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De Lima para Bogotá: lecciones de política

  Camilo Cruz
  Politólogo, especialista en DDHH y estudiante de maestría en Estudios
de la comunicación y opinión pública
   
 

La agenda política bogotana, parece estar copada por la discusión acerca de la aprobación u oposición a la figura del nuevo Alcalde por debates sobre el modelo de ciudad. Lima vivió durante el año pasado una situación similar y de su experiencia se puede evitar que Bogotá termine paralizada pro este tipo de discusiones.

La gestión de Gustavo Petro no ha transitado aún los tradicionales 100 días de evaluación y sin embargo, ha estado sometida a una rigurosa critica por parte de sectores de los medios, sus ex contrincantes de la pasada elección y la casi entera mayoría del Concejo Distrital por lo que la relación entre el Alcalde y la ciudadanía parece transitar hacia un escenario de polarización entre opositores y defensores, escenario riesgoso para una ciudad en crisis tras los problemas de la administración pasada. Lima vivió un escenario similar y de su experiencia la ciudadanía bogotana podría debatir mejor la situación actual de la capital colombiana.

El apretado triunfo de Susana Villarán en la contienda por la Alcaldía limeña fue noticia internacional, pues era el primer triunfo electoral importante de la izquierda moderada en el Perú contemporáneo. El debate electoral  terminó transitando por los márgenes de la campaña sucia, no sólo con su principal rival sino también con buena parte de los medios. La apretada victoria  y el empate técnico dirimido en el tribunal electoral, no ayudó a consolidar la figura de la Alcaldesa.

Poco tiempo pasó entre su posesión y la polarización de su imagen en la sociedad. Aun antes de llegar a los 100 días empezó a promoverse la idea de la revocatoria, al tiempo que se hacía evidente la difícil relación de la Alcaldesa con los concejales y los alcaldes menores en su mayoría representantes de partidos de oposición. A esto se sumó la disputa entre el ex alcalde Luis Castañeda, en aquellos momentos candidato a la Presidencia y la Alcaldesa.

Castañeda había surgido como figura política nacional gracias al reconocimiento de la ciudadanía limeña a su gestión como alcalde, marcada por su fuerte componente en infraestructura y urbanismo. La nueva Alcaldesa, al contrario, apoyó su candidatura en la lucha anti corrupción y la priorización a la agenda social. Al mismo tiempo, la posición de algunos medios de comunicación  a la Mandataria, mantuvo la lógica de la campaña electoral, al tiempo que su imagen caía progresivamente en las encuestas de opinión, jalonado en algunos casos por la dificultad de conectar las prioridades de la alcaldesa con las demandas de la ciudadanía.

Tras la tormenta de 2011 las cosas en Lima se han calmado, el final del debate presidencial bajó el nivel de confrontación político del país y en especial,  apaciguó la figuración mediática de Castañeda. Al mismo tiempo, el comité promotor de la revocatoria ha ido perdiendo legitimidad por diversos escándalos de su entorno en lo relacionado a la financiación, recolección de firmas y los intereses secundarios de algunos de sus integrantes, denunciados por la prensa.

El nuevo aíre que respira la administración de Villarán, podrá permitir que la ciudadanía construya una evaluación más imparcial de la labor de la Alcaldesa y a ésta ejecutar su plan de Gobierno sin estar enfrascada en debates políticos sobre su aprobación. Y lo más importante aún, lo ocurrido el año anterior poco contribuyó a debates acerca de la agenda de Gobierno, debates que hasta ahora empezarán.

En Bogotá la situación no ha llegado aún a un escenario de confrontación tan fuerte, el nuevo gobernante enfrenta la resistencia de sectores de los medios a su Gobierno,  así como a la abierta oposición de los principales partidos políticos de la ciudad. Es claro que para ninguna democracia es sano el unanimismo, pero la situación política que vive la ciudad, más que seguir el típico esquema de frenos y contrapesos está marcada por la polarización que genera la figura de Petro.

De seguir la agenda política distrital por éste camino, tanto la administración distrital como los grupos de poder tradicionales en Bogotá llevarán a la ciudad a una permanente discusión política en la cual no estarán presentes ni los intereses ni las necesidades de la ciudadanía, sino la disputa por el control de la administración distrital. Los espacios para los debates deben estar garantizados, pero no por esto se debe tratar de abarcar con una sola agenda – la aprobación u oposición a la figura de Petro- la evaluación de la administración distrital.

Edición N° 00294 – Semana del 9 al 15 de Marzo de 2012
 
 
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