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Llamamiento urgente a la acción contra el cambio climático

   
  Tomado de The ClimateChange Task Force - Green Cross
   
 

El presidente Mijaíl Gorbachov ha convocado una comisión de alto nivel para estimular una respuesta internacional urgente y profunda frente a los riesgos crecientes y las amenazas del cambio climático. La comisión cuenta con científicos, médicos y expertos de países desarrollados y en vías de desarrollo para centrarse en la cuestión crucial del cambio climático dentro de un amplio contexto económico, social y político. La Cruz Verde internacional proporciona el apoyo institucional a la comisión. Un grupo de líderes, expertos y organizaciones internacionales ha preparado una declaración detallada "Acción para afrontar la realidad urgente del cambio climático" (Action to Face the Urgent Realities of Climate Change) basada en el análisis científico y experto que acompaña este llamamiento y que será propuesta el 18 de junio en Río de Janeiro. La Declaración resume de manera científica y constatable las realidades y riesgos del cambio climático, además de los beneficios de una actuación preventiva para asegurar la estabilidad y viabilidad ambiental global.

El impacto del cambio climático se intensifica a lo largo y ancho del globo: temperaturas sin precedentes, deshielo de glaciares, cambio del ciclo hidrológico de precipitaciones, sequías, inundaciones, tormentas, incendios y avance de la desertificación degradan los ecosistemas frágiles del planeta. Devastan hoy las vidas y el sustento de millones de personas y minan las perspectivas para el progreso, la estabilidad y la paz en el futuro.

La desestabilización ambiental a nivel mundial afectará a la seguridad y la vida de todos los pueblos, ricos o pobres. Sin embargo, la inmensa mayoría de aquellos que más sufren las consecuencias no son los causantes de dichas consecuencias. Los principios básicos de supervivencia, de justicia y de los derechos humanos piden una acción inmediata para evitar el riesgo de un cambio climático irreversible, mitigar el impacto de desestabilización ambiental sobre los más pobres y vulnerables, y asistirlos en la adaptación a aquellos cambios climáticos que ya son inevitables.

Los efectos alarmantes observados hoy en todo el mundo son el resultado de la subida de tan solo el 0,8°C de la temperatura media global en relación a los niveles preindustriales. Pero la población mundial actualmente genera emisiones de CO2 en una cantidad que podría causar una subida media de 6°C entorno a 2100 (Intergovernmental Panel on Climate Change, 2007), el doble en las regiones polares, lo que implicaría consecuencias climáticas terribles, para la seguridad alimentaria y de acceso al agua, para la temperatura, el nivel y la acidificación de los océanos y para la supervivencia del entramado vital de los ecosistemas, que son los sistemas de reanimación de humanidad.

Cada vez se reconoce más que no afrontamos un simple proceso de calentamiento gradual atmosférico, sino que existe el riesgo de cambios abruptos, no lineales de los sistemas climáticos del planeta con consecuencias imprevisibles. La prudencia exige que la acción preventiva se tome ahora. Continuar con la línea actual del "mismo negocio" tendría consecuencias devastadoras. Por los intereses vitales de las generaciones presentes y futuras, debemos reducir drásticamente las emisiones de gas a efecto invernadero en la atmósfera y preservar rápidamente la estabilidad y la viabilidad ambiental.

Nosotros, socios y miembros de la Comisión del cambio climático hacemos un llamamiento a los líderes de todo el mundo y de toda condición social, a afrontar sus responsabilidades históricas actuando con firmeza, urgencia y coordinación para afrontar la realidad del cambio climático y evitar sus consecuencias potencialmente devastadoras. Con un espíritu de solidaridad internacional, les hacemos un llamamiento al compromiso de apoyo público para aplicar una perspectiva y definir una estrategia para el progreso que sea sostenible, universal y justo. Afrontamos una emergencia mundial que exige una actuación radicalmente transformadora a escala global, establecida dentro de un marco claro y fiable de política gubernamental. A pesar de que muchas declaraciones gubernamentales reconocen esta necesidad, la situación actual global se puede resumir con tres hechos:

(i) lejos del reducirse, las emisiones globales siguen creciendo en una proporción alarmante de 5,9 % en 2010 y acumulada del 49 % desde 1990 (International Energy Agency);

(ii) los riesgos de desestabilización ambiental aumentan; nos acercamos a un punto de no retorno y de irreversibilidad de la desestabilización ambiental;

(iii) los esfuerzos multilaterales para conservar la estabilidad ambiental y su continuidad futura han demostrado ser inadecuados en relación al nivel y la urgencia de los desafíos. Esfuerzos que no han logrado acciones suficientes para evitar los riesgos de un cambio climático desastroso.

Los objetivos de las negociaciones presentes para la reducción de emisiones son demasiado pobres y tardíos. Debemos conseguir cambios estructurales y conductuales para transformar la óptica de crecimiento económico basado en el consumo y el desarrollo humano, en un desarrollo sostenible bajo en emisiones de carbono hasta reconciliar el bienestar de una población mundial en crecimiento, con la capacidad real y los límites de la naturaleza. De hecho, la actuación eficaz para evitar la desestabilización ambiental es una condición previa para el progreso certero hacia el desarrollo sostenible mundial, tema que será el núcleo de las discusiones en la conferencia mundial, " Río + 20 ", de junio de 2012. Debemos enmarcar el cambio climático en un contexto amplio de desarrollo socio-económico sostenible e identificar, para poder actuar, las causas subyacentes arraigadas en nuestros valores actuales y que actúan en consecuencia sobre las decisiones soco-económicas. En particular, debemos romper nuestra afición por el empleo desenfrenado de combustibles fósiles en los que se basan las economías modernas y sectores agrícolas, si queremos preservar la estabilidad ambiental.

Es de sobras conocido, que los objetivos actuales de los acuerdos de Cancún y Durban sobre la mitigación, están lejos de alcanzar el límite propuesto de aumento de temperatura global máximo en 2ºC por encima de los niveles preindustriales. Las políticas energéticas y de mitigación actuales conducen a un cambio climático irreversible y fundamentalmente catastrófico (IEA, 2011). Las medidas actuales podrían conducir a una subida global media de las temperaturas de 5ºC (Rogelj et al., 2010). La inercia en la infraestructura energética es una gran barrera en el logro de los objetivos de mitigación más ambiciosos. Una infraestructura energética a largo plazo, significa que las inversiones hechas hoy se reflejarán en los posibles niveles de mitigación dentro de 30 años. Según el análisis del IEA (2011), si deseamos limitar los niveles de gas invernadero atmosféricos a 450 ppm CO2e, debemos emprender una actuación internacional coordinada para detener la puesta en pie de nuevas infraestructuras de combustible fósil y aumentar la eficacia de las infraestructuras existentes invirtiendo con urgencia en soluciones de energía renovable. Si no se toman medidas, en 2017 la infraestructura energética ya construida producirá la totalidad de emisiones hasta 450 ppm CO2e. Por lo que, toda infraestructura energética a partir de 2017 tendrá que producir cero-carbono. O bien, proceder a desmantelar de las instalaciones emisoras de carbono antes del final de su vida útil, medida potencialmente muy costosa y políticamente complicada (IEA, 2011).

Se requiere una actuación rápida y clara que impida hacerse realidad un tal panorama. La humanidad dispone de una capacidad enorme de creatividad, potencial tecnológico y organización que podría ser movilizado para gestionar las amenazas de cambio climático y respetar la realidad del mundo natural. Con ello se crearía una enorme cantidad de oportunidades positivas para generar nuevas ideas, nuevas políticas y nuevos socios para superar la presente crisis económica, reorientando y restructurando las economías desde un enfoque más sostenible junto con una gestión eficiente y global de recursos que genere nuevas actividades económicas y empleo. Los que actúan a tiempo ya se están beneficiando: los que no lo hacen, ya sean países o corporaciones, se quedan atrás.

Tenemos que abordar la crisis desde una perspectiva positiva y proactiva, reconociendo que si todos los participantes contribuyen uniéndose al desafío de descarbonización global, ello generará ventajas, oportunidades y seguridad para todos. Los cambios requeridos exigirán perspectiva y coraje. La sociedad civil y el público en general tienen derecho a ser correctamente informados sobre la realidad y los riesgos del cambio climático. Y con ello, movilizados para vencer la obstrucción de los poderosos intereses que priman en el sistema actual resuelto a oponerse al cambio.

La comunidad internacional de naciones debe abordar la cuestión climática como un desafío sistémico realmente global, que exige la acción preventiva, la solidaridad y el compromiso a largo plazo. Para que un acuerdo ambiental internacional sea legítimo, debe adoptar una perspectiva basada en los valores del desarrollo y centrada en la justicia, la universalidad y la sostenibilidad; que comprometa, no sólo a los emisores principales, sino también a aquellos países y grupos sociales afectados directamente por las consecuencias del cambio climático. Todo ello reconociendo los derechos y aspiraciones de los jóvenes y de las futuras generaciones que tendrán que afrontar estos inmensos desafíos.

Por suerte, muchos países, ciudades, comunidades y empresas de todo el mundo emprenden proyectos rigurosos y planes flexibles para limitar sus emisiones de CO2. Estos actores están demostrando con la práctica que no sólo es posible alcanzar este objetivo sin reducir el crecimiento económico, sino también que reduciendo las emisiones, con la mejora energética y la eficiencia de los recursos se generan muchas oportunidades que contribuyen al bienestar y la salud de los ciudadanos, a la competitividad y al empleo. Las medidas ambientales son, de hecho, condición imprescindible para aunar las necesidades humanas y construir sociedades seguras, innovadoras y sostenibles para el futuro.

