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El presidente Juan Manuel Santos y la llave de la paz

  Luis Eduardo Celis
  Coordinador de incidencia política Corporación Nuevo Arco Iris
   
 

El presidente Juan Manuel Santos, anunció desde su discurso de posesión, su interés y compromiso con el logro de la paz con las guerrillas de las FARC y el ELN y un tema que ha mantenido en las prioridades de su agenda, interpretando bien, que la permanencia de este largo y degradado conflicto es el principal problema que tiene una solución factible y que puede ser resuelto sí se logra una articulación entre voluntades, garantías para la partes, participación social y encontrar un camino que sea satisfactorio para el Estado, un “bloque histórico ciudadano” y por supuesto las guerrillas.

El presidente Santos, como ya lo sabemos, viene de la cuna del poder: su abuelo fue Presidente, su padre, dirigente de opinión desde el siempre influyente diario EL TIEMPO, creció en medio de la clase dirigente y sabe el país que está liderando en un momento en que el reto es dinamizar sus estructuras económicas y proyectar a Colombia hacía un nuevo momento de expansión y modernización, lo cual se ve reflejado en la formulación de sus cuatro locomotoras, las cuales deben garantizar una mayor integración de Colombia a la economía mundial y darle un lugar de liderazgo en la región.

Si Colombia quiere ser un jugador con alguna relevancia en la región y desarrollar su economía debe resolver el viejo conflicto con las guerrillas o puede mantenerlo como hasta el día de hoy con un costo humano, en el cual año a año esta violencia produce tres mil muertos y siete mil heridos de los cuales un número importante queda con mutilaciones de por vida y envía a las cárceles alrededor de dos mil personas, no todas ellas guerrilleros, en términos económicos, nos consume el 6.4 del PIB, en el mantenimiento de la Fuerza Publica, en aspectos sociales mantiene polarizaciones y perdida de tejido social de manera dramática o qué otra cosa nos indica la cifra de cinco millones de desplazados por vía de la violencia y en términos de la política, mantiene a muchas comunidades al margen de una ciudadanía activa al estar en los territorios donde la confrontación es más intensa.

La lógica económica, unas convicciones éticas y políticas y la naturaleza del conflicto armado nos llevan a la convicción que el mejor camino es buscar un acuerdo entre Estado y guerrillas lo cual se refuerza con la dinámica y las cifras del conflicto, las cuales muestran que luego de diez años de una dura ofensiva militar, tanto las FARC como el ELN, de manera distinta, se mantienen con presencia territorial, capacidad de acción y una adaptación importante a la forma en que se les combate, en resumen, la posibilidad de reducirlas de manera sustancial está en entredicho, cuando las cifras oficiales de su número de integrantes ubican que las FARC pueden tener 9.500 combatientes y el ELN 2.300, sin contar con los milicianos, y las cifras de su capacidad de actuación nos indican que hay unas FARC, que desde el año 2008, viene creciendo su capacidad y numero de acciones por supuesto en una proporción y modalidades que la asemejan a una clásica modalidad guerrillera de hostigar, sabotear y rehuir la confrontación y donde el gran dispositivo de la Fuerza Publica que ha tenido logros importantes, sin duda, se muestra limitado para derrotarlos, en palabras sencillas, los 560.000 integrantes de Ejército Nacional, Fuerza Aérea, Armada Nacional y Policía, no han podido acabar con los 11.800 guerrilleros de las FARC y el ELN.

El presidente de Colombia tiene la convicción, por una confluencia de razones y motivaciones, que lo mejor es lograr un acuerdo, sabe que lograrlo no es fácil, que hay que ir promoviendo un cambio en la opinión publica, que es resistente y reacia a volver a considerar la posibilidad de un mecanismo de diálogos y negociaciones con las guerrillas las cuales tienen un amplio desprestigio en el conjunto de la opinión ciudadana sin que esto signifique que no mantengan un arraigo y unos vínculos sociales muy territorializados y en unos “nichos”, pero las mayorías urbanas y amplios sectores en el campo no tienen simpatía por las formulas políticas de concertación y hay que sumarles los que abiertamente son contradictores de esta idea o bien por que se lucran de las dinámicas de violencia, verían afectados sus interés en los ordenes sociales, económicos y políticos construidos en medio siglo de violencias, en los cuales viven y se sienten cómodos así sean antidemocráticos, autoritarios y excluyentes.

Juan Manuel Santos, ha venido dando unos pasos significativos que nos pueden acercar a un final pactado: reconoció que existe un conflicto armado, lo cual no es poca cosa y tiene implicaciones en muchos ordenes no sólo simbólicos, sino igualmente prácticos por ejemplo, volver a darle un estatus a todas las labores humanitarias que se dan en medio de una violencia degradada, ha dado fuerza y un reconocimiento a las victimas, promovió una ley y ha manifestado su compromiso con hacerla realidad, ha reconocido las responsabilidades estatales en por lo menos dos casos de manera explícita: las masacres de El Tigre en el Departamento de Putumayo y la del Salado en Carmen de Bolívar, puede parecer poco pero es significativo, ha dado respaldo a las labores de construcción de memoria histórica, estos son pasos importantes que van en el sentido de reconocimiento de las victimas, de una comprensión de responsabilidades del Estado y de la construcción de relatos explicativos de lo que hemos vivido como sociedad en conflicto por supuesto donde hay un amplio camino por recorrer, pero han sido motivados por el presidente Juan Manuel Santos, dándole aire a quienes desde las iniciativas ciudadanas y sociales llevan años comprometidos en estas direcciones, que son muy importantes si queremos llegar a un cierre adecuado del conflicto.

El logro de un acuerdo con las guerrillas no está a la vuelta de la esquina, falta construir lo principal: cuál es la puerta por la cual las guerrillas pueden salir del laberinto en el que están y eso aún no está claro; ahí está la clave, es el punto central y afortunadamente esa puerta existe y es posible construirla y se encuentra en avanzar para crear nuevas realidades a las raíces que han alimentado y explican este conflicto de medio siglo: dar un lugar importante a la economía campesina y a los excluidos del campo con especial énfasis en los territorios más desarticulados y con indicadores de desarrollo mas precarios  y garantizar mejores condiciones para la competencia política, lo cual se resume en evitar que se mate, robe o marginalizar y sea muy desigual la búsqueda de apoyo ciudadano en los temas del desarrollo rural, desarrollo de regiones y mejores condiciones para la competencia política, está el almendrón de un posible acuerdo, lo cual es la puerta de paz y la llave está en manos del presidente Santos.

La paz es posible si hay reformas y las reformas son pertinentes en tanto a las necesidades de la sociedad. Las reformas hay que hacerlas en el marco de la Constitución del 91, lo que significa acatamiento de la legalidad, discusiones en el marco de la deliberación ciudadana y que las reformas son iniciativas de la sociedad; éstas pueden ser lideradas por el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos, construidas y concertadas con debate ciudadano y procesadas en el Congreso de la República y todo esto nos lleva a la formulación que las reformas que abran la puerta de la paz no hay que hacerlas por las guerrillas, pero tampoco negándose a que ellas puedan participar de las mismas en un momento de distensión del conflicto.

El termómetro de si hay ánimo de paz está por verse en el trámite del proyecto sobre la ley de desarrollo rural que se discutirá en el Congreso de la República en los próximos meses, allí se verá qué tanto espacio hay para los marginados del campo, donde se han atrincherado las guerrillas, si hay un lugar digno e importante para el campesinado excluido, si ellos y ellas pueden montarse el algún vagón de la locomotora de la agricultura y no ser aplastados por la locomotora minera, las posibilidades de paz, son factibles y por supuesto que hay que jugársela de manera decidida por ello.

El presidente Santos, tiene el reto y la oportunidad de cerrar el conflicto con las guerrillas, la paz con las guerrillas, que no será el logro de la paz para Colombia por que la “mano negra” seguirá siendo un factor de violencia y perturbaciones, que habrá que enfrentar y pensar en cómo lograr su aconductamiento y apego a la legalidad en tanto fuerza social que es.

Falta mucho para tener una puerta de paz en donde case la llave de la paz que tiene el Presidente, la llave es una voluntad, faltando el almendrón, las reformas, lo cual nos coloca que esto quizás sea para un segundo mandato de Santos, lo que significa que hay mucho para avanzar, concertar y reformar.

Edición N° 00288 – Semana del 26 de Enero al 2 de Febrero de 2012
 
 
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