Semanario Virtual Caja de Herramientas
 
 

La Cumbre de las Américas y el nuevo escenario de tensiones entre Norte América, América Latina y el Caribe

  Gabriel Bustamante Peña
  Asesor Jurídico-Político, Corporación Viva la Ciudadanía
   
 

Hoy, Estados Unidos ya no invade los países latinoamericanos y del Caribe, derroca gobiernos e impone dictadores, como fue la práctica generalizada de sus relaciones con el hemisferio sur del continente durante todo el siglo XX. Tampoco encuentra en la mayor parte de la región gobiernos vasallos y, por el contrario, asiste a una rebelión latinoamericana con diferentes matices que van desde la radicalidad del discurso antimperialista del presidente venezolano Hugo Chávez, la descolonización que implica la llegada al poder de Evo Morales en Bolivia, o el desafío que plantea el Gobierno de la presidenta Dilma Rousseff, que se empodera como la líder de la potencia económica y política que es hoy Brasil, y exige trato entre iguales a EEUU y Canadá.

Es más, hoy el mismo Gobierno estadounidense refleja en su propio Presidente que tanto al interior, como al exterior, está sufriendo cambios, para no ir más allá, sería imposible señalar de racista a una nación cuyo principal líder es de los pocos mandatarios negros que tiene el continente.

Sin embargo, que todas estas circunstancias muestren un falaz mejoramiento cualitativo en las relaciones entre Norte América y Latino América y el Caribe, no quiere decir que los conflictos históricos hayan disminuido y mucho menos desaparecido, simplemente se han transformado en el marco de una globalización que impone nuevas formas de dominación cultural, colonización transnacional e imposición disfrazada de democracia en los organismos internacionales.

Así la consigna sea la integración, en la práctica lo que se impone es la norteamericanización, o la macdonalización de nuestros pueblos, y la subordinación de nuestros Estados, que no son vistos como socios, sino como mercados a conquistar preferencialmente por las transnacionales y potencias del Norte a través de desventajosos TLC.

Por eso, más allá de las tensiones evidentes que salieron a flote en la VI Cumbre de las Américas como el tema de la exclusión y el bloqueo anacrónico que sufre hoy Cuba, o la insostenible situación de colonialismo militar que representa el conflicto de las Malvinas, que causaron la ausencia del presidente ecuatoriano Rafael Correa, el retiro prematuro de la presidenta argentina Cristina Fernández y el presidente boliviano Evo Morales, y que impidieron llegar a una declaración final colocando además en riesgo la realización de la próxima Cumbre en Panamá en el 2015; de fondo, lo que se jugaba en el encuentro más importante de la región era la disputa por modelos políticos distintos entre la postura tradicional y neoconservadora del norte y el reclamo de una nueva mirada en el continente, donde América Latina está exigiendo cambios revolucionarios y transformadores.

De ahí que temas neurálgicos como la lucha anti drogas, no deben verse a la luz de la racionalidad política sino en el marco de la estrategia histórica de dominación e intervención militar de nuestros territorios, y por ende, no susceptible de negociación por parte de EEUU y Canadá y mucho menos la posibilidad que una nación que representa la rebeldía histórica a los intereses norteamericanos fuera aceptada oficialmente para hacer parte de las próximas cumbres, ya que sería ingenuo pensar que el castigo y el escarnio público que se le infringe hoy a Cuba dependiera del consenso americano y no de la demostración de poder ante la sublevación insolente de la isla.

Por otro lado, está el tema de la pobreza extrema que crece en el continente a la par con la desigualdad social y reflejan otro gran campo de tensión entre las dos Américas y un aire de reclamo por años de políticas económicas fallidas, y que fueron implícitamente impuestas desde el norte. Políticas que causaron la pauperización social de grandes cantidades de la población y que son directamente proporcionales al enriquecimiento criminal de unos pocos, situación que ha pasado de grave a inaceptable en muchos países latinoamericanos y que ha hecho que nuestra región ocupe el vergonzoso primer lugar en desigualdad social en el planeta.

Por lo demás, esta Cumbre es más destacada por lo que calló que por lo que dijo, como que mientras los ciudadanos sufren los embates del desempleo y la crisis económica, las grandes transnacionales se benefician de la flexibilización laboral y aprovechan las ventajas de los mercados financieros; o que la integración de las Américas debe hacerse primero desde un aspecto humano, desde nuestros pueblos, y no como hasta ahora ha sido desarrollada como una simple expansión de mercados que pasa por encima de comunidades tradicionales, y destruye bajo está lógica nuestros recursos naturales y nuestro ambiente; o que siendo Colombia el país sede no se fuera capaz de hacer un llamado a todas las naciones del continente para que nos apoyaran a retomar las banderas del diálogo y la negociación política como el camino a seguir en la búsqueda de poner fin al cruento conflicto armado que sufrimos.

Por eso, el mayor logro de la Cumbre es también su mayor fracaso, una discusión tan franca y sincera como la llamó el presidente Juan Manuel Santos, que por lo mismo, no podía llegar a ningún lado.

Edición N° 00299 – Semana del 20 al 26 de Abril de 2012
 
 
Importante: Cada autor es responsable de sus ideas y no compromete el pensamiento de Viva la Ciudadanía. Se permite la reproducción de nuestros artículos siempre y cuando se cite la fuente.
 
   
 
 
comentarios suministrados por Disqus