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El señor chamán

  Álvaro González-Uribe
  Abogado, columnista y escritor. Miembro Centro de Investigaciones en Gobierno y Políticas Públicas, Universidad del Magdalena, Santa Marta
   
 

http://eltallerdeaureliano.blogspot.com

Que Colombia no sea fácil de gobernar es entendible. ¡El lugar casi inverosímil donde nos asentamos!: bisagra de subcontinentes, dos mares que nos sumergen en dos realidades históricas distintas, tres cordilleras que nos emergen en una cultura aún nueva para el viejo mundo, unos llanos llenos de misterios extendidos en la infinitud, y una secreta selva salva aún del resto del territorio pese a las arremetidas de un progreso discutible.

Esa diversidad genera idiosincrasias poco compaginables en una sola nación, en especial cuando el Estado con sus normas y sus políticas no las entiende solas ni mucho menos cohabitando. ¿Para qué tipo de pueblo se gobierna? ¿A cuál cultura se le crean las leyes y cómo se hacen cumplir en cada una?

El escándalo del chamán contratado en la culta Bogotá -en “La Atenas Suramericana”-, debe ser motivo de reflexión más que de investigaciones legales, que por supuesto las debe haber como en cualquier contrato del que surjan dudas. Pero antes que todo fue una destacada muestra de que Colombia es un territorio de contrastes digno de mejores análisis, ejercicio en el que puede estar parte de la solución a este acertijo que tenemos como país.

El sólo lenguaje utilizado en el manejo del caso dice todo y devela cuán estamos de enredados en esa confusión que genera cierta torpeza y hasta risa. Transcribo una nota de prensa sobre el episodio: “(…) ‘En el caso del señor chamán será llamado a la Fiscalía para que nos explique las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que puede evitar el fenómeno de la lluvia’, anunció este martes el vicefiscal, Juan Carlos Forero (…)”. (Eltiempo.com, 18-01-12).

Nótese la mezcla entre dos culturas, mixtura que por supuesto no tiene un lenguaje propio que permita comprensión dentro de sí, y menos una ley común para regularla. Por un lado, el “señor” que precede a “chamán”; por otro lado, el temible y jurídico “será llamado a la Fiscalía para que nos explique las circunstancias de tiempo, modo y lugar”, junto con el “evitar el fenómeno de la lluvia”. Sin duda y con razón, el recto y codificado funcionario no sabe cómo manejar el caso.

Es que son dos mundos para una sola ley. Un señor chamán, serio y seguramente sabio en su cosmogonía e imaginario; y un doctor vicefiscal serio, jurídico y seguramente sabio en su cosmogonía e imaginario. Plumas y corbata, dirán algunos.

La Constitución de 1991 plasmó esa realidad, pero como tantos de sus preceptos está allí aún dormido: “El Estado reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la Nación colombiana”. Y más adelante: “La cultura en sus diversas manifestaciones es fundamento de la nacionalidad. El Estado reconoce la igualdad y dignidad de todas las que conviven en el país”.

Ese señor chamán con una solvencia sorprendente explicó a los medios sus métodos de trabajo, los orígenes de sus conocimientos y hasta expuso su curriculum vitae. Está firmemente convencido de no ser un charlatán ni un embaucador. Cree en lo que hace, entre otras razones porque le ha funcionado así no se demuestre científicamente una relación de causalidad entre sus medios y los resultados, como tantas veces no se demuestra tampoco relación seria de causalidad entre numerosas leyes, políticas y medidas oficiales y los buenos resultados que se muestran.

Mi formación tradicional y supuestamente moderna me impide creer en los métodos del señor chamán, pero muchas veces me cuestiono si esa tradición moderna es la adecuada para comprender al mundo -y a mi complejo país-, teniendo en cuenta que tantas veces se equivoca y que no ha sido suficiente para resolver las carencias y las penas de un mundo cada vez más convulsionado y difícil de entender.

Edición N° 00290 – Semana del 10 al 16 de Febrero de 2012
 
 
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