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Construir un liderazgo comprometido con un verdadero Estado Social y Democrático de Derecho

  Alberto Anaya Arrieta
  Economista y Teólogo
   
 

Los colombianos de bien, los que sentimos sinceramente a Colombia, los que nos gozamos en las buenas costumbres de convivencia y solidaridad social y ciudadana, los que construimos con nuestras manos y pasos historias de vidas, llenas de emotividades y grandes sentimientos de paz, los que avanzamos  inflexiblemente en la búsqueda de una sincera reconciliación nacional, debemos alegrarnos por el re-encuentro en el seno de sus seres amados, de los 10 uniformados secuestrados por cerca de 14 años, en cruentos enfrentamientos entre las guerrillas de las FARC y la Fuerza Pública de Colombia.

Me inscribo con esos colombianos y colombianas que se alegran por el proceso de recuperación de la dignidad y al encuentro con sus tradiciones culturales y sociales de esos 10 hombres. Volvieron a la ‘libertad’, volvieron a nacer, volvieron a re-conocer a sus familias, hogares, volvieron a respirar el aire de la ciudad, de donde un día los sacaron violentamente. Vienen como regresan los guerreros que han sido agraviados por el enemigo: con el cuerpo físico cansado, enfermos y con anhelos que las cosas que dieron lugar a ese ultraje, no se repitan; con el alma triste, afligida y abundantes de anécdotas, pero seguramente con unos ánimos de avanzar en la construcción de una paz, para que otros u otras no pasen por esos mismos sufrimientos.

Bienvenidos hermanos y amigos al re-encuentro con los suyos, aunque no los conozco físicamente, estoy seguro que las buenas intenciones generan una energía poderosa que alcanza a tocarlos físicamente.

Pero, ¿qué viene ahora?

Escuchando las voces que opinan en los medios radiales (los primeros días de la semana anterior, oía en La W, las cifras porcentuales de los oyentes que llamaban para valorar acerca de la problemática nacional; quedé sorprendido que el 61% opinaban favorablemente, para que se iniciara un diálogo nacional con la insurgencia). Leyendo los artículos de opinión y las críticas de los lectores, me atrevo a afirmar que el país clama por una paz, una reconciliación, y avanzar en la reconstrucción del tejido social deteriorado o destruido por los actores armados del conflicto interno. Esto me lleva a hacer eco, a la propuesta de un diálogo en territorio nacional (no al estilo Caguán ni Santa Fe Ralito), o en algún país amigo, que ofrezca las garantías y confianza no solo para los interlocutores directos, sino también para toda la opinión nacional. Unas conversaciones privadas inicialmente, para fijar una mínima agenda.

Sigo diciendo, no es tarea fácil, pero tampoco es imposible cuando están de por medio miles de familias y comunidades desplazadas forzosamente por la violencia (CODHES, estima que hay más de 5.2 millones de personas desplazadas). Cuando se trata de blindar el proceso de restitución por parte del Estado, de las tierras robadas a los campesinos ("Esté hoy en manos de quien esté, -la tierra- se les va a devolver a sus dueños originales", aseguró el presidente Santos) y las garantías para un desarrollo productivo (5.5 millones de hectáreas en disputa de las cuales 1.2 están en manos de los grupos al margen de la ley). Y por la visibilidad de todas las víctimas del conflicto interno armado; entre otras muchas razones. No es tarea fácil, pero es importante para detener la pérdida de vidas humanas, la destrucción de patrimonios, de identidades, de relaciones y de procesos sociales e iniciar una verdadera construcción social de redes y tejido socia, de incorporar a la producción y desarrollo del país a hombres y mujeres que hoy se encuentran por fuera de la cadena productiva.

Pero, ¿qué viene ahora? Inquiero de nuevo. Es la interpelación que se vienen haciendo muchos hombres y muchas mujeres que se sienten atraídos hacia esta nueva dinámica que nos enfrenta el conflicto armado interno, es la apertura a una nueva conciencia. Es un paso, es un peldaño más que se ha subido e indudablemente vendrán más y más gestiones. Por ejemplo, un agregado a esta gran agenda nacional, será el dialogo con los actores armados, y en ese proceso de diálogo se abordarán temas, entre otros, el silenciamiento unilateral e inmediato de los fusiles en todos los frentes de guerra; qué ha pasado con hombres y mujeres que siguen secuestrados o desaparecidos; informar y precisar los lugares sembrados de minas antipersona, que tanto daño le vienen haciendo a niños y jóvenes campesinos; y la visitación a los detenidos en las cárceles, por el delito de pertenecer a los grupos insurgentes.

Se trata ahora, es de acompañar adecuadamente a todas las personas, comunidades e instituciones que vienen con sentimientos y apuestas sinceras, para que conjuntamente, nos convirtamos en una propuesta sólida, solidaria y nacional de vida duradera.

En consecuencia, necesitamos un liderazgo que no se sienta comprometido con las estructuras de la violencia, que han construido la Colombia que tenemos; un liderazgo ajeno a la corrupción y a las mafias de toda índole. Identificar o construir un liderazgo, seguramente colectivo, donde tengan asiento, entre otros muchos, los intereses de los que hasta ahora han sido marginados de las decisiones políticas e históricas de este país; un liderazgo comprometido con un verdadero Estado Social y Democrático de Derecho; un liderazgo que el único protagonismo sea la edificación de una nueva Colombia, incluyente y libre de las desigualdades arbitrarias promovidas por la marginalidad social, política y económica.

No hay una absoluta confianza en el Gobierno Nacional, pero de ahí debe partir la iniciativa, de convocar a los colombianos y colombianas que posean un alto perfil moral y aceptación en la sociedad. Somos nosotros inicialmente los que debemos examinar atentamente las distintas propuestas que existen para emprender cuanto antes la desarticulación de la maquinaria de consternación y sangre que genera el conflicto armado interno, antes que pensar en un país (o grupos de países) amigo o un organismo multilateral. Un tercero, sería una buena alternativa en caso de no poder encontrar internamente, consensos para un liderazgo colectivo nacional.

Edición N° 00298 – Semana del 13 al 19 de Abril de 2012
 
 
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