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Los resultados de las elecciones atípicas del Valle del Cauca:
escasas razones de optimismo de superación de la crisis de gobernabilidad de la región

  Eduardo Rodríguez M.
  Investigador y ensayista – Profesor universitario
   
 

El pasado 1 de julio se realizaron los comicios en el Valle del Cauca para elegir el remplazo del destituido gobernador Héctor Fabio Useche del MIO, resultando ganador el candidato de coalición Ubeimar Delgado con una de las votaciones más bajas en términos absolutos y relativos de los últimos veinte años, es decir de toda la historia de elección de gobernadores. En efecto la votación total (610,000) apenas si alcanzó el 20% del censo electoral con 941,000 votos, menos que las elecciones del año 2011. Delgado, líder tradicional del Partido Conservador, fue apoyado por una coalición de partidos (La U, Liberal, Cambio Radical, Verdes, la ASI y AICO) obtuvo 262,496 votos, apenas con 30 mil votos más de los que obtuvo “sólo” en el 2011; la siguiente votación fue por Francined Cano del MIO con 170,000 y los votos en Blanco llegaron a 132,906 y  el candidato del Polo Carlos González, obtuvo 23,254 votos.

En estos días se han producido diversos análisis y pronunciamientos respecto del significado de los resultados electorales y las implicaciones que tienen para el Valle del Cauca. En términos sintéticos nos interesa reiterar algunos puntos. La altísima abstención cercana al 80%, 30 puntos por encima del proceso electoral del año pasado, muestra un desgaste total y la pérdida de credibilidad y legitimidad de la llamada democracia representativa en el ámbito  regional; en particular de las formaciones políticas dominantes que sin embargo, siguen y seguirán reinando en el departamento y la gran mayoría de sus municipios. Es verdad que el voto en blanco fue un hecho positivo y señaló al menos la reacción y el rechazo de una franja minoritaria de opinión con cerca del 22% de la votación, si bien detrás de la iniciativa había una coalición “variopinta” (liberales, progresistas, independientes) en las motivaciones e intereses, la gran mayoría de votos corresponden a una reacción espontánea de sectores ciudadanos y de opinión que vieron la posibilidad de expresar su cansancio y rechazo a las fórmulas en juego para quienes ninguna de las cuáles llenaba las expectativas de un “salto” y un “cambio” como el que requiere el departamento. En efecto, cerca del  60% del voto blanco se dio en Cali donde además fue la segunda votación superada por sólo 10,000 votos del candidato ganador. Se ha planteado que esa franja podría representar una voz crítica y de control al elegido lo cual no será fácil precisamente por la señalada dispersión de intereses y motivaciones y la “inorganicidad” de éste proceso. De todas formas queda como constancia y verificación que puede comenzar a conformarse un germen de rechazo al establecimiento político y a las prácticas que dominan en el departamento; de todas formas se requerirá que los sectores de opinión y las organizaciones sociales con más sentido crítico asuman esto como una tarea y un propósito de largo aliento, imperativa para salir de esta “larga y oscura noche” de deformación y perversión de la política y la democracia regional.

Un segundo hecho poco resaltado, o que parece implícito en el análisis de la baja participación, es la crisis de liderazgo de los partidos que dominan la política regional ( La U, el Conservador, Cambio Radical, el Liberal) o incluso de la oposición (Polo) y la ausencia de figuras relevantes que despierten algún entusiasmo y credibilidad entre la población. Esto no sólo se evidenció en esta elección sino en la del año pasado donde el destituido Useche, una figura de reciente aparición, derrotó a un “conocido” y “curtido” líder Liberal Homero Giraldo, quien entonces denunció fraude y al propio W. Delgado (jubilado parlamentario). De esta forma son: el voto de maquinaria y el dinero, las estrategias mediáticas, las trampas y el fraude electoral según se ha puesto en evidencia en estos días las que imponen resultados, así lo que se produce es un verdadero remedo y una completa perversión de la “democracia representativa” y la “democracia local” que precisamente es la raíz de la honda y prolongada crisis de gobernabilidad e institucionalidad del Valle del Cauca.

