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¿Uribe organiza la derecha política?

  Alejo Vargas Velásquez
  Profesor titular Universidad Nacional,
Coordinador Grupo de Investigación en Seguridad y Defensa
   
 

Lo que empezó como un distanciamiento por el estilo de Gobierno entre Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos, progresivamente se fue agudizando y todo indica que hoy día es una ruptura insalvable entre sus proyectos políticos personales. Lo cual es aparentemente incomprensible en la medida en que expresan en política económica más identidades que diferencias (ambos comparten a pie juntillas los llamados principios neoliberales en economía) y que Santos fue elegido presidente como un sucesor de las políticas de Uribe –aunque aquí empiezan las equivocaciones, el candidato de Uribe era realmente Andrés Felipe Arias, a Uribe en cierta medida le tocó apoyar a Santos porque así se dieron las circunstancias-.

Pero, no hay duda que especialmente cuatro campos de controversia han evidenciado los distanciamientos entre los dos. Uno, el manejo de las relaciones internacionales, en la medida en que Uribe progresivamente se ha asumido a sí mismo como una especie de cruzado anti-comunista de nuevo cuño en la región por lo tanto las buenas y formales relaciones que ha impulsado el Gobierno Santos con los países suramericanos, incluidos los miembros del ALBA, es para Uribe una especie de entrega a estos nuevos comunistas. Dos, el manejo de la política de seguridad y defensa, donde lo que más molesta a Uribe no es que haya cambiado nada –en esencia la política se mantiene, pero se ha adaptado, como debía hacerlo, a las nuevas condiciones de la confrontación armada- sino que no ande insultando todos los días al adversario como si descalificar verbalmente al adversario significara vencerlo en el terreno, aquí lo que hay es un claro proceso adaptativo de las guerrillas a la estrategia gubernamental que ya venía dándose desde 2008, como lo muestran todas las estadísticas. Tres, el manejo más respetuoso con las demás instituciones del Estado con los partidos políticos y con la oposición –sin estarlos todo el tiempo calificando de auxiliares del terrorismo-, abandonando el estilo busca pleitos del Gobierno Uribe y en esencia siendo el presidente Santos respetuoso del Estado de Derecho. Cuatro, la posibilidad de una búsqueda de cierre negociado del conflicto interno armado con las organizaciones guerrilleras.

Por consiguiente, sí hay unas claras diferencias entre los gobiernos Santos y Uribe, el primero representa una posición de centro-derecha, el segundo refleja bien una posición de la derecha extrema que se encuentra también en sectores de exiliados cubanos de la Florida o en los divulgadores a ultranza de los manuales neoliberales, a estas alturas bastante cuestionados. Lo anterior reