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Izquierda colombiana: dispersión y reagrupamiento

  Fernando Dorado
  Activista social
   
 

La izquierda colombiana –especialmente el Polo Democrático Alternativo– entró en una creciente etapa de dispersión. Es –a la vez– una nueva fase de reagrupamiento en torno a proyectos alternativos. Puede traer resultados positivos o negativos de acuerdo a la madurez o inmadurez con que se maneje el proceso de separación y/o nuevas unificaciones.

La dispersión puede ser mediante separaciones tranquilas o –como ya ocurrió en el caso de Petro–, traumáticas y conflictivas. También, depende de la forma como se aborden los nuevos reagrupamientos que pueden ser uniones por conveniencia o reagrupamientos auténticos y creativos.

Es difícil – se entiende – reconocer la necesidad del divorcio. Sin embargo, la mejor forma de actuar, la más sana, es aceptar la realidad. Para ello es necesario remitirse a las causas que provocan tal situación. Dichas causas se pueden clasificar entre aquellas que vienen desde el momento del “casorio”, y las que se relacionan con el proceso de vida en común.

Las primeras se refieren a las condiciones en que se une la “pareja”, si es un matrimonio por conveniencia, concertado por intereses materiales de los contrayentes o de sus allegados, o si es una unión “integral”, fruto de una aceptación plena y madura.

Las segundas tienen que ver con la vida “matrimonial”. Pueden ser de acercamiento armónico (etapa de conocimiento mutuo, de construcción de lazos de afecto, conquista de logros conjuntos y comunes, etc.) o de distanciamiento creciente (donde se alimentan celos, enfrentamientos, desamores, rivalidades, etc.). Por lo general, ambos tipos de comportamiento se manifiestan en forma entrelazada y compleja, agudizando y tensionando las “situaciones de equilibrio inestable”1.

El matrimonio por conveniencia y sus consecuencias

En el caso del Polo Democrático Alternativo los problemas vienen desde el momento mismo de su conformación. Fue un matrimonio múltiple por conveniencia. Todos los sectores comprometidos ganaban con el acuerdo marital – provocado y motivado por la aprobación de la reforma política de 2003 –. Consecuentemente, todos los sectores obtuvieron logros y beneficios iniciales.

Una de las mayores deficiencias que tuvo el acuerdo de vida jurídica en común, fue que mientras unos sectores le dieron máxima importancia a los postulados programáticos (propósitos del matrimonio, “ideario”), otros sectores – más pragmáticos – no se preocuparon al detalle del asunto. Éstos últimos que estaban en ese momento más preocupados por asuntos prácticos de la política electoral (Alcaldía de Bogotá, etc.) se dejaron llevar al terreno de construir un contrato (“ideario” y estatutos) que correspondía a una especie de matrimonio canónico (“sólo la muerte nos separa”), mientras que el proceso en desarrollo solo daba para establecer un “frente electoral” (oficializar y reglamentar el matrimonio por conveniencia).

En realidad las condiciones y la calidad de las fuerzas y relaciones establecidas sólo daban para realizar un matrimonio civil y “moderno” – con cláusulas precisas y claras respecto de las condiciones para la separación y otros asuntos relacionados (capitulaciones)  –, lo que hubiera permitido una convivencia más libre, flexible, basada en confianzas en construcción y no en principios y propósitos absolutos propios de un partido completamente estructurado.

En los matrimonios entre las personas pasa que entre más libertad haya para la separación más posibilidades de mantenerse unida tiene la pareja, mientras que en las relaciones “cerradas”, donde las ataduras legales y los intereses en juego maniatan a las personas, la convivencia se deteriora a niveles inimaginables. Esto último fue lo que sucedió en el Polo.

Es decir, no fuimos conscientes de que el matrimonio era por conveniencia, idealizamos la unidad (el supuesto amor), y construimos un contrato que sólo una parte de los cónyuges se leyó hasta en la letra menuda. Error de apreciación y valoración inicial.

