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Lucha social y lucha política

  Fernando Dorado
  Activista social
   
 

Todas las señales indican que Colombia entrará en una nueva fase de movilización social. Las protestas por uno u otro motivo están creciendo y los niveles de coordinación entre las organizaciones sociales y políticas están en pleno auge. La aparición de nuevas expresiones socio-políticas (Marcha Patriótica, Congreso de los Pueblos) es parte de ése proceso.

Motivaciones no hacen falta. Los temas con más acumulado social están relacionados con la conquista de la Paz, la crisis del sector de la salud, los servicios públicos, el desempleo y la precarización de las condiciones de trabajo, además del tema de la educación superior que quedó planteado desde el año pasado con la movilización universitaria, entre otros.

El Gobierno de Santos, a pesar de los anuncios que ha hecho sobre generación de empleo, crecimiento económico, recaudación récord de impuestos, y ampliación de servicios estatales para los sectores más pobres y vulnerables de la población – restitución de tierras, reparación de víctimas, planes de vivienda gratuita, asistencia a los damnificados del invierno y otros – parece encontrarse en afujías presupuestales para cumplir lo prometido (no es casual que se esfuerce tanto para camuflar de progresista su reforma tributaria).

¡Es la hora de la movilización social! ¡Es el tiempo de la lucha directa!, se afirma con optimismo en los círculos de izquierda y en el seno de las organizaciones sociales. Algunos cambios en las cúpulas de las organizaciones populares (caso de la CUT) así permiten preverlo. Hasta el presidente de la CGT (quien es gobiernista) se muestra opuesto a algunas políticas laborales del gobierno (pensiones y otras), lo que ya es un buen indicador.

En Colombia tenemos una rica experiencia en movilización social, pero la característica a resaltar es su profunda dispersión. Desde 1977 no se realiza en Colombia un paro general de trabajadores o un Paro Cívico de connotaciones nacionales. ¡35 años de luchas sectoriales sin contundencia nacional! Eso es mucho, y en ello tiene gran influencia y responsabilidad la dispersión y la poca capacidad de unión de la izquierda.

Por ello, ante el despertar del movimiento juvenil universitario en octubre de 2011 muchas personas lo elevaron a categoría de histórico, ya que en gran medida es uno de los pocos movimientos nacionales que hemos tenido en las últimas décadas. ¡En buena hora!

Para que el nuevo ascenso de las luchas sociales signifique una efectiva acumulación de fuerzas que no sólo ponga en entredicho la estabilidad del gobierno de “unidad nacional”, sino que cuestione y afecte la hegemonía política de las clases dominantes, es necesario que dichas acciones superen las grandes limitaciones que hemos tenido en el pasado.

Para hacerlo se debe teorizar sobre el movimiento social, derrotar una serie de mitos, incomprensiones y desviaciones, que están en la base de nuestras frustraciones. En ese análisis de la relativa debilidad del movimiento social en Colombia debemos anotar falencias de carácter político y conceptual que contribuyen con esa situación.

El tema crucial vuelve a ser la relación entre los social y lo político. Lo que hoy ocurre en el mundo debería servirnos de lección. En los países árabes y europeos los partidos políticos más organizados (musulmanes en Túnez y Egipto, socialistas en Francia y Alemania) son quienes están canalizando las protestas populares que derrocaron a Ben Alí y Mubarack, y la inconformidad con la gestión económica de la derecha en Europa.

En Colombia, a la par que se desarrollen importantes movilizaciones sociales es muy importante que las izquierdas se unifiquen. No sólo para canalizar acertadamente los efectos de las protestas sino para que haya consenso al estimularlas, con tacto y respeto, con pluralismo en el manejo de las relaciones con las organizaciones sociales, respetando la relativa autonomía e independencia que debe caracterizar al movimiento social, para que estas luchas sean contundentes y masivas.

Sólo si la izquierda se unifica – no para hacer proselitismo al interior del movimiento social – sino para ayudar a colocarle contenido político y orientaciones claras, se podrá aprovechar la nueva oleada de protestas que se avecinan para no sólo afectar la estabilidad del gobierno santista sino para retomar con un ritmo creciente y permanente el fortalecimiento del movimiento social, no para que éste reemplace a las organizaciones políticas (como algunos pretenden) sino para retroalimentarse mutuamente.

La tarea está sobre la mesa. Si las organizaciones políticas de izquierda y democráticas colombianas se unifican al calor del movimiento social, si hacen a un lado sus apetitos burocráticos y despliegan una acción unificada en torno a los problemas acuciantes que sufre la sociedad colombiana (conquista de la Paz; cambio del modelo de la salud; educación superior gratuita, de calidad y a cargo del Estado), de seguro se llegará al 2014 en condiciones para enfrentar con fuerza y dignidad la reelección de Santos.

Tal acción permite acumular fuerzas y prepararnos para que en 2019 podamos – ciertamente – celebrar con fuerza y unidad, la Segunda Independencia de Colombia.

Edición N° 00303 – Semana del 18 al 24 de Mayo de 2012
 
 
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