Otro aspecto que debe señalarse es la derrota y el retroceso del MIO (antiguo PIN), fuerza emergente, que de la mano de los “Juan Carlos” (Martínez, Abadía) y otros personajes menos visibles, llegó a convertirse en una fuerza política con amplia capacidad de control  e incidencia en el departamento y buena parte de los municipios; ascendiendo en las últimas tres elecciones y en especial desde el 2006, incluso en alianza de figuras como Angelino Garzón, hoy vicepresidente, o del ex alcalde Jorge Iván Ospina, para no señalar sino algunas que se considerarían “por fuera de toda sospecha”. Se rumora incluso que hasta el electo Ubeimar  Delgado, habría tenido acuerdos de facto, en el 2010, para no retirar su nombre e impedir la victoria de Jorge Homero Giraldo. El retroceso se evidencia al menos en los resultados electorales: este partido eligió en el 2007 a Juan Carlos Abadía con 676 mil votos y en el 2010  a Héctor F. Useche con 446 mil, este 1 de julio obtuvo sólo 170 mil con Francined Cano. Las sanciones a los dos anteriores gobernadores (Juan C Abadía y Héctor F. Useche), elegidos por ese partido y la nueva detención de su máximo dirigente el controvertido ex senador Juan Carlos Martínez, un día después de haber cumplido la pena de detención domiciliaria por “parapolítica”, ahora con cargos por supuesto nexos con el narcotráfico y los más recientes relacionados con el intento de fraude en las elecciones de este 1 de julio pueden marcar un golpe decisivo para este sector, cuya supervivencia y expansión en estos años estuvo relacionada con el poder y la extraña capacidad política de esta figura. Por cuya casa en un Condominio, estrato 6 de Yumbo, merodeaban desde la senadora Dilian Francisca Toro, su vecina, y los más diversos dirigentes de la política regional y local, no sólo del Valle sino del departamento del Cauca, de donde es oriundo, y donde igual cuenta con un poder significativo, valga la pena señalar ascenso entre las poblaciones de la Costa Pacífica donde muchos lo ven también como un héroe. En realidad a este partido llegaron diferentes dirigentes de las formaciones tradicionales y ha encarnado la conversión política en un medio de control; apropiación del Estado y sus recursos. Muchos afirman que lo aprendieron de conservadores, liberales y ahora de los de La U y Cambio Radical, entre “los de abajo” ha hecho carrera esta afirmación: “Si los de arriba han robado  por qué no los que representan a los pobres?”. De todas formas este partido continua teniendo poder burocrático controlando municipios y áreas de las instituciones regionales.

El resultado político electoral deja igualmente como perdedor y debilitado aún más al Polo, no sólo por las divisiones (salida de los “progresistas” y otra figuras) sino por las erráticas decisiones políticas en estas dos últimas elecciones, mostrándose su dirigencia incapaz de comprender la profunda crisis de la política regional y de la necesidad de replanteamientos comenzando por sus propias prácticas.

Ahora bien, diversos sectores políticos y empresariales han mostrado su beneplácito con el triunfo de Delgado y su disposición a apoyarlo e igualmente a estar vigilantes. Han sorprendido también las reiteradas declaraciones y aclaraciones del candidato elegido en el sentido que luchará contra la corrupción: “Haré un Gobierno de manos limpias”, o “El Valle no será finca de ningún partido”) y que espera sacar al departamento de la crisis invitando también a un frente común, una especie de “unidad regional”. En este sentido  la tradición de la política regional y la que encarna Delgado del Partido Conservador (partido que tiene una fuerte responsabilidad en la crisis de gobernabilidad de la región por ejemplo, por lo que hicieron y dejaron de hacer sus líderes históricos Germán Villegas y Carlos Holguín exgobernadores del departamento, durante los períodos que incubaron las peores deformaciones políticas y problemáticas institucionales ) y el tipo de alianza que lo respaldó no dan espacio  al optimismo.  No obstante la situación del departamento y la presión social y política (“condiciones del contexto”) podrían propiciar un curso menos  pesimista. En efecto, no sólo tendrá que recuperar confianza y legitimidad (de partida muy baja) sino que ya ha comenzado en la región una movilización de diversos sectores  orientada a reconstruir una especie de “pacto colectivo por la gobernabilidad”. En este sentido, un hecho importante y reciente, fue el encuentro del Bloque Regional y Parlamentario, una convergencia de los líderes más representativos de los partidos, los senadores y representantes a la Cámara (La U, Conservador, Liberal, Cambio Radical y el propio Polo) el Comité Intergremial del Valle, el Alcalde de Cali, rectores de las universidades públicas y privadas  y académicos, donde estos presentaron un completo diagnóstico sobre los retos y problemas del departamento y algunas propuestas estratégicas que fueron bien recibidas por los candidatos y miembros del Bloque con la firma de un Acuerdo de largo plazo por la “Competitividad y la Equidad”. Delgado afirmó una vez elegido, en entrevista al periódico el País: “ Definitivamente voy a  gobernar con la Unidad Nacional, la academia, la Unidad de Acción Vallecaucana, la Cámara de Comercio, sectores independientes, sectores sociales y fuerzas vivas”.