Aquí existe una gran paradoja. Mientras que la pareja que exigía un contrato detallado y “bien molido” nunca estuvo dispuesta a entregar sus activos y pertenencias a la unión conyugal (el MOIR y el PCC nunca han estado dispuestos a diluirse), la otra pareja (PDI) en medio de su pragmatismo – que en este caso fue una especie de liberalidad irresponsable – diluyó sus fuerzas con cierto desparpajo, conscientes sí de que sus mínimos ideales y sus activos militantes afectivos estaban construidos desde mucho tiempo atrás (vida y experiencia adquirida en el M-19 y en otras experiencias políticas).

Son paradojas de ésta interesante experiencia política, que bien asimilada nos puede enseñar mucho hacia el futuro.

La convivencia

Viene la etapa de convivencia. En una primera fase ésta unión de hecho y de derecho estaba representada por dos personas supremamente preparadas, maduras, inteligentes, idealistas y a la vez prácticos. Ello se convirtió en una verdadera luna de miel para el Polo y en una esperanza para el pueblo colombiano.

Carlos Gaviria Díaz y Antonio Navarro Wolf, no eran dos novios enamoradizos que se dejaran llevar por el arrebato. Ellos sí que entendían bien su casamiento. Ambos colocaban idealismo, principios, generosidad; se entregaron con alma y cuerpo a armar la estructura, a construir el partido, creyendo de verdad en el proyecto. Cada uno con su estilo y método, con su visión democrático-liberal y una alta carga espiritual y social, aportaron lo mejor de sí mismos a la tarea sublime de organizar a los verdaderos demócratas y al pueblo colombiano en un proyecto político con perspectivas de gobierno y poder.

En la práctica el matrimonio por conveniencia – en cabeza de estas dos figuras de la izquierda colombiana – empezó a consolidar el matrimonio, aunque por dentro, y esa es una de las causas visibles del resultado final, cada uno de los sectores y demás personalidades que estaban comprometidos en ese matrimonio, no lograban asimilar los diversos comportamientos y procesos que hacían viable – hasta entonces – la experiencia conjunta.

Pasa como en los matrimonios inicialmente exitosos. La unión de intereses catapulta los esfuerzos de cada cual, y cada uno obtiene triunfos significativos (Alcaldía de Bogotá, importante votación a la presidencia, acceso a diversos cargos de elección popular), pero a la hora de compartir esos logros se dan cuenta que tienen convicciones y formas de ver el mundo de manera diferente.

Podríamos decir que en la hora de compartir lo logrado es donde aparecen las desavenencias. ¡El matrimonio no maduró! ¡No se estaba preparado para el éxito! ¡Faltó pasar por las penurias para consolidar la unión! A la hora de ser gobiernos – locales y regionales – y de ejercer funciones administrativas y políticas… ¡saltaron las diferencias!2

Después, lo que ocurrió ya lo sabemos todos. Antonio Navarro Wolf, sin que se discutiera en colectivo, prefiere irse a hacer política y administración en Nariño. Su lugar lo ocupa – en medio de empellones con otros dirigentes provenientes del PDI – Gustavo Petro. La otra cabeza de la pareja, Carlos Gaviria, no se entiende con su remplazo. Es importante anotar que nunca se oficializó esa sucesión mediante algún tipo de acuerdo. Por el contrario, desde el principio se presentaron roces y desavenencias frente a una serie de comportamientos no consultados ni acordados – especialmente la actitud de Petro frente al conflicto armado –. Es así como poco a poco Carlos Gaviria termina por alinearse al lado de quienes inicialmente conformaban Alternativa Democrática AD (MOIR, PC y otras agrupaciones).

La aparición de los hijos

Ante la ausencia de Antonio Navarro, la cabeza bipartita del Polo Democrático Alternativo se resquebrajó. No se mantuvo el balance inicial que garantizaba ciertos niveles de equilibrio dinámico. Mientras tanto, los hijos del matrimonio – todos “entenados”, es decir obtenidos por cada sector en casamientos anteriores –, van asumiendo mayor protagonismo y se inicia una alocada carrera por la “sucesión”. El I Congreso del Polo fue una expresión de esa lucha.

Así, en ese ambiente de rencillas, cundió el desorden. Llegó a la Alcaldía de Bogotá Samuel Moreno, quien en medio de la disputa también quiso construir su propia carrera hacia la Presidencia de la República, y como el matrimonio estaba en plena disputa, nadie se apersonó de controlarlo, de exigirle un mínimo de comportamiento acorde con el contrato (“Ideario”), y así sucedió lo que tenía que suceder.

