez! – de construir un movimiento profundamente democrático, ético y espiritual.

El triunfo de Gustavo Petro en Bogotá ha estimulado a muchas personas a pensar en organizar un nuevo movimiento político. Se trata de aprovechar ese pequeño estímulo que el pueblo bogotano regaló con generosidad a los demócratas colombianos.

Se propone construir una “Corriente Democrática y Progresista”. Sería un primer paso para constituir – más adelante  –  un verdadero “movimiento”. La cuestión es… ¿Cómo?

Esa es la pregunta que está en la cabeza de muchas personas en este instante. Ya lo hemos intentado antes. Para algunos son fracasos; para otros, experimentos. Hay que insistir.

¿Por qué corriente? Porque ya existen diversos partidos que intentan contribuir con ese esfuerzo desde variados y diversos ámbitos, sectores sociales, enfoques políticos, pero que se han frustrado en el camino. ¿Otro partido más?, pregunta la gente. ¿Qué pasa con los que ya existen?

El Polo no supera su trauma fundacional. Surgió a partir de acuerdos entre partidos y grupos pre-existentes que lo constituyeron con un criterio particularmente electoral. Hoy sufre su tragedia existencial. Hay que permitir que se re-encuentre consigo mismo y que de allí re-surja, fortalecido el espíritu democrático. Ojalá así sea.

El Partido Verde, rápidamente desechó su principal activo que eran los principios éticos formulados y representados por Mockus. La derecha “uribista” y “furibista” de Peñalosa y Gilma Jiménez, lo hizo. Sólo queda lo que pueda hacer Sergio Fajardo. Esperar a ver.

Los demás partidos políticos no son capaces de encabezar una corriente de esa naturaleza. El Partido Liberal es un redivivo al servicio del neoliberalismo imperial. El partido de la “U” y los conservadores son la derecha declarada. Los partidos pequeños han perdido su impulso inicial y sólo representan esfuerzos sectoriales (ASI, MIRA).

¿Cómo hacerlo?

Para algunos/as compañeros/as el problema es de método. Se habla de “nodos” y “redes”. Salirle al paso al verticalismo, al grupismo y a la competencia por crear y apropiarse de las estructuras. Hay allí una buena intención.

Sin embargo, pensamos que se debe ir más allá. Profundizar en el problema. Hacernos más preguntas. Asumir que los intentos fallidos también son parte de nuestra responsabilidad. Decir antes que todo: ¡No fuimos capaces! Sólo así se puede evaluar a fondo y avanzar. De lo contrario, tropezaremos con la misma piedra.

En este corto escrito se pretende aportar algunas ideas, que son fruto de nuestros debates en la región Cauca, entre compañeros que están en la brega política y que requieren que su acción no sólo esté acompañada por una fuerza social y política real sino que además su experiencia sea asimilada por diversos colectivos.

La tesis principal consiste en afirmar que la corriente democrática y progresista ya existe. Está en el espíritu de la mayoría de quienes militan en los nuevos partidos, de movimientos sociales y cívicos, e incluso, en algunas personas que están en los partidos tradicionales y que permanecen allí porque no encuentran en las nuevas propuestas la posibilidad de un cambio real.

La dirigencia juega en contra

Si esa corriente democrática y progresista existe, entonces… ¿Por qué no aparece con nitidez?

La respuesta es que somos los dirigentes los que impedimos que aflore. Hacemos tantos esfuerzos por acertar que complicamos las cosas. No logramos interpretar lo que la gente quiere. Queremos que se acomode a nosotros y no nosotros a ella. Y así, nos dividimos, enfrentamos, enviamos señales negativas, no nos dejamos conocer como realmente somos, enredamos la pita.

Pongo algunos ejemplos: El Polo se plantea democrático y alternativo pero en verdad no somos un “polo de atracción”. La dinámica de los sub-partidos y grupos internos nos divide. Nos desgastamos en luchas por el control de las direcciones burocráticas dentro del partido y en el movimiento social. Y nuestros gobiernos no han sido “alternativos”, han sido tradicionales aunque han acertado en algunos temas sociales.

El Partido Verde. Ni es “verde” ni es todavía un verdadero partido. O mejor, se partió antes de constituirse en Partido. El “peñalosismo” no tiene nada que ver con Lucho, y éste todavía no entiende el sentido “pragmático-moderno” de Fajardo. La ética de Mockus, quedó atrás. Nació – al igual que el Polo – de un ejercicio electoral y allí se hundió. Así de simple.

Y lo mismo podríamos decir de los contenidos de nuestros programas. Embrollamos el asunto. En el Polo se aprobó un amplio y extenso programa que no logró representar una verdadera fusión o unidad. Fuimos laxos en ese ejercicio. En los “verdes” se impuso el interés electoral a los principios éticos. Todo ello lleva a la incoherencia y el electorado cobra. Hemos fallado. Hay que evaluar y avanzar.

Definiciones y precisiones

Entender y definir la naturaleza de las cosas es fundamental. No es lo mismo corriente, movimiento, partidos y coaliciones de partidos. Una Corriente se basa principalmente en ideas, sentimientos y espíritu. El Movimiento es la acción de masas en torno a un objetivo. El partido es una organización de personas con un programa político. La Coalición es una confluencia de partidos políticos para una coyuntura y/o una fase de la vida de un país, región o el mundo.

Una “Corriente de pensamiento y de acción política” alienta cambios políticos e ideológicos en la sociedad e influye sobre diversos partidos en forma simultánea. Se expresa por medio de movimientos amplios que son la materialización “orgánica” de los intereses de una clase social, bloque de clases o de un sector de clase en particular.

