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Las encuestas y la ecuación de Uribe contra Santos

  Ricardo García Duarte
  Politólogo – Ex Rector y Director IPAZUD
   
 

Los vientos de la opinión, favorables al barco de Juan Manuel Santos, ya no soplan con tanta fuerza como antes. No curvan con la misma intensidad su velamen.

Es lo que indican las últimas mediciones de su aceptación por el público. De cuatro encuestadoras que hicieron estudios en los últimos días de abril, tres dejaron ver un descenso.

De ellas, la de Napoleón Franco, que hizo su trabajo para RCN y Semana, señaló una franca disminución en la cota de popularidad del Jefe de Estado. Esta habría bajado del 73% de apoyo registrado en los comienzos de su mandato, al 58%, en la actualidad. Un cambio en las cifras indicativo de una caída en 15 puntos porcentuales; por cierto nada despreciables en las consideraciones que todo Gobierno hace sobre sus necesaria sintonía con la opinión pública.

Aunque el 58% es todavía un porcentaje razonablemente satisfactorio, el problema mayor no radicaría tanto en la simple disminución en las preferencias ciudadanas, cuanto más bien en la eventualidad que el bajón esté consolidando una tendencia.

Que es en efecto lo que mostrarían las mediciones durante lo que va del mandato de Santos. Una pequeña caída tras otra en la aprobación que los individuos encuestados expresan, estaría configurando una línea de actitudes que va hacia abajo. Se trataría de una curva descendente y no de pasajeros altibajos, de meros cambios de humor de un día para otro.

Si los datos que contiene la encuesta fueran fidedignos, el gobierno de Santos estaría enfrentando un ritmo negativo, lento pero inexorable, de erosión popular, cuantificable en casi un 0.8% mensual; no muy lejos del 1% como pérdida cada 30 días.

A esa velocidad (se trata apenas de un cálculo muy hipotético), podría estar tocando el piso del 50% dentro de 10 meses. Y todavía con 17 meses por delante antes que concluya su mandato y, lo que es más significativo aún, con unos 14 meses de Gobierno y de retos frente a sus gobernados, antes que se las tenga que ver con el compromiso que supone una segunda vuelta en las elecciones presidenciales de 2014.

Naturalmente, la tendencia se puede revertir hacia arriba o, por el contrario, tornarse más pronunciada hacia abajo. No es posible saberlo, sin conocer el futuro. Y cualquier ejercicio adivinatorio al respecto es vano; como no sea para que alguien le dé rienda suelta a sus deseos, cualquiera sea el sentido de estos.

Más relevante quizá lo sea el ensayo de poner en relación tales cambios en la reacción de los ciudadanos, con las apuestas que intervienen en la competencia por el poder.

Esta última – no hay que olvidarlo – cuenta con dos elementos relativamente nuevos de cara a las próximas elecciones por la presidencia. Uno de esos elementos es del orden institucional y pertenece a una de las últimas reformas referidas a la estructura de poder. El otro corresponde más a la coyuntura y tiene que ver con la composición de la coalición gobernante y con las tensiones que en su interior circulan.

El primero está formado por la reelección presidencial, introducida en el orden constitucional. El segundo elemento lo está – qué duda cabe – por la fractura en ciernes entre el santismo y el uribismo.

Bajo tales condiciones, el país político está ante una disputa por la Presidencia en 2014 cuyas primeras de cambio comienzan desde ahora a hacerse sentir y que va a contar con el Presidente como uno de los candidatos que toma parte en la carrera presidencial, pero eso sí ya sin el respaldo garantizado de toda su coalición de Unidad Nacional; la que eventualmente se partiría en dos (pero no necesariamente en mitades), a causa de la fuga de un uribismo puro y duro lanzado a la oposición. Vale decir: a una oposición empeñada en hacer fracasar la reelección del candidato – presidente y que podría tomar cuerpo en un movimiento con listas y candidato propio. Aglutinado por cierto en torno a la figura de Álvaro Uribe Vélez. Quien intentará por lo demás capitalizar cualquier fallo, presunto o real, del Gobierno, en aquel campo que constituye el fuerte del expresidente, la llamada Seguridad Nacional.

Los riesgos de Santos estriban en que la empresa de Uribe consiga tomar el vuelo suficiente como para forzar al presidente a una segunda vuelta en la elección presidencial, con todas las incertidumbres que esto supondría.

Para que las cosas caminen en ese sentido, la suerte de Uribe Vélez y de su movimiento tendría que apoyarse en la siguiente ecuación: que el desgaste de Santos y el trinar infatigable del uribismo – como dos factores que se retroalimentan – resultaren en la conformación de un polo de atracción con posibilidades de atravesársele a la reelección del presidente. Tal es la aventura política del expresidente; o al menos la de sus alfiles; confiados todos como están en el anclaje que el primero ha tenido hasta ahora en la masa de los electores.

En manos de Juan Manuel Santos está, a su turno, una partida con cartas en la que estaría obligado a neutralizar las transferencias de apoyo popular que se desprendan desde su Gobierno hacia el movimiento de Uribe. Es decir: tendría que romper la ecuación que lo perjudica. Aunque también atajar la posible hemorragia de políticos dentro de La U y dentro del conservatismo que se vieran tentados a engrosar las filas del nuevo movimiento retador.

Para atajar a estos últimos tiene el poder del Gobierno, los recursos presupuestales y los puestos. El problema es que para frenar el desplazamiento de la opinión, sobre todo la de los estratos 1, 2 y 3, que es en donde más se percibió la caída, hacia la oposición personificada en su antiguo jefe, sólo tiene como baza la decisión de ejecutar una política pública que se traduzca en beneficios dentro del campo de lo social.

Pero, la dificultad que se atraviesa en este camino es la duda de si su Gobierno tiene el tiempo, la consecuencia y la firmeza para emprenderla; de modo que su impacto sea real, sin que se diluya en ofertas materializables a medias, únicamente.

Edición N° 00300 – Semana del 4 al 10 de Mayo de 2012
 
 
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