Esta situación que se presentaba a nivel nacional – de una u otra manera – se replicaba en las regiones y localidades. Cada sector trabajaba para su grupo y supuestamente para el Polo. No se construyeron relaciones estrechas, trabajos y logros verdaderamente conjuntos y colectivos. Y así, la lucha por monopolizar las conquistas y espacios que se fueran obteniendo enfrentaron a los hijos y herederos del proceso.

Siguiendo con la analogía del matrimonio, éste no produjo hijos “propios”. Por el contrario, cuando ya era evidente que ese maridaje no duraba mucho, en las últimas elecciones (2010) se arrimaron nuevos parientes para participar y aprovecharse de los últimos réditos que podía producir el proyecto en sus últimos días de esplendor. Y así fue, así ocurrió. Hoy, ya no están o si están lo hacen formalmente por el problema del aval.

El panorama actual

En términos generales hemos descrito lo ocurrido con el Polo Democrático Alternativo, porque de alguna manera en ese proyecto fincamos las esperanzas o estuvimos a la expectativa todas las fuerzas y personas que nos consideramos de izquierda en Colombia. Incluso, personalidades y sectores de diversas tendencias políticas – no propiamente de izquierda – también estuvieron expectantes sobre el devenir y el futuro del proceso.

Hoy el panorama – mirado en su conjunto y en forma sintética – se está configurando de la siguiente forma:

1. La pareja inicial (PDI-AD) terminó separada. Algunos parientes “se abrieron” sin hacer mucho ruido. Lucho Garzón lo hizo una vez salió de la Alcaldía de Bogotá. Otros como Angelino Garzón, de tiempo atrás ya había mostrado que podía pasar sin mayor rubor de una familia a otra, cuadrándose con quien mejor oferta le hiciera. “Gajes de la política”, dirá cínicamente.

2. Una parte pequeña del PDI (Anapistas, Dussán y otros), se quedaron en el Polo al lado del MOIR y una parte del PCC. Éste último partido está sufriendo su propio viacrucis fruto de haber estado dentro del gran matrimonio sin ser consciente de todos los riesgos y sin darse cuenta de que nuevas fuerzas sociales reclaman nuevos desarrollos políticos.

3. Los demás grupos que provienen de otras tendencias políticas nacionalistas, socialistas, etc., se están arrimando paulatinamente a dos procesos socio-políticos con alto contenido social (Congreso de los Pueblos y Marcha Patriótica) que aspiran a recoger algunos de los resultados (haberes, elaboraciones, influencias) que fueron fruto del proceso del Polo o que han venido construyendo por cuenta propia.

4. El grueso del PDI - que salió con Petro – ya tienen la figura de “movimiento progresista” con un origen netamente ciudadano. Están en el proceso de asimilar lo ocurrido y de organizar su propio proyecto político. Dependen en gran medida de los resultados del ejercicio que pueda realizar Petro en el Distrito Capital, lo cual puede facilitar que el proyecto nacional se vaya consolidando paulatinamente desde las regiones, y que después de todo lo sucedido se afronte la construcción de “Progresistas” mediante un proceso más meditado y pausado.

5. En el caso de otros sectores que estuvieron a la expectativa de integrarse al Polo pero que por motivaciones de diverso tipo no dieron el paso (liberales, ASI, comunales, verdes), ya están en el proceso de búsqueda de una alternativa política conveniente.

Algunas reflexiones para el futuro inmediato

Lo que estamos describiendo es lo que ocurrió y está en pleno desarrollo. No se trata de “echar culpas” y “rasgar vestiduras”. “A lo hecho pecho”. Ante los nuevos reagrupamientos debe haber el mayor respeto y consideración, alimentando desde un principio una actitud de solidaridad y comprensión.

Al fin y al cabo, Colombia como Latinoamérica es fruto de un desarrollo complejo, desigual, no lineal. Nuestra composición étnica es diversa, el desarrollo económico es desigual en las regiones, hemos vivido etapas y tiempos de desarrollos superpuestos, y las diversas clases y sectores de clase se manifiestan por medio de diferentes propuestas políticas. Es natural que existan muchas tendencias, el arte es juntarlas para cada coyuntura de acuerdo a las necesidades del movimiento.

