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Cada guerra con su paz

  Álvaro González-Uribe
  Abogado y columnista. Investigador Universidad del Magdalena, Santa Marta macondoelmundo@yahoo.es
   
 

“Colombia es un Estado que busca la paz”. Ese debería ser el único artículo de nuestra Constitución, no nos merecemos ni necesitamos más por ahora. Desde que me conozco y antes ese ha sido el destino de Colombia.

Hemos buscado la paz por infinidad de métodos: con la misma guerra exterminando a los guerreros; con tratados; con inversiones sociales; con reformas constitucionales y legales; con amnistías o indultos; con mediaciones; con países amigos; con zonas de despeje; con diálogos; con liberaciones; con comisionados; con comisiones; con reintegraciones; con restituciones y reparaciones; y hasta con símbolos y canciones. Pero, ¿cuál es esa paz?: Muchas.

Cada guerra tiene su paz, a su medida, con su horma. Debe haber tantas paces cuantas guerras haya. Y resulta que en Colombia el problema no es que la guerra sea larga sino que son muchas guerras así estén siempre conectadas. Las guerras son el proceso de la nación; son los capítulos, los tomos de la historia de Colombia.

Entonces uno piensa que el marco legal para la paz está bien, todo lo que sea para la paz está muy bien. Pero uno se pregunta, ¿para cuál paz? ¿En ese marco legal cuáles paces caben?

Es normal que en tantos años la guerra en Colombia se haya reproducido. Hoy tenemos múltiples guerras, así estén emparentadas: los guerreros se alían o se pelean entre sí involucrados en varias guerras al tiempo; los medios para hacerlas vienen de los mismos mercaderes quienes también luchan entre sí; se costean con las mismas fuentes cuya titularidad a su vez es origen de otras guerras; los padrinos políticos, cuando hay, son a veces los mismos o son amigos o enemigos; los campos de batalla o los cuarteles se comparten o se disputan en otras guerras.

En Colombia las guerras son hermanas, primas, madres, hijas y nietas; han vivido una relación incestuosa. Interesante ver el árbol genealógico de las guerras de este país. Por ejemplo, la guerra entre liberales y conservadores (La Violencia) es hija y nieta de otras guerras y generó la guerra de las guerrillas liberales, que a su vez generó las guerras de las FARC y otros grupos. Las guerras de las FARC y otros grupos parieron las guerras de los paramilitares, estas dieron a luz las guerras de las “Bacrim”, las cuales darán paso a la guerra de… (Perdón el pesimismo). Además, en el medio, a un costado o adentro se han dado y se dan otras guerras, por la tierra, por el oro, por la droga, por las armas, por las rutas, por los poderes.

Dice el poeta Juan Manuel Roca en “La casa sin sosiego” que Colombia es “un país cruento donde la guerra siempre viene después de la postguerra” y que “ese mismo país parece fijo como una bicicleta estática en un paisaje de barbarie acrecentado por diferentes fases de la violencia: la partidista, la guerrillera, la de la delincuencia común, la del terrorismo de Estado, y sus eslabones paramilitares, la del narcotráfico… La masacre de hoy borra la masacre de ayer pero anuncia la de mañana.” Es que las guerras son apellidos de la violencia.

Aunque muchos los cuestionen, varios de esos esfuerzos para lograr la paz han funcionado. El problema es que sólo terminan algunas guerras y siguen las demás. Y cada guerra requiere su paz porque cada guerrero quiere que en su pacto se satisfagan sus intereses. Y algo más: hay pactos o procesos mal hechos que simplemente cambian nombres o intereses sin parar la guerra.

Marco legal para la paz..., suena bien y en fin, pese a los anteriores fracasos hay que seguir intentando así sea para no perder la costumbre. La de justicia y paz y la de víctimas fueron las dos últimas grandes regulaciones, bienintencionadas, pero suenan más a la búsqueda de la paz de los sepulcros. ¡Y tantos colombianos queremos ver la paz de Colombia en vida!…, “en vida hermano, en vida”.

Edición N° 00308 – Semana del 22 al 28 de Junio de 2012
 
 
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