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Los Pulgarcitos colombianos

  Álvaro González-Uribe
  Abogado, columnista y escritor, Miembro Centro de Investigaciones en Gobierno y Políticas Públicas - Universidad del Magdalena, Santa Marta macondoelmundo@yahoo.es
   
 

Suceden tantas y tan terribles cosas en Colombia que muchas noticias pasan casi desapercibidas, quizá porque la prensa no alcanza a registrar esa cantidad de hechos, pero también quizá porque son notas que no revisten el calificativo de “chiva” o de suceso inmediato, o lo peor: porque no nos importan. Me temo que la poca difusión de la dolorosa realidad que comentaré se debe a las dos últimas causas.

La semana pasada el director del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, Diego Molano, contó en RCN La Radio de la Noche que durante el anterior año 2011 en el país fueron abandonados 1.586 niños. Esto da un promedio de cuatro niños abandonados por día, cifra triste, espantosa y vergonzosa.

Los datos son más amargos aún: la mayoría, 741, tenía menos de cinco años, en su gran parte bebés entre cero y un año. De 6 a 11 años de edad fueron abandonados 330 niños, y entre 12 a 17 años 427. Hay 88 menores de quienes no se tiene información de edad precisa. Y lo peor: según Molano dichas estadísticas se han mantenido constantes en los últimos tres años.

El Director dijo que pese a que el ICBF denuncia los casos ante la Fiscalía las investigaciones no avanzan y “no se hacen esfuerzos sistemáticos para penalizar esta situación” (www.rcnradio.com). Según estudios las causas de los abandonos son los embarazos no deseados, pobreza, rechazo de la familia al recién nacido, drogadicción y violencia intrafamiliar.

"Los dejan en un potrero, en la puerta de una iglesia, en la calle o en un hospital. O le dicen a una vecina que cuide al niño y nunca vuelven", expresó Ximena Norato Palomeque, directora de la Agencia Pandi (Eltiempo.com). En el caso de los recién nacidos tal situación también obedece a que muchos padres prefieren abandonarlos en lugar de darlos en adopción porque ignoran las herramientas legales.

Ante esto, ¿cómo no recordar nuestros cuentos infantiles Pulgarcito y Hansel y Gretel, que pese a sus finales felices, nos aterraban? Resumiendo la versión de Perrault, Pulgarcito era el menor de siete hijos de una pareja de leñadores tan pobres que no podían alimentarlos, y que debido a ello decidieron abandonarlos en el bosque. Pero la madre se arrepintió y entregó piedritas blancas a Pulgarcito para que pudieran encontrar el camino a casa.

Los niños retornaron y los padres volvieron a abandonar a sus hijos en el bosque. En esa ocasión la madre no tuvo tiempo de recoger piedras y le dio migas de pan a Pulgarcito. En el camino el niño repitió su estrategia con las migas de pan pero los pájaros se las comieron, así que los niños se perdieron en el bosque. A Hansel y Gretel les sucedió exactamente lo mismo en su cuento, según la versión de los hermanos Grimm.

Pues en Colombia cada día del año -por ejemplo, hoy quizá en este momento- cuatro Pulgarcitos tampoco encuentran el camino de regreso a casa. Y se trata de cuentos reales cuyos finales no conocemos con exactitud, pero sí sabemos de muchos desenlaces tristes y trágicos cuando leemos las noticias: niños muertos por hambre o frio, asesinados, inducidos a la prostitución infantil o a la delincuencia incluyendo guerrillas, paramilitares y bandas, o convertidos en habitantes de la calle en condiciones penosas, muchos dedicados a las drogas chatarra.

¡Ay Colombia, cómo dueles!, abandonas a tus niños “en un potrero, en la puerta de una iglesia, en la calle o en un hospital, o le dices a una vecina que los cuide y nunca vuelves”; los abandonas y no les das piedritas para que retornen, y ni tan siquiera migas de pan que aunque no sirvan para desandar el camino de regreso a casa al menos les mitigarían el hambre de una noche. Y el llanto y las lágrimas derramadas no hacen caminos.

Edición N° 00293 – Semana del 2 al 8 de Marzo de 2012
 
 
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