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Los verdes se cocinan en salsa tradicional

  Ricardo de Lima
  Profesor universitario – Ensayista
   
 

Se ha destapado un amplio debate sobre una posible purga en el seno del Partido Verde en contra de los disidentes de la representante a la Cámara Ángela María Robledo y el senador John Sudarsky, quienes han realizado en general una buena labor parlamentaria alimentando debates relevantes de control político y animando la discusión de proyectos importantes como: la Ley Estatuaria de Participación Ciudadana que se discute actualmente en el Congreso de la República o los debates sobre los derechos de la infancia aún en contra de otros sectores de su propio partido político.

El origen de la purga está en la pugna que ambos congresistas mantuvieron en el pasado en contra de aceptar el respaldo del ex presidente Álvaro Uribe Vélez a la candidatura a la Alcaldía de Bogotá de Enrique Peñalosa Londoño, que barría en la práctica con uno de los eslogan de la campaña de Antanas Mockus a la Presidencia de la República en el año 2010 en la cual se enfrentó al hoy presidente Juan Manuel Santos. Ese eslogan era que “no todo vale” para enfrentar precisamente el pragmatismo oportunista y de derecha que caracterizó los ocho años de la presidencia de Álvaro Uribe Vélez que siempre prefirió lo que Antanas Mockus ha llamado la cultura del atajo para referirse a las falsas desmovilizaciones, a torcer el pescuezo a las leyes interpretándolas más allá de lo que la letra permitía o a los acuerdos secretos con los jefes paramilitares en la farsa de negociación que se hizo con ellos en Santafé de Ralito. Pero, también los dos congresistas se han preguntado por el viraje político que el Partido Verde, principal contrincante del presidente Santos en las elecciones de 2010, dio al anunciar su ingreso a la Unidad Nacional en donde no han brillado propiamente por su coherencia política. No sabemos qué piensa el Partido Verde de asuntos como: las licencias ambientales para el desarrollo de la minería a cielo abierto una de las cinco locomotoras del Plan de Desarrollo del actual Gobierno Nacional, tampoco sabemos qué piensan de la reforma a la justicia o al fuero penal militar para mencionar dos temas sensibles en el debate público del país en la actual coyuntura legislativa.

Las informaciones nos indican que se ha puesto en marcha una investigación en el Comité de Ética del Partido Verde en contra de Robledo y Sudarsky acusándolos de doble militancia y con el propósito de expulsarlos del partido. Como lo señaló en su más reciente columna de Semana el periodista Daniel Coronell, dicha comisión está conformada por fichas claves de Jorge Londoño el otro senador del Partido Verde y de Alfonso Prada, correctamente señalado por Coronell como el más fiel escudero de Enrique Peñalosa, y la perla de la cual no se han podido defender en los debates que se realizaron en la radio durante esta semana es que una de las denunciantes de los dos congresistas es María Clavijo la señora que sirve los tintos en la sede del Partido Verde. Estas investigaciones avanzan mientras que no sucede lo mismo por el apoyo que Enrique Peñalosa dio en la campaña pasada a un hijo del senador Roy Barreras del Partido de la U o al apoyó que la senadora Gilma Jiménez otra de las verdes dio a Federico Gutiérrez a la Alcaldía de  Medellín en contra de la decisión de los verdes de apoyar a Aníbal Gaviria. Esas son incoherencias menores frente a las mayores incoherencias que son de naturaleza política.

La verdad es que el Partido Verde no supo leer la Ola Verde que le dio brillo y lo dejó como contrincante en las elecciones de mayo del año 2010. Su candidato Antanas Mockus cometió muchos errores entre la primera y la segunda vuelta y esos errores se multiplicaron para las elecciones regionales de octubre del 2011. El primer y gran error consistió en su política de alianzas que distanció a Sergio Fajardo, que a la postre se convirtió en el mayor elector con una votación cercana al millón de votos como gobernador electo a nombre del Partido Verde en las elecciones para la Gobernación de Antioquia. Desde la propia campaña Fajardo se distanció de las directivas verdes y en esa posición se mantiene. Pero, los dos errores garrafales vendrían el primero y fue la alianza con Álvaro Uribe quien apoyó e hizo campaña al lado de Luís Eduardo Garzón para la Alcaldía de Bogotá con Enrique Peñalosa quien en verdad ha sido un uribista poco vergonzante, con ello pelaron el cobre y se convirtieron en  aliados de lo que criticaron apenas unos meses antes. El oportunismo lo pagaron en las urnas cuando su candidato fue derrotado por Gustavo Petro a la Alcaldía de Bogotá. Como se sabe Antanas Mockus se retiró del Partido Verde por no compartir esta alianza y montó toldo a parte, primero como candidato independiente y luego apoyando a Gina Parody a la Alcaldía de Bogotá.

El segundo error garrafal ha sido su ingreso a la mesa de la Unidad Nacional sin que la opinión pública sepa muy bien a qué obedeció ese cambio y qué es lo que hacen en la Mesa de Unidad Nacional. Era más coherente la postura inicial de apoyo independiente y critico del Gobierno, pero, en esa postura apenas estuvieron unos cuantos meses. Ahora forman parte del Gobierno no se sabe muy bien a cambio de qué, ni cuáles son los proyectos que buscan impulsar desde esa nueva postura. El verde se cocina en la salsa de la política tradicional y reproduce los viejos vicios de la politiquería tradicional colombiana.

Edición N° 00301 – Semana del 4 al 10 de Mayo de 2012
 
 
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