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¿Hasta cuándo la salud?

  Álvaro González-Uribe
  Abogado y columnista - Investigador Universidad del Magdalena, Santa Marta
   
 

Luego de un año del destape masivo más escandaloso en la historia de Colombia en cuanto al perjuicio directo para los ciudadanos, hasta ahora estos no sienten que haya pasado nada que alivie su vida cotidiana. Nos quedamos en el rasgar de vestiduras y en unas denuncias e investigaciones que por cierto ya están despertando dudas.

El pueblo, el que hace las filas, el que gasta horas y horas tratando que le conteste un fantasma, el que pierde días y días intentando que le resuelvan su caso leve o grave, el que sufre los errores y la mala calidad, ese pueblo no ve que se haya hecho nada. La situación sigue, si no peor, igual que antes.

Claro que son necesarias y obligatorias las denuncias y las investigaciones sobre cómo se estaba y está manejando el servicio y sobre el extravío de los dineros; también se entienden las profundas discusiones sobre cuál debe ser el sistema a seguir, si se debe modificar o si es cuestión de manejo, pero el Gobierno y toda la clase dirigente deberían haber diseñado un plan de atención de choque, pues las enfermedades, las dolencias y los accidentes no esperan, la muerte no espera, el ciclo de la vida no para.

Si en algún momento se ha necesitado una emergencia social en Colombia (artículo 215 de la Constitución) es ya, porque se trata de una gravísima calamidad pública nacional. El Gobierno no ha dimensionado el mal ni ha visto la indignación ciudadana que crece y crece ante esta lamentable situación, peor que un desastre volcánico por su duración en el tiempo.

Quizás quienes sufren la pésima atención pese a pagar a veces altas sumas de sus ingresos o a simplemente invocar un derecho fundamental, no están organizados y son poco escuchados. Sin embargo, ya se alzan voces de peso cuantitativa y cualitativamente, que ojalá no se contaminen como siempre con intereses políticos o económicos de grupo, pues lo que urge a los colombianos es que los atiendan bien, y ya. Es un caso puntual y determinado que no da espera a debates políticos y tampoco a investigaciones judiciales que tienen otro curso.

Hay que abonar al Gobierno actual el “atrevimiento” de haber denunciado a los intocables, pero eso no basta, eso no da salud a los colombianos.

Es que la amenaza a la vida no son solo los grupos alzados en armas ni la delincuencia. En mayor medida, la vida de la gran mayoría de colombianos está amenazada, está siendo apagada y es de muy baja calidad por culpa de un sistema de salud que por la razón que sea no funciona.

Hay cierta rapidez en otras políticas, pero en esta nada. No quiero acá entrar en detalles, porque precisamente ahí es donde nos quedamos empantanados: cuando entramos a revisar cifras y cifras, a analizar y a comparar sistemas, y a denunciar y a señalar a fulanito o a tal o cual entidad. Eso es necesario, pero requerimos urgente que a los colombianos nos atiendan bien en todos los sentidos en esos bazares de salud.

No exagero. La atención es un desastre sea cual fuere le sistema al que se esté afiliado y la entidad. Desde la llamada a pedir la cita, pasando por el largo plazo para fijarla, los trámites, el retardo en la atención, la misma pésima prestación del servicio por calidad y trato, los medicamentos, los certificados; y hasta los porteros y el personal administrativo son una vergüenza.

¿Qué hacer? Para eso tenemos unos gobernantes, unos congresistas y unos dirigentes, para eso los escogimos. Hay muchos problemas en Colombia, pero este drama está claro, definido y ubicado, y es más urgente que cualquier otro. Termino de escribir, pues de verdad debo ponerme ya en la gesta de llamar a la EPS para iniciar este viaje de terror cuyo final preveo, pero, ¿qué más hago?

Edición N° 00305 – Semana del 1º al 7 de Junio de 2012
 
 
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