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Un nuevo dilema para América Latina

  Rubén Sánchez David
  Docente Universidad del Rosario
   
 

El pasado 22 de junio, Francisco Lugo, el ex obispo de izquierdas que puso fin a sesenta y un años de Gobierno del Partido Colorado en Paraguay, fue destituido por el Senado después de un juicio político precipitado que dio lugar a lo que algunos han calificado de golpe de Estado parlamentario y a airadas condenas de Unasur cuyos miembros consideraron que no se dio al mandatario el derecho de defensa, así como al pronunciamiento de José Miguel Insulza, secretario general de la OEA que calificó la salida de Lugo de “juicio sumario”.

El proceso contra Lugo, contemplado en la Constitución vigente desde 1992 ha sido considerado “legal, pero no legítimo” por los partidarios del expresidente acusado de incompetencia en la resolución de un conflicto de ocupación de tierras. El origen de la crisis política fue la matanza de once campesinos y seis policías que tuvo lugar el 15 de junio en el norte del país tras la ocupación de una finca – habituales en Paraguay – por cientos de campesinos. Tras la matanza, el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), con el que gobernaba Lugo en coalición, le retiró su apoyo y se unió a su eterno contrincante el Partido Colorado, después que el mandatario, acorralado por la oposición, destituyera a su ministro del Interior Carlos Frizzola para colocar en su puesto al colorado Rubén Candia, antiguo fiscal conocido por su política represiva contra los campesinos sin tierra, gesto que provocó la ira en los liberales y la decepción entre los militantes de izquierda.

Francisco Lugo, de tendencia izquierdista y partidario de la Teología de la Liberación, asumió la primera magistratura de Paraguay el 15 de agosto de 2008, aliado con el Partido Liberal que lo acompañó con Federico Franco como vicepresidente y con un amplio respaldo internacional. Durante su gestión como Presidente de la República debió responder a varios escándalos por demandas de paternidad, luchar contra un cáncer y enfrentar la dura oposición de la derecha que paralizó su agenda reformista. Políticamente tan inexperto como bien intencionado, sembró el pánico entre la clase política tradicional y la animadversión de los dueños de la tierra que no le perdonaron su simpatía por los campesinos sin tierra autodenominados “carperos”, que promueven la invasión de propiedades rurales para acceder a la tierra.

A Lugo solamente le restaban nueve meses para concluir su mandato de cinco años y aunque el argumento para su controvertida destitución fue el mal desempeño de sus funciones, analistas de la política paraguaya afirman que la clave del insólito “golpe de Estado parlamentario” son las elecciones de 2013 ya que, aislando a Lugo del poder, algunos candidatos presidenciales de los partidos tradicionales  se asegurarían que no actuaría en contra de ellos como presidente en la campaña electoral y de este modo controlar los resortes del poder en la noche de las elecciones. De hecho, el mismo Lugo habrá declarado al canal venezolano Telesur que el verdadero promotor de su destitución había sido el candidato del Partido Colorado, Horacio Cartes.

Aunque la destitución del Mandatario paraguayo se hizo en forma constitucional, ha generado el rechazo casi unánime en la región por lo sumario del rito que no le permitió al acusado el derecho de defensa. Particularmente dura ha sido la reacción de los miembros de Mercosur que suspendieron en bloque la participación de Paraguay en la cumbre de Mendoza y de los órganos del bloque. El Gobierno de Hugo Chávez, por su lado, retiró su embajador ante el Gobierno paraguayo y canceló los envíos de crudo a ese país. El presidente Correa, afirmó que: “Independientemente de lo que decidan Mercosur y Unasur, Ecuador ya tomó su decisión: no reconocemos un gobierno ilegítimo”. Estados Unidos ha expresado “su preocupación”, pero no ha determinado aún si el “juicio político” contra Lugo constituye un golpe de Estado como lo aseguran otros países ni ha retirado su embajador en Asunción. Colombia pidió elecciones anticipadas.

De momento, Argentina, Brasil y Uruguay han aplicado sanciones políticas al de Federico Franco, pero no han propuesto sanciones económicas porque las relaciones de interdependencia que mantienen los países del Mercosur los condena a entenderse. Si bien Paraguay es un país mediterráneo con una economía frágil y depende económicamente de sus vecinos, estos también dependen del suministro de electricidad proveniente aquel país. Ciertamente, Paraguay destina el 51% de sus exportaciones a sus tres socios de Mercosur y si fuera expulsado del bloque sus mercancías perderían el ingreso sin aranceles a esos países mientras una ruptura con Paraguay afectaría poco las exportaciones de sus tres socios pero hay otros aspectos a considerar.

Franco ha formulado veladas amenazas relacionadas con el suministro eléctrico a Argentina y Brasil, países cuyo consumo de electricidad proviene de Paraguay en un 7.5% y 8% respectivamente (“Gran parte de la iluminación de Buenos Aires se la estamos entregando nosotros desde Yacyretá”. “Gran parte de la energía de Sao Paulo es abastecida por Itaipú”) y ha destacado la presencia de inversionistas argentinos y brasileños en su país. De hecho, Brasil es el segundo inversionista extranjero en Paraguay con 421 millones de dólares en los últimos dos años, después de los Estados Unidos, y Argentina el tercero con 221 millones. Así mismo, Brasil y Argentina son países receptores de emigrantes paraguayos que envían remesas a sus familias, vitales para la economía paraguaya.

Indudablemente, el juicio político a Fernando Lugo ha planteado un profundo dilema a Latinoamérica y aquel fortalecido por el enérgico y masivo respaldo de todos los países de la región ha cambiado de estrategia y pasado a la ofensiva después de haber aceptado su destitución. Con la intención de alentar a sus seguidores ha conformado un “gabinete de restauración democrática” y dijo que se sumará a las “marchas pacíficas” de protesta y hasta piensa postularse como candidato al Senado para las próximas elecciones. Sin embargo, a diferencia de Hugo Chávez, Cristina Fernández o Evo Morales, no dispone de una masa electoral decisiva. Tan sólo contaba con una alianza de partidos heterogénea que lo abandonó a su suerte. Desde ya las encuestas vaticinan que el próximo Presidente será alguien del Partido Colorado.

Edición N° 00309 – Semana del 29 de Junio al 5 de Julio de 2012
 
 
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