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¿Se embolata la llave de la paz?

  Fernando Dorado
  Activista social
   
 

En los propios bolsillos del presidente Santos se refundió la llave de la Paz. Sin darse cuenta, Santos – con la ayuda de la guerrilla y de sus propias vacilaciones – le ha entregado nuevamente la iniciativa a Uribe y a la extrema derecha colombiana. De ser llave de la Paz, se convirtió – por arte de la política – en cerrojo de la guerra.

El atentado contra el ex-ministro Fernando Londoño Hoyos – independientemente de la autoría – ha puesto en manos del “uribismo” el cerrojo de la guerra. Uribe ha ganado la iniciativa política. Rápidamente puso a la defensiva a Santos y ha obligado al presidente Chávez, en solidaridad con el primer mandatario colombiano y por motivación político-electoral, a tensionar sus fuerzas contra la guerrilla colombiana, lo cual coloca el escenario “patas arriba” frente a lo que sucedía con Uribe hace varios años.

Hace 6 años los gobiernos patriota y neogranadino se enfrentaban por causa de la guerrilla. Ahora se unen por ella. Mientras el gobierno de Uribe era aplaudido, el de Chávez era repudiado. Ahora, Chávez juega a la “mano dura” como muestra de respaldo a Santos, lo cual en Colombia no tiene mucha credibilidad, mientras que el gobierno de Colombia pierde reconocimiento en cuanto a estar haciendo bien la tarea contra-insurgente.

Son las paradojas de la lucha de contrarios. La polarización del país entre “uribismo contra-guerrillero” y un “santismo supuestamente dialogante” – así Santos sólo se haya decidido por el diálogo a nivel internacional –, va a invisibilizar a las fuerzas de izquierda que están quedando en un “sándwich de indefiniciones”.

Mientras que el uribismo juega inteligentemente aprovechando la nueva escalada de ataques desarrollados por la insurgencia armada y el atentado al ex-ministro, Santos vacila entre mantener amarrada la llave de la paz o hacer una propuesta clara y decidida sobre un posible acuerdo con la insurgencia.

Santos hace amagues, envía señales, se muestra dispuesto a negociar la paz con la guerrilla. La aprobación de la reforma constitucional, denominada “Marco jurídico para la Paz” es una de esas señales. Pero al no plantear con claridad los límites de esas negociaciones, le ha dado oportunidad al “uribismo” de poder colocar como parte de la reforma, en forma sofista y hábil,  aspectos que el pueblo colombiano – por ahora – rechaza tajantemente, como sería una amnistía o indulto y la posibilidad de que altos jefes de la guerrilla pudieran llegar a ocupar cargos de elección popular.

En ese sentido, a Santos se le ha embolatado en sus propios bolsillos la llave de la Paz. De tanto amagar con sacarla parece haberla perdido. Es más, con las jugadas políticas que ha realizado el uribismo y la ayuda militar de las FARC, más el respaldo de los comandantes retirados del Ejército, se tiende a reconfigurar el panorama que vivió Colombia a principios del siglo XXI, después del rompimiento de los diálogos del Caguán.

Respecto a la conquista de una Paz negociada hemos retrocedido en una semana lo que se había avanzado en un año y medio. El problema es que no se ha definido con claridad que tipo de Paz quieren los colombianos. Si es una “paz política”, una “paz con justicia social”, una “pacificación”, u otra fórmula que no ha aparecido.

La verdad es que mientras las fuerzas políticas en general – incluyendo a la izquierda y a la derecha – no construyan una sola fórmula sobre la base de un “acuerdo sobre lo fundamental”, la violencia en Colombia seguirá no sólo como está ahora, sino que se puede agravar a niveles ya vividos o peores.

Esto hace parte de la tensión controlada que le conviene al imperio y a las transnacionales. En ese terreno seguirán arrasando con el territorio y apoderándose de nuestras riquezas naturales. Es el conflicto manipulado del que salen beneficiados las altas cúpulas del ejército y toda clase de negociantes que hacen su agosto con la guerra.

Entre todos – víctimas de la guerrilla y de los paramilitares, militares y civiles, empresarios y políticos, ciudadanos de a pie – hay que reinventar la “Llave de la Paz”, pero no se puede dejar en los bolsillos de un presidente que a tres meses de cumplir su segundo año de Gobierno no ha podido quitarse de encima la sombra del “dueño del cerrojo de la guerra”.

Lo que es cierto es que el conflicto armado seguirá ocupando un lugar central – medular y determinante – en la vida del país. Así algunos no lo crean.

Edición N° 00304 – Semana del 25 al 31 de Mayo de 2012
 
 
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