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México: los jóvenes del #yo soy 132 impactan el proceso electoral

  Víctor M. Quintana S.
  Diputado
   
 

Hasta el 11 de mayo, en México, todo parecía indicar que las elecciones federales para la Presidencia de la República y para renovar la totalidad del Senado y la Cámara de Diputados serían la crónica de un regreso largamente anunciado del Partido Revolucionario Institucional a la Presidencia de la que fue echado en el año 2000 luego de 70 años en el poder. Las encuestas colocaban al candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, más de veinte puntos arriba de la abanderada del Partido Acción Nacional, actualmente en el poder, Josefina Vázquez Mota y todavía más del candidato de la coalición de izquierda, el Movimiento Progresista, Andrés Manuel López Obrador.

1. Un gigante que despierta

Pero, el 11 de mayo, los jóvenes de México, a los que se creían dormidos a la vida pública, despertaron y han despertado al país. Ese día, el candidato del PRI, Peña Nieto, programó una visita a la Universidad Iberoamericana, una de las universidades privadas de mayor prestigio, dirigida por los jesuitas. Como es la costumbre de los priístas, llegaron  a la Ibero, con todo el aparato: un fuerte  operativo de seguridad, además introdujeron numerosas personas ajenas a la casa de estudios para vitorear a su candidato y hasta pagaron dinero para que lo aplaudieran.

No contaban con la postura crítica de los universitarios y sus maestros. Se dio un rechazo masivo a Peña Nieto: hubo gritos, abucheos, se improvisaron pancartas impugnándolo, a grado tal que tuvo que huir y refugiarse en uno de los baños de la universidad.

Las redes sociales se saturaron de inmediato con mensajes alusivos al rechazo del candidato “favorito”, al día siguiente esa fue la nota de primera plana en todos los medios. Sin embargo, una de las más grandes cadenas de periódicos del país, la Organización Editorial Mexicana (OEM) desinformó cabeceando: “Triunfa Peña Nieto en la Ibero a pesar del complot” y las dos cadenas del oligopolio televisivo, Televisa y TVAzteca dieron poca cobertura al hecho  Esa fue la segunda chispa para  la hoguera: los jóvenes de todo el país reaccionaron de nuevo criticando acremente a la OEM y al oligopolio televisivo. Algún medio dijo que los jóvenes inconformes de la Ibero eran sólo 131, y de ahí arrancó el grito de guerra por todas las redes sociales: #yo soy 132.

El movimiento creció de inmediato a otras universidades privadas y públicas, por encima de las oposiciones clasistas. De las redes sociales pasó a las concentraciones y el 23 de mayo realizó la primera marcha multitudinaria en la ciudad de México. Originalmente se dirigía al Zócalo, justo enfrente del Palacio Nacional, pero los jóvenes decidieron cambiarla hacia las oficinas de Televisa, el gigante de la televisión, símbolo del poder informativo en México. Ahí dieron a conocer el manifiesto #Yo soy 132, donde dan a conocer sus  posturas y demandas fundamentales:

  • El movimiento Yo Soy 132 es un movimiento apartidista y constituido por ciudadanos, por lo tal no expresa apoyo o rechazo hacia ningún candidato político.
  • La situación en la que se encuentra México exige que las y los jóvenes luchemos por un México más libre, más próspero y más justo. Queremos que la situación actual de miseria, desigualdad, pobreza y violencia sea resuelta. Las y los jóvenes de México creemos que el sistema político y económico no responde a las demandas de todos los mexicanos.
  • Los estudiantes unidos de este país creemos que una condición necesaria para corregir esta situación consiste en empoderar al ciudadano a través de la información, ya que ésta nos permite tomar mejores decisiones políticas, económicas y sociales. La información hace posible que los ciudadanos puedan exigir y criticar de manera fundamentada a su gobierno, a los actores políticos, a los empresarios y a la sociedad misma. Por eso, Yo Soy 132 hacen del derecho a la información y del derecho a la libertad de expresión sus principales demandas.
  • En esencia, este movimiento busca la democratización de los medios de comunicación, con la finalidad de garantizar información transparente, plural e imparcial para fomentar una consciencia y pensamiento críticos, es por eso que exigimos competencia real en el mercado de medios de comunicación, en particular a lo referente al duopolio televisivo.