La tarea y los retos no sólo del nuevo Gobernador sino del conjunto de “las fuerzas vivas” y en especial de la clase política y los sectores empresariales y académicos, es realmente titánica. En efecto, la situación a la que ha llegado el departamento y la institucionalidad  regional no podría ser peor: pérdida de categoría (de especial, pasó a primera y ahora está en segunda – algo parecido a lo del equipo América de la Serie A cayó a la B); nuevamente con una deuda inmensa y sobre todo la acumulación de demandas (muchas originadas en los “mini carteles” de abogados y vivos que desde hace varios años se dedican a sacarle recursos al departamento con la ayuda de funcionarios corruptos. La entrada en Ley 550 ya es una declaratoria de la gravedad de la situación, pero al mismo tiempo ofrece la posibilidad de “poner las finanzas en orden”.

Como señalaron varios de los académicos que intervinieron en el Foro del Bloque Regional y Parlamentario, el Valle se está rezagando en el contexto nacional en campos y áreas donde antes tenía la vanguardia: competitividad, infraestructura, educación, ciencia y tecnología, en desarrollo social, en el ordenamiento del territorio, la protección del ambiente y la prevención de riesgos. Su margen de inversión propia en lo social  es casi nulo (tanto a nivel del departamento como de la mayoría de municipios) dependiendo en alto grado del SGP contrario a lo que pasa en Antioquia, Bogotá y las otras regiones con las que compite el Valle. La capacidad institucional ha sido minada por sucesivas reformas y la ocupación casi total de las instituciones por las peores prácticas clientelistas, de tal forma que la capacidad para planear, hacer seguimiento y control es mínima.  Lo peor es que los organismos de control hacen parte del problema ya que como parte de los arreglos políticos hacen parte de las “mayorías gobernantes. De hecho las investigaciones y sanciones sólo han venido de instancias nacionales que incluso han sido lentas en responder las denuncias sobre la corrupción realizadas desde la región.

El rezago económico y social se evidencia en que siendo una de las regiones con más riqueza y ventajas comparativas y competitivas, tiene las tasas de desempleo (15%) y subempleo (40%) están por encima de la media nacional. La llamada “transformación productiva”  procede con lentitud en parte por la predominancia de un modelo económico, relativamente agotado, pero también por las dificultades para poner en marcha las agendas de competitividad y desarrollo identificadas desde hace varios años, precisamente por la crisis de gobernabilidad y del liderazgo público. Las intervenciones para poner a Buenaventura a la altura de los retos proceden con lentitud, rezagándose frente a los puertos de la Costa Atlántica, pero además de los competidores del Pacífico y lo más preocupante en el puerto es que se anudan todas las crisis y las problemáticas (corrupción, gobernabilidad, hábitat, desarrollo integral).

El Departamento y la región tienen fortaleza y condiciones para salir adelante, incluso muchos han visto en las regalías la posibilidad de iniciar un saneamiento y recuperación pronta, pero se requiere una movilización muy fuerte para superar la crisis de la gobernabilidad y las instituciones, que es una crisis de la política regional, con responsables directos en los partidos y lideres más convencionales y tradicionales. Como ya muchos lo anticipan si no se le rompe el espinazo a la corrupción, las regalías serán otra frustración  y terminarán fortaleciendo la maquinaria.

Pero, igual hay una gran responsabilidad en las élites económicas, culturales y en las organizaciones de la sociedad civil que han sido asimiladas o no han podido traducir la inconformidad y cansancio en cambio y transformación de la política; sobre todo de los actores responsables, es decir en sanción política y moral, actores que han mostrado gran capacidad para reciclarse y mantenerse y poca disposición a cambiar. El gran reto de Ubeimar Delgado es ser capaz de liderar un cambio de rumbo y de métodos, ojalá pueda ser fiel a sus promesas por el bien del Valle y de sus gentes; para esto se requiere que no sólo el Bloque Regional y Parlamentario actué consecuentemente con las declaraciones sino que también los del “voto en blanco” pongan en marcha su promesa de control y seguimiento al igual que las autoridades nacionales (judiciales y de control) ayuden a la vigilancia, la prevención y la sanción de responsables de la crisis a la que llegó el departamento.

Edición N° 00310 – Semana del 6 al 12 de Julio de 2012
 
 
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