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Las secuelas del atentado terrorista
y la salida política al conflicto armado

  Pedro Santana Rodríguez
  Presidente Corporación Viva la Ciudadanía
   
 

El atentado terrorista del martes 15 de mayo en contra del exministro Fernando Londoño Hoyos ha vuelto a polarizar el ambiente político y sobre todo ha profundizado el enfrentamiento entre la derecha uribista y el centro derecha  del presidente Juan Manuel Santos, en torno al tema de la salida política negociada al conflicto armado que vive el país desde hace ya más de 50 años. El ex presidente Álvaro Uribe ha utilizado el atentado para criticar los supuestos contactos que el Gobierno habría mantenido con las guerrillas para explorar caminos de negociación política y al mismo tiempo ha criticado el llamado marco jurídico para la paz, y ha logrado al menos por ahora arrinconar al presidente Santos que ha tenido que señalar que el marco jurídico para la paz no contemplaría la posibilidad que los comandantes guerrilleros pudiesen llegar al Congreso de la República. Esto lo ha reiterado en varios encuentros y frente a los altos mandos de las Fuerzas Armadas gubernamentales.

Los autores del atentado que aún no se sabe quiénes fueron sembraron nuevos vientos de guerra y profundizaron la controversia en el seno de la coalición gobernante. Por una parte se alinderan las fuerzas de la derecha tradicional al lado del ex presidente  Uribe que no sólo se opone abiertamente a un proceso de negociación sino que además se opone y critica la ley de víctimas que tiene como propósito fundamental reparar a los casi seis millones de víctimas que ha dejado el conflicto armado. Montado en el caballo de batalla del deterioro del orden público y del resquebrajamiento de la llamada seguridad democrática, Uribe quiere alinderar una fuerza política que se oponga a la salida negociada. Este bloque ha logrado arrinconar al presidente Santos que no atina a liderar un acuerdo básico de fuerzas políticas y sociales que estarían decididas a apoyar al Gobierno en su empeño por buscar una salida política al conflicto. Santos vacila, no es claro en sus planteamientos y esa postura poco clara es aprovechada por Uribe para atacar al Gobierno.

El tema vuelve a ponerse sobre la mesa. En las más recientes encuestas los partidarios de una salida negociada superan el 52%. Habrá que ver los efectos del atentado en esa opinión pública, pero el hecho claro es que el Gobierno no se decide a encabezar un acuerdo básico y conformar un bloque político por la salida negociada y desde allí confrontar al uribismo. El Gobierno parece temer a la arremetida de la extrema derecha que es parte de su base electoral, máxime si como se rumora Santos ya habría decidido optar por un segundo período. La Paz y la salida negociada no encajarían en los presupuestos programáticos de la reelección de Santos. Pareciera que en el equipo de Gobierno se abre paso la teoría que este tema en vez de atraer electores los aleja. Pero, tampoco ayuda la arremetida de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, que han arreciado sus ataques a las Fuerzas Armadas gubernamentales con saldo de varias decenas de uniformados muertos en los enfrentamientos de las últimas semanas. Las FARC parecen haber asimilado los golpes duros que les han propinado las Fuerzas Armadas que los han desalojado de zonas que antes controlaban. Han vuelto a la guerra de guerrillas y desde el repliegue han comenzado a contraatacar a la Fuerza Pública. El espacio para avanzar en la búsqueda de mecanismos para la negociación es muy estrecho y tampoco ayuda la falta de resultados contundentes en la investigación sobre los autores del atentado al exministro Londoño Hoyos.

En esas estamos y la llave de la paz de la que tanto ha hablado Santos seguirá por ahora refundida en el bolsillo del presidente de la República. Los autores del atentado por lo pronto se salieron con la suya, sembraron nuevos obstáculos frente a una guerrilla que tampoco manifiesta una seria voluntad de paz. Ellos siguen en la lógica de acumular fuerzas para una eventual negociación y no dan el paso decisivo que es la renuncia a la lucha armada como forma de disputa para llegar al poder. A pesar que los datos indican que no cuentan con la más mínima posibilidad para avanzar en la conquista del poder por medio de las armas se niegan a reconocer que para avanzar en un proceso de paz se requiere precisamente de una postura clara de renuncia a las armas para el logro de las reivindicaciones que les dieron origen. Mientras no se produzcan esos profundos replanteamientos la salida negociada no tiene futuro.

Edición N° 00304 – Semana del 25 al 31 de Mayo de 2012
 
 
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