Los líderes y actores políticos deberían promover soluciones innovadoras y coordinación en todos los sectores, de la agricultura a la producción de energía pasando por el transporte hasta la construcción, ayudando al diferenciar entre los avances del desarrollo la humanidad y el bienestar del aumento de las emisiones de CO2. Para alcanzar este objetivo, es fundamental aumentar los recursos de producción, incluyendo una eficiencia energética mucho mayor, romper los vínculos actuales entre el crecimiento económico, gestión de recursos y la degradación ambiental. La experiencia sobre el terreno llevada a cabo en países clave, ciudades y empresas demuestra que las emisiones que afectan al cambio climático se pueden reducir drásticamente y que energía y eficiencia de recursos pueden aumentar considerablemente a un coste aceptable y todo ello obteniendo beneficios sustanciales. La crisis económica actual, debería ser una llamada de atención que proporcione el ímpetu necesario para el cambio, no una excusa para alargar el retraso. En cuatro áreas clave: 1) Incrementar las aspiraciones de mitigación y de actuación preventiva; 2) Incorporación de mecanismos de precio-carbono a escala mundial; 3) Promoción del alianzas de liderazgo ambiental; 4) Financiación ambiental y transferencia tecnológica.

Varias décadas de experiencia muestran que los riesgos y las amenazas de cambio climático no pueden evitarse tan solo con el cambio gradual, la confianza en las fuerzas del mercado y medidas voluntaristas. El futuro no se puede asegurar con negociaciones interminables en las que solo se alcanzan acuerdos sobre el denominador común menos importante. Aquellos Estados que están listos y dispuestos a aprovechar la oportunidad y hacer transformaciones necesarias para construir un futuro sostenible deberían tomar la delantera, dejando atrás (si fuera necesario) a los que prefieran continuar con las ideas inadecuadas del pasado.

En un discurso que tuvo lugar en la Sesión nº 66 de la Asamblea general de Naciones Unidas, el secretario general urgió a los líderes mundiales "a usar cada milímetro de su experiencia, habilidades e influencia para avanzar en la actuación contra el cambio climático. Ayúdennos a defender la ciencia que demuestra la desestabilización ambiental y que esquilmamos las fronteras planetarias a un nivel peligroso. Ayúdennos a identificar las nuevas alianzas entre funcionarios públicos, sociedad civil, empresas y comunidades de religiosas, que harán de la sostenibilidad el punto de encuentro para la acción en el siglo XXI."

Nosotros, socios y miembros de la comisión del Cambio climático, compartimos el punto de vista del presidente Gorbachov:

"El cambio climático es sólo la punta de la crisis sistémica que afrontamos. Ello plantea amenazas existenciales a la estabilidad global y la seguridad que pueden sacudir los cimientos de la civilización moderna. El desafío más grande de la próxima década, por lo tanto deberá afrontar esta crisis sistémica con soluciones adecuadas basadas en el conocimiento científico centrado directamente en las causas y el impacto del cambio climático, venciendo las presiones de los intereses creados dependerán tanto de los acontecimientos como de la determinación de nuestras acciones. El cambio debe comenzar tanto con el liderazgo como en la política, el sector empresarial, la ciencia y la sociedad civil. La ciencia, y sobre todo la ciencia del cambio climático, son claras al respecto. La sociedad civil está a bordo. La responsabilidad recae ahora sobre líderes de gobierno y del sector empresarial para actuar."

Hacemos un llamamiento a los líderes de todo el mundo, individualmente y en conjunto, a considerar las líneas de actuación presentadas en nuestra Declaración. De este modo no solo se evitará la amenaza de un cambio climático peligroso, sino también salvar el futuro de humanidad encaminando la economía mundial hacia un camino sostenible y equitativo, permitiendo a las generaciones presentes y venideras alcanzar un futuro más próspero, en seguridad y saludable. Tenemos la oportunidad, el conocimiento y las capacidades. El grado del desafío es claro: Hacemos un llamamiento a los líderes a actuar.

La Declaración de la Comisión del cambio climático ha sido elaborada basándose en las siguientes líneas de actuación:

1. Implementar urgentemente y en profundidad la reducción de emisiones.

2. Preservar el capital natural y recuperar ecosistemas.

3. Emprender una adaptación rápida al impacto inevitable del cambio climático.

4. Reforzar capacidades y resiliencia.

5. Desarrollar soluciones fundamentales innovadoras.

6. Reorientar la economía con un enfoque sostenible.

7. Movilizar los recursos financieros necesarios.

Edición N° 00307 – Semana del 15 al 21 de Junio de 2012
 
 
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