Semanario Virtual Caja de Herramientas
 
 

Ya vendrán tiempos mejores

  Hugo Franco
  Expresso de Lisboa – Tomado de www.other-news
   
 

El 12 de marzo de 2011, João, Alexandre y Paula se encontraban entre los organizadores de una manifestación masiva contra la precariedad y el desempleo. Un año después, mientras el país vive una nueva huelga general, su situación no ha mejorado.

Pocas cosas han cambiado en un año en el barrio histórico de la Alfama, en Lisboa. Por no decir que nada en absoluto. Hace un año, Alexandre, Paula y João estaban allí. Desde este barrio organizaron la manifestación que agitó el inicio de la primavera de 2011, que congregó a cerca de medio millón de personas en las calles y que pasó a los anales de la historia como "la manifestación de la generación abatida". Es cierto que personalmente sus vidas han cambiado algo y que el país no es exactamente el mismo.

El más alto de estos tres amigos tiene un look bohemio y una ironía que se deja sentir enseguida. Alexandre de Sousa Carvalho, de 27 años, no está nada contento con su vida después del 12 de marzo de [2011].

“¿Qué ha cambiado en mi vida? Tengo más amigos en Facebook y durante una semana supe lo que es ser famoso”, resume mientras se bebe una caña y se fuma un cigarro.

Nunca ha habido tantas manifestaciones

Hace dos meses dejó de percibir los 900 euros de su beca de investigación y tuvo que dejar el estudio donde vivía sólo en Lisboa. “Ahora duermo en una habitación sin muebles, en un piso que comparto con ocho personas, algunas de las cuales ni conozco”. Espera pacientemente a que le paguen el dinero de su beca de doctorado: Alexandre escribe una tesis de estudios africanos, sobre el reparto de poder en Zimbabue y en Kenia.

Paula Gil, de 26 años y aparentemente la más tímida de los tres, pero no por ello la menos combativa, acaba de pasar un año repleto de idas y venidas: terminó unas prácticas en una ONG, se encontró en el paro (sin subsidio), luego encontró trabajo en el ámbito de la administración y el secretariado, con una remuneración muy modesta y sobre todo, con falsos "recibos verdes" [ideados en teoría para remunerar a los trabajadores autónomos y convertidos en el símbolo de la precariedad en Portugal]. Podría haberle ido mejor. Pero también podría haber sido peor. "Hace ya diez años que logro hacer frente a mis gastos", destaca esta joven.

Peor sería estar en el paro, como es el caso de João Labrincha, de 28 años, que vive sin ayudas ni subsidios, sólo con el apoyo indefectible de su familia. Hace su vida, a pesar de las contrariedades. "Pronto tendré trabajo: estoy desarrollando un proyecto en el ámbito de la ciudadanía".

Si bien la manifestación que lograron organizar hace un año pretendía ser independiente de los partidos y laica, y sobre todo se dirigía a los parados, a los "500-euristas", los subcontratistas, los trabajadores en prácticas, los becarios y los trabajadores temporales, el fenómeno acabó siendo más unificador de lo previsto y se convirtió incluso en objeto de estudio de sociólogos y analistas políticos.

Los organizadores están orgullosos de haber abierto la caja de Pandora de la protesta social en Portugal, e incluso en Europa. "Exceptuando el PREC ["Proceso Revolucionario en Curso", nombre dado al periodo de manifestaciones intensas que comenzó con la revolución de los claveles en 1974 y terminó con la adopción de la Constitución en 1976], Portugal nunca había conocido un año tan prolífico en manifestaciones". Porque después del "12M", tuvieron el 15 de mayo, el 15 de octubre, el 24 de noviembre y el 21 de enero.

Los portugueses infantilizados por los tecnócratas

João recuerda que en 2011 la dinámica era un tanto distinta, impulsada por las canciones de Deolinda [por la "geração parva", la "generación beta"], el fin de la era Sócrates, el aumento del paro e incluso el aliento liberador de la primavera árabe. "Las manifestaciones futuras no saldrán obligatoriamente del mismo molde", insiste João y Paula asiente. Alexandre no está de acuerdo: "No es justo que sean siempre los mismos los que tengan que moverse para que tenga lugar una gran manifestación como la del 12 de marzo. Dejad de esperar al mesías".

Troika, restricciones, paro: cuando Alexandre, Paula y João escuchan estas tres palabras, les hierve la sangre. "Nuestros políticos son tan sólo siervos que lo único que hacen es escuchar la voz de su amo, es decir, la de Merkel y los banqueros alemanes". A estos tres jóvenes les preocupa ver a los portugueses "infantilizados por los tecnócratas".

Los detractores del movimiento les acusan de no ser más que "media docena de 'Deolindos' radicales" que protestan sin proponer soluciones de futuro concretas. "Puede que no sepamos lo que queremos, pero sabemos perfectamente lo que no queremos", contestan.

A Paula le gustaría seguir trabajando en Portugal y "contribuir al cambio", pero no descarta que al final se tenga que ir a otro lugar. "No sería una novedad para mí, porque ya me marché en otras ocasiones a Inglaterra y a Luxemburgo".

Dentro de un año, a Alexandre le gustaría estar en Kenia para seguir las elecciones de este país, que es el tema de su tesis doctoral. No sabe si regresaría: "Quiero lo que quiere todo el mundo. Que mi país me quiera tanto como lo quiero yo".

Edición N° 00296 – Semana del 23 al 29 de Marzo de 2012
 
 
Importante: Cada autor es responsable de sus ideas y no compromete el pensamiento de Viva la Ciudadanía. Se permite la reproducción de nuestros artículos siempre y cuando se cite la fuente.
 
   
 
 
comentarios suministrados por Disqus