Hoy en Colombia, para salir del atolladero y de la confusión se requiere con urgencia de un serio trabajo por dinamizar una “corriente democrática y progresista”, que ayude a las mayorías nacionales a sumarse a la avalancha democrática y revolucionaria que a nivel latinoamericano y mundial está poniendo contra las cuerdas a la parasitaria plutocracia financiera internacional.

Algunas ideas como aporte

En gran medida esa corriente – que es fruto de tantos esfuerzos – ya existe. No es obra de una persona o de un grupo. Es fruto de nuestra historia. Hoy necesita consolidarse, expresarse como un “cuerpo orgánico”. Es la obra de muchos y a la vez de ninguno en particular.

Democracia y Progresismo… ¿Qué son? Corriente… ¿Cómo funciona? ¿Cómo se hace visible?

Democracia y progresismo se entrelazan. Son inclusión, participación, transparencia, no discriminación, no privilegios ni monopolios. Es luchar porque el desarrollo sea para todos, por equidad y justicia, por el rescate de nuestra dignidad. Que lo “humano” esté por encima de lo material. Que el “progreso” no atente contra las personas y la naturaleza. Es ética de lo público.

Se cuestiona la palabra “progresista” porque ha sido usada por las clases dominantes para presentar sus reaccionarias propuestas como “de avanzada”. Es lo que ocurre con la “prosperidad democrática” de Santos y sus 5 locomotoras neoliberales. Creemos que la plutocracia financiera – que dirige a Colombia y al mundo – no tiene derecho a denominarse “progresista”. Por ello, en este terreno, aparentemente semántico, tampoco podemos ceder ni un milímetro.

La idea consiste en que se desarrolle el espíritu democrático y progresista en cada persona. Tal como la concibe y practica cada cual. Que el proceso madure, enseñe, nos haga avanzar. Enamorarnos del proceso mismo. Si la idea representa el sentir y el pensar de las mayorías, la corriente se convertirá en fuerza, los riachuelos formarán torrente y el río se hará visible. Crecerá, se multiplicará y avanzará en medio de un diálogo constructor, sereno, respetuoso e incluyente. No importa que muchas de sus aguas corran – inicialmente – por caminos subterráneos o invisibles.

El método

¿Qué se requiere para hacerlo? ¿Caminar o correr? Ya hay mucha gente andando y corriendo. ¿Cómo construir una fuerte corriente? Sólo si juntamos de verdad todas las corrientes pequeñas y grandes podremos hacerlo. Se trata de unir a las personas, más como individuos que como colectivos, en torno a una idea. ¿Cómo hacerlo?

1. Buscar un terreno adecuado en donde ese ejercicio sea posible

Si tratamos de juntar varias corrientes existentes y lo hacemos en medio de una tempestad o en un sitio encañonado, las corrientes más fuertes, seguramente las más alborotadas y enlodadas, arrastrarán a las corrientes más tranquilas y cristalinas. Seguro que producirán una avalancha o una gran inundación, pero finalmente no surgirá nada trascendente.

Habrá que esperar a que pase la tempestad, se asiente el barro y se oxigene el agua para que esa corriente produzca condiciones para la generación de la vida. Cada nicho (nodo) en ese río requiere de circunstancias especiales para conectarse con otros nichos (nodos), y poco a poco se constituirán lazos y verdaderas redes de intercambio y retro-alimentación.

Es decir, hay que crear un clima propicio. Que no estén cerca los procesos electorales ni recientes los rompimientos. Hay que esperar a que el espíritu se calme y que emerja la serena reflexión. Se deben buscar terrenos levemente inclinados, aguas calmadas, avanzar al principio con lentitud, aclarando la filosofía, los principios, las metas, y después se podrá acelerar el paso.

2. Liberarnos del pasado

Si nos ubicamos en un terreno fluido, si buscamos espacios propicios, los pequeños torrentes van a irse encontrando. No hay que colocar piedras en el camino, ni inventar “cedazos” para cernir lo que “nosotros” creemos que no debe pasar y lo que consideramos “aceptable”, ni utilizar el espejo retrovisor. No mirar la viga en el ojo ajeno ni colocar requisitos “para llegar al cielo”.

Hay que entender que todos somos pecadores.  Debemos auto-perdonarnos y reconciliarnos. Que la vida sea la que incluya o excluya. Somos diversos y diferentes. Se debe facilitar el aporte de cada cual. Pero claro, tenemos que hacer todos los esfuerzos por ser consecuentes con los postulados que aceptemos impulsar. Se trata de estar predispuestos a avanzar.

3. Colocarnos metas alcanzables en lo local, regional y nacional

Uno de los graves errores que cometemos en estos procesos es separar lo estratégico de lo táctico, el discurso general de la necesidad particular, lo importante de lo urgente. Debemos juntar lo que ya camina y hacerlo con espíritu práctico. Al juntarnos debemos trabajar los dos aspectos de nuestra práctica social. Por un lado responder: ¿Cuáles son nuestros sueños? ¿Qué es lo estructural que queremos cambiar? Y por el otro: ¿Cómo lo estamos haciendo? ¿Cómo conectamos nuestros problemas concretos con esas grandes metas democráticas y progresistas?

Vale la pena intentarlo. La corriente ayudará a clarificar las ideas y a mejorar nuestras prácticas. Nunca como hoy la claridad h sido tan necesaria. La vida nos obliga a reflexionar y a rectificar.

Edición N° 00287 – Semana del 20 al 26 de Enero de 2012
 
 
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