Semanario Virtual Caja de Herramientas
 
 

Por el respeto

  Jorge Luis Villada
  Colaborador Semanario Virtual Caja de Herramientas
   
 

“En vista de cómo descartan a hombres y mujeres en función de un mercado de trabajo errático, cada vez más virtual, comparable a la “piel de zapa”, un mercado del cual dependen ellos y sus vidas pero que no depende más de ellos; de cómo con frecuencia no se les contrata ni se los contratará más, y cómo vegetan, sobre todo los jóvenes, en un vacío sin límites, degradante, en el cual se las ven negras; de cómo, a partir de entonces, la vida los maltrata y se la ayuda a maltratarlos; de que hay algo peor que la explotación del hombre por el hombre: la ausencia de explotación”

Viviane Forrester

El 15 de mayo del 2012 se empezó a aplicar el TLC, según lo acordado entre los presidentes Obama y Santos en la Cumbre de las Américas, día para el cual se programó el envío de un cargamento de hermosas flores colombianas a Estados Unidos, sin pago de aranceles, como expresión de la supuesta alegría de los pueblos. Con esta cortina de flores se pretendió ocultar el real impacto económico, social y político de este Tratado que fue aprobado por el Congreso norteamericano, precisamente el 12 de octubre de 2011. Esta fecha emblemática, conmemorativa de la llegada de los españoles al continente americano, para desgracia de los pueblos amerindios constituye hoy una afrenta para nuestra maltrecha soberanía, por cuanto que se decreta la recolonización de Colombia esta vez a manos de las multinacionales estadounidenses, las más poderosas del mundo.

Reflexionando sobre este hecho vino a mi mente el libro “El horror económico”, escrito por la francesa Viviane Forrester, cuya lectura sin pausa incidió mucho en mi estado de ánimo proclive al escepticismo. Éste libro me permitió reafirmarme con respecto a la conveniencia de mantener viva la llama del pesimismo militante, coraza espiritual pacientemente forjada en el yunque de las dificultades gracias al cual nos evitamos el disgusto de tragar entero o caer en la trampa retórica de los vendedores de pomadas milagrosas contra todos los males, cuyo propósito, puesto al desnudo, no es otro que arrebatarnos la posibilidad de vivir sin angustias un mal día, lo que marca la diferencia entre quienes hipotecan al futuro sus posibilidades de disfrutar la vida  y quienes no le apuestan a futuros mejores porque quieren vivir bien ¡ahora!

En efecto, los pesimistas al salir de casa somos conscientes de las dificultades que tendremos que enfrentar en el mundo exterior, en la calle, en la empresa, en la vida social y política, pero curados de sustos y de espantos asumimos tranquilos el reto porque estamos preparados para sortear todo aquello que sabemos forma parte de la cotidianidad. Si algo sale mal a pesar del intento, nuestra digestión no se perturba. Todo en la vida está determinado por probabilidades de acertar o errar es como un juego de azar: lo puedes perder así hayas jugado bien. Lo importante es “estar en la jugada”, pero en ello no te va la vida.

Retornando al principio, les confieso que el libro de Viviane me conmovió por la fuerza y emoción que imprime a lo que quiero caracterizar como una voz de alarma sobre el momento histórico que nos está tocando vivir el cual temo se prolongará por un tiempo largo, pues no se vislumbra la respuesta y mucho menos la propuesta de los trabajadores organizados. Es más esa pléyade de genios de la economía que andan por el mundo ofreciendo soluciones terminan sumándose al coro de lamentaciones. En respuesta a su impotencia crean instituciones “científicas” especializadas en diagnosticar los males que aquejan la humanidad que, a la postre, son los síntomas de una misma enfermedad mortal: ¡la pobreza!

Y el principal síntoma de esta enfermedad es la carencia de la fuente de ingresos: el empleo. “Tan indiscutiblemente vital como la circulación de la sangre” (V.F.), pues sin él resulta imposible la realización de la vida en condiciones dignas y, mucho menos, la realización de sueños de progreso.