“No pudimos en éste nuevo intento”. Sin embargo, las necesidades políticas del pueblo para enfrentar los graves problemas que estamos viviendo deben hacernos reflexionar para que nuevos procesos de unidad puedan fructificar en beneficio de las mayorías nacionales.

Lo principal es aprender de la vida, de la experiencia. La izquierda colombiana – a pesar de estar pasando por un mal momento – muestra, con la aparición de otras propuestas alternativas (Congreso de los Pueblos, Marcha Patriótica y “Progresistas”) que tiene las suficientes reservas para reconstituir un proyecto en el que indudablemente estará el Polo Democrático Alternativo, que a pesar de los deslizamientos que pueda tener, mantiene fuerzas cohesionadas que no van a dejar perder sus principales herencias y van a tratar de ponerse a la altura de los retos.

La principal lección tiene que ver con los errores y equívocos que surgen de querer construir estructuras “cerradas” cuando la vida nos viene demostrando que los sistemas vitales, sociales y mentales requieren de estar en permanente retro-alimentación con el entorno. Es indispensable entender que los “equilibrios” sólo son temporales, que las energías acumuladas inevitable y permanentemente entran en fases de “disipación”, y que por lo tanto, debemos estar en disposición de morir a diario y vivir en una especie de “desequilibrio moderado y controlado”.

En América Latina frente a los bloques de poder oligárquico e imperial han triunfado movimientos plurales, coaliciones de diferentes sectores que en unas partes asumen la forma de “movimiento”, en otras de “frente”, en los que unos sectores y/o personalidades más preparados para interpretar los intereses y el “estado” de las masas populares, los han liderado, pero en donde los demás sectores están a la expectativa de relevarlos en el momento más conveniente.

Es la lucha de contrarios. Es el desarrollo de “complejidades no lineales” que deben ser entendidas en toda su dimensión para apuntar al eslabón que controla toda la cadena durante un momento – un tiempo – y que, así mismo, es seguido de otros momentos – otros tiempos –. Si entendemos esas temporalidades, podremos acertar y darle continuidad a nuestros esfuerzos y aciertos.

La tarea del momento es realizar bien los reagrupamientos, sin vanguardismos y descalificaciones a los otros proyectos políticos. Asimilar las duras lecciones del pasado, afrontar y compartir los espacios y luchas del movimiento social con mucha madurez y apertura mental (ejemplo que ya nos dieron los estudiantes), no despreciar ningún campo de acción de la izquierda en donde podamos arrebatarle poder a la oligarquía, saber que nuestro país es hoy mayoritariamente urbano, donde han aparecido nuevos sectores sociales como los trabajadores “precariados” y el “proletariado informalizado” que requiere en las ciudades y centros urbanos de trabajos políticos de nuevo tipo, que todos podemos crecer y multiplicarnos siempre y cuando aprendamos y nos dejemos conducir de nuestro pueblo, que a diario envía mensajes de urgencia pidiendo espíritu amplio, flexibilidad, comprensión humana y capacidad crítica.

La aparente dispersión puede ser transformada rápidamente en un nuevo tipo de unidad, más respetuosa y creativa, en donde cada fuerza identifique sus fortalezas y potencialidades así como sus debilidades y amenazas. No es difícil darle un vuelco a la situación, todo depende de la generosidad y de la convicción que le pongamos.

Esperamos que este aporte contribuya con esa tarea.

Edición N° 00299 – Semana del 20 al 26 de Abril de 2012

1 En realidad todas las situaciones de la vida material, física, social, mental, son de “equilibrio inestable”. Ver: “Termodinámica y complejidad. Una introducción para las ciencias sociales y humanas” de Carlos Eduardo Maldonado. http://www.carlosmaldonado.org/articulos/Termodinamica.pdf

2 El tema de “cómo ha gobernado el Polo” no se ha explorado y estudiado suficientemente. Pero sí es un tema a profundizar dado que ha sido un Talón de Aquiles para la izquierda colombiana y está en el centro de los debates de los movimientos democrático-nacionales del continente americano.

 
 
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