La demanda inmediata del movimiento fue que el segundo debate entre los candidatos presidenciales a celebrarse el domingo 10 de junio sea transmitido por los dos canales de televisión con proyección nacional y más audiencia en el país. De inmediato lo lograron. Ahora están demandando un tercer debate en el que ellos sean quienes planteen las preguntas a los candidatos presidenciales.

2. México en la confluencia de varias crisis

México llega a esta cita con la democracia electoral en medio de la concurrencia de varias crisis: la crisis de inseguridad pública y de violencia; la crisis climática, ejemplificada sobre todo en la sequía que aqueja al norte; la crisis alimentaria, agudizada por aquella, la interminable crisis de la economía familiar y una crisis política sentida por los de abajo y no por las cúpulas partidarias.

Para comenzar su sexenio ganando una legitimidad no obtenida en las urnas, el presidente Felipe Calderón declara desde diciembre de 2006, la guerra al crimen organizado. Los saldos después de 66 meses  no convencen ni a los más calderonistas: alrededor de 60 mil muertos, la mayoría de ellos civiles; incremento de la incidencia delictiva: de 4 mil 412 delitos por cada 100 mil habitantes cometidos durante la administración de Vicente Fox a 23 mil 496 anuales cometidos en el 2010.1 Esto a pesar de que el gasto en seguridad y justicia más que se dobló en los primeros cinco años del sexenio: de 49 mil 461 millones de pesos en 2006 a 103 mil 718 millones en 2011.2

También son saldos de esta guerra las cinco mil desapariciones forzadas que reconoce la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. O los siete millones de extorsiones que han sufrido las y los ciudadanos de 2007 para acá, o los más de doscientos mil desplazados por la violencia en Ciudad Juárez tan sólo, o los miles de negocios cerrados, también por la inseguridad. Por otro lado, el propio Secretario de la Defensa Nacional reconoció que en el país hay espacios y municipios totalmente bajo  el control de la delincuencia organizada”.

En cuanto a lo económico, el país llega al final del sexenio del autodenominado “presidente del empleo” con un desempleo que se ha incrementado en un tercio: de 3.9% de la PEA en el primer trimestre de 2005 a un 5.2% de la PEA en el mismo período de 2011. Esto se debe a que Calderón no pudo hacer crecer la economía más que a un ritmo de 1.48% promedio anual, entre 2006 y 2011, penúltimo lugar en América Latina. 3 Con estos datos, el poder adquisitivo es el primer perjudicado: mientras que al comenzar el sexenio un 41.8% de la población no podía adquirir la canasta alimentaria con su ingreso diario; al terminar el 2011 ese porcentaje había aumentado a un 50.8%. Así, el ingreso per cápita durante los primeros cinco años de la administración de Calderón cayó en un 18.5%.4

También la pobreza se ha incrementado, sobre todo entre 2008 y 2010. En ese lapso, la pobreza multidimensional se incrementó en 3. 2 millones de personas, llegando a 52 millones en total, el 46.2% de la población; mientras que la pobreza alimentaria llegó a 28 millones de personas, 4.2 millones más. 5 En total, 76 millones de personas viven alguna forma de pobreza en México a finales de este sexenio.6

Para agravar más la situación económica el cambio climático alcanzó dos terceras partes de la República.. Las heladas extremas y atípicas del 2011 y la sequia que dura ya más de un año, afectando al norte y al centro norte del país, redujeron a más de la mitad la producción de los dos alimentos básicos de: maíz y frijol. Y causaron o agudizaron hambrunas en algunas zonas, sobre todo indígenas. Todo esto viene a agudizar la dependencia alimentaria del país, en ascenso desde la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

México llega, pues, a las elecciones federales de 2012 en medio de una crisis de seguridad humana global, en los aspectos económico, alimentario, climático y de seguridad pública, más pobre y más desigual.

3. Los actores del proceso electoral

El Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Enrique Peña Nieto y su partido se presentan, se han construido mediáticamente como el enemigo a vencer. Seis años de exposición constante en el duopolio televisivo como gobernador del estado de México, además de su matrimonio con una estrella de las telenovelas, parecieron asegurarle a Peña una buena delantera en las encuestas. Pero no sólo es la imagen. Sobre todo son los compromisos ocultos del abanderado tricolor  con la oligarquía, sobre todo de los medios electrónicos, lo que lo puso en la delantera. Sin embargo, desde que empezó a exponerse más a los medios, sin la red de protección de la gubernatura, ha descendido consistentemente. Sea por sus errores debidos a su poca cultura o a su poca sensibilidad y  poca capacidad de improvisar en situaciones difíciles. Sea también porque su partido experimentó un serio golpe cuando al presidente del mismo, Humberto Moreira, se le destituyó por la investigación que se le sigue por el endeudamiento injustificado en que involucró al gobierno del estado de Coahuila cuando lo encabezó.

Aun débil el PRI confía en que va a triunfar, basado en varios factores:  ha resultado ganador en la mayoría de las elecciones estatales celebradas recientemente; mantiene un fuerte y dúctil “voto duro” que puede maniobrar a su antojo mediante las viejas artimañas  del acarreo, del clientelismo y del uso discrecional de los recursos públicos por parte de los gobernadores, que actúan como señores feudales en sus estados.

El PRI le apuesta a que la votación de sus adversarios se divida más o menos parejamente entre Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador. El hecho de que uno de estos dos se derrumbe, desembocaría en un escenario bipolar donde el “voto útil” para que él no vuelva a la presidencia podría incrementarse significativamente poniendo en riesgo su victoria cantada desde hace mucho.

El PAN y el Gobierno de Calderón

Acción Nacional y Felipe Calderón comenzaron los prolegómenos de la campaña con una desventaja y unos momios peores que los de ahora. El PAN ha perdido la mayoría de las elecciones para gobiernos de los estados los últimos años y las preferencias de los electores hasta enero de 2012 nunca lo ubicaban sobre el 25% siquiera. Vino luego una muy larga campaña para la elección interna de quien va a contender por el PAN a la Presidencia de la República, en la que abundaron los golpeteos entre los dos precandidatos y la precandidata y a la postre triunfadora, Josefina Vázquez Mota. Por más que quiso intervenir Felipe Calderón a favor de su delfín Ernesto Cordero, ex secretario de hacienda, no pudo lograr que obtuviera la nominación blanquiazul.
Las desventuras del PAN no terminaron ahí. En las elecciones internas para las diputaciones federales y senadurías hubo notables inconformidades, como en Chihuahua entre los precandidatos al Senado o con algunos candidatos plurinominales, como el muy cuestionado alcalde de Monterrey.

Sin embargo, el PAN y su candidata presidencial Josefína Vázquez Mota están echando toda la carne al asador, tanto con recursos como con propaganda de la obra de gobierno estas últimas semanas.  También han utilizado a la Procuraduría General de la República como un ariete para destapar la corrupción y supuesta colusión de los gobiernos priístas –como los últimos tres de Tamaulipas- con el crimen organizado. Esta utilización electorera de la administración de la justicia bien podría culminar próximamente con un anuncio espectacular que le daría gran margen de maniobra al gobierno de Calderón y a sus candidatos: la aprehensión del jefe de jefes de los narcotraficantes: Joaquín, el Chapo Guzmán.

Las izquierdas y AMLO

Andrés Manuel López Obrador no sólo es un milagro de sobrevivencia y persistencia políticas sino también de capacidad de operar giros importantes en su discurso y en su forma de hacer política.

Luego de sufrir durante seis años el hostigamiento abierto o el olvido programado por parte de los grandes medios de comunicación, luego de sufrir también el impacto de sus propios errores, muy pocos pensaban que sería un contendiente fuerte para la presidencia en 2012.

 Sin embargo, López Obrador ha logrado mantenerse como un serio contendiente para el 1 de julio por medio de una hábil y tenaz estrategia que combina varios factores: en seis años ha recorrido varias veces todo el país, municipio por municipio; logró construir un movimiento desde abajo, bien enraizado en el campo y en la ciudad, el MORENA: Movimiento de Regeneración Nacional con una penetración que ningún partido de izquierda haya tenido hasta ahora; dio un giro a su discurso y pasó de la belicosidad y aspereza a la reconciliación y a la propuesta bajo el eslogan de la “República amorosa”. Finalmente, es el único de los candidatos que tiene desde hace mucho no sólo un proyecto de Gobierno, sino de nación y el único también que ya dio a conocer las personas que integrarán su gabinete, constituido por hombres y mujeres de reconocido prestigio como profesionistas, funcionarios públicos, artistas, técnicos.

Esta combinación ha hecho que un sector significativo del empresariado, sobre todo de Monterrey y del Noreste del país hayan vuelto los ojos hacia López Obrador y estén apoyándolo, muy empujados por la desesperación por el insuficiente crecimiento del ingreso, del empleo y del mercado durante los dos sexenios panistas anteriores. Ven en el proyecto de la izquierda la única alternativa para volver a relanzar el desarrollo económico y social en México.

Sin embargo, López Obrador, cuenta con dos lastres: el primero es que muchos medios siguen explotando los miedos y prejuicios que explotaron en 2006; el segundo, son los partidos que lo apoyan, donde siguen privando las burocracias, el nepotismo, el tribalismo, los pleitos internos, etc.

Los poderes “fácticos”

No podemos olvidar que varios poderes están tratando de influir en el proceso electoral para su provecho. Como asentamos más arriba, el oligopolio mediático ya tiene a Enrique Peña Nieto como su candidato y va a seguir promoviendo su imagen a toda costa, así tenga que realizar encuestas a modo para ocultar su deterioro.

La Jerarquía Católica también juega sus cartas. El que el papa Benedicto XVI visitara México en plena campaña electoral, en mayo pasado y que su estancia fuera precisamente en el bastión panista-católico del estado de Guanajuato, no solo fue un mensaje, sino también una demostración de la fuerza del alto clero, que continuamente está presionando a legisladores de todos los partidos para ir desmantelando el estado laico.

El gobierno de los Estados Unidos también arrima la braza a su sardina. A fines de abril  estuvo en México el Vicepresidente Joe Biden y se entrevistó con Peña Nieto, Vázquez Mota y López Obrador. El tema principal de su agenda fue el combate al narcotráfico, interés primero de Washington, no así los temas migratorios y de derechos humanos. Es muy claro que la Casa Blanca y el Capitolio van a presionar para que México siga pagando los costos humanos y financieros de la guerra contra las drogas, a la vez que se garantice el suministro de estupefacientes para sus 25 millones de adictos.

El Sindicato de Trabajadores de la Educación, SNTE, que cuenta con más de un millón de afiliados y encabeza dictatorialmente Elba Esther Gordillo se maneja con dos caras: la de poder fáctico y la de poder formal. Primero hizo alianza explícita y abierta con el PRI y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) para apoyar a Peña Nieto a la presidencia. Luego, tal vez por resultar un aliado demasiado incómodo, el PRI se lo sacudió al menos públicamente. Fue entonces cuando Elba Esther echó mano de su cara de poder formal y nombró candidato a la presidencia por su partido títere, el Partido Nueva Alianza a Gabriel Quadri, sin ninguna posibilidad de alcanzar siquiera el 5% de la votación.