Acceder a un empleo no es sólo acceder a las oportunidades es también hacerse merecedor al derecho de vivir, de que se es “útil” para la sociedad, es decir, para aquello que la rige y la domina: la economía confundida más que nunca con los negocios, la economía de mercado, lo que significa rentable, esto es, que le de ganancias a las ganancias. En este contexto, el desempleado, luego de una larga búsqueda en un mercado de trabajo cada vez más reducido a causa de la supresión de los puestos de trabajo termina sintiéndose culpable de aquello de lo que es víctima y, entonces, un sentimiento de vergüenza y de fracaso lo sume en la impotencia.

 “Porque nada debilita ni paraliza tanto como la vergüenza. Ella altera al individuo hasta la raíz, agota las energías, admite cualquier despojo, convierte a quienes la sufren en presa de otros; de ahí el interés del poder en recurrir a ella e imponerla. La vergüenza permite imponer la ley sin hallar oposición y violarla sin temer la protesta...La vergüenza debería cotizarse en la Bolsa: es un factor importante de las ganancias. La vergüenza es un valor contante y sonante, como el sufrimiento que la provoca o que ella suscita” (V.F.)

En efecto, la vergüenza como instrumento de dominación es funcional a muchos propósitos incluso al control de la dinámica organizativa de los trabajadores.

El modelo económico que determina la pérdida de los puestos de trabajo y la agudización de la pobreza en el mundo no es expresión de una o muchas crisis más del capitalismo pues lo que en realidad está aconteciendo es una mutación, no la de una sociedad sino la mutación brutal de toda la civilización. En efecto, otras son las relaciones internacionales de la economía determinadas por la globalización y la liberalización absoluta de los mercados y los cambios tecnológicos sobre todo en las comunicaciones; la nueva organización del trabajo, absolutamente flexible y lo más grave, la soberanía y la gestión redistributiva de los Estados quedan subordinadas a las políticas de ajuste que imponen organismos internacionales (FMI, BM, OMC, etc.).

“Los países occidentales cierran celosamente sus fronteras terrestres a la “miseria del mundo”, pero dejan escapar por las rutas virtuales las riquezas a las cuales sus ciudadanos impotentes y desinformados creen tener derecho las que aún creen poseer y defender, pero que dejan escapar, impasibles (V.F.)”. Se ha cumplido puntualmente el proceso iniciado hace varias décadas, de imposición de un modelo político, económico y cultural funcional a los intereses de las empresas transnacionales  y de las naciones  más poderosas del globo que reducen a las naciones pobres a una condición de simples tributarias de materias primas, de recursos naturales y bajos salarios. Los humanos y demás seres vivientes somos importantes como consumidores. Incluso los desempleados consumen o se consumen. “Cada uno es presa de ese cuerpo al que debe alimentar, abrigar, cuidar, dar vida y que le pesa dolorosamente. Ahí están con su edad, sus puños, cabellos, venas, la compleja sutileza de su sistema nervioso, su sexo, su estómago” (V.F.)

“No se trata de llorar por lo que ya no existe ni de negar y renegar del presente. No se trata de negar o rechazar la mundialización y el auge de las tecnologías que podrían haber favorecido a otros además de las “fuerzas vivas”. Por el contrario, hay que tenerlos en cuenta. Se trata de dejar de ser colonizado. Vivir con conocimiento de causa, no aceptar más al pie de la letra los análisis económicos y políticos que soslayan los problemas que sólo los mencionan como elementos amenazantes que obligan a tomar medidas crueles, las que no harán más que empeorar las cosas si se las acepta dócilmente” (V.F)

En resumen, el libro de V. Forrester nos entrega elementos que refuerzan nuestra rebeldía contra esa monstruosa falacia: el neoliberalismo que como el fantasma de marras hoy recorre el mundo. Grandes masas de la población son manipuladas por tanto corresponde a éstas cambiar la historia y elegir el destino donde sea posible la supervivencia en condiciones dignas, donde la base de las relaciones en el mundo del trabajo sea ¡el respeto!

Edición N° 00305 – Semana del 1º al 7 de Junio de 2012
 
 
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