4. Una coyuntura muy fluida, de final abierto

Lo que a principios de mayo se pronunciaba como un proceso electoral más o menos tranquilo, sin sobresaltos, con un triunfo casi seguro de Enrique Peña Nieto y una mayoría cómoda del PRI en las dos cámaras, se ha modificado dramáticamente las últimas semanas, en buena medida por la irrupción del #Yo soy 132 como actor clave en la coyuntura.

El movimiento ha seguido creciendo, tanto en las redes sociales como en los campus universitarios y en las calles de toda la República. Ha intensificado su demanda por la democratización de los medios de comunicación y la veracidad de los mismos. Se ha declarado “antineoliberal” y abiertamente contrario al candidato del PRI, ha llamado a los jóvenes a que se registren como observadores el día de las elecciones para que vigilen la limpieza y transparencia de las mismas.

El gran perjudicado por el activismo juvenil es, efectivamente Peña Nieto. Los dardos de la crítica de las y los muchachos se dirigen todos a los vicios y apoyos característicos del PRI: compra de medios, control de la información, rechazo a la crítica y al debate, compra de votos, etc. Esto se ve reflejado en un descenso de hasta 12 puntos en las preferencias del electorado, hasta en las empresas encuestadoras que tienden más a favorecerlo.

Por otra parte, el candidato de las izquierdas, Andrés Manuel López Obrador ha sabido canalizar el hartazgo de la población mexicana contra la violencia y el estancamiento económico. Ha remontado las encuestas consistentemente. Primero logró un “empate técnico” con la candidata del PAN en el segundo lugar. A fines de mayo, una de los diarios considerados más serios, el Reforma, le daba ya un 34% de las intenciones de voto contra un 38% de Peña Nieto, pero con tendencias contrarias: el izquierdista al alza y el priísta, a la baja. Y ya en pleno declive, con un 21% Josefina Vázquez Mota del PAN. Sin embargo, el ascenso de  López Obrador en las preferencias electorales ha desatado ya  los ataques en spots de radio y televisión por parte del PRI y del PAN. Reeditan la ofensiva del 2006 y vuelven a presentarlo como violento, como un peligro para la Nación.

A menos de un mes de las elecciones del 1 de julio, el desenlace es aún muy incierto. Hay muchos factores que pueden provocar cambios dramáticos en el posicionamiento de partidos y candidatos. ¿Logrará la guerra sucia mediática del PRI y del PAN detener el ascenso del candidato izquierdista López Obrador? ¿Qué impacto tendrá en las preferencias electorales el segundo debate entre candidatos el 10 de junio? ¿Afectará a Peña Nieto su negativa a presentarse a responder a los cuestionamientos del movimiento #Yo soy 132?  ¿Sacará el gobierno de Calderón un as bajo la manga con la aprehensión de algún priísta o izquierdista importante por supuestos nexos con el crimen organizado?

Cualquier modificación en los datos actuales puede provocar resultados muy diferentes a los esperados en el proceso electoral. Por eso la coyuntura es extremadamente fluida y de pronóstico reservado.

Lo que ya no puede negarse es que México ya cambió, aun antes de la fecha de los comicios. La emergencia del movimiento #Yo soy 132 es lo mejor que le ha pasado al país desde la rebelión del EZLN el 1 de enero de 1994. Es, tal vez, la primera insurgencia juvenil que empleando las redes sociales tiene un fuerte impacto en la coyuntura electoral. No sólo eso, es un movimiento que de seguro no se va a agotar ahí: va a continuarse en la exigencia de construcción de la primera “democracia mediática-cibernética” de este nuevo orden global.

Edición N° 00306 – Semana del 8 al 14 de Junio de 2012

1 Datos de la Auditoría Superior de la Federación.

2 Calderón, Felipe: V Informe de Gobierno.

3 La Jornada, 18 de febrero de 2012.

4 El Financiero, 5 de marzo de 2012.

5 La Jornada, 10 de febrero de 2012.

6 La Jornada, 11 de febrero de 2012, nota de Laura Poy Solano.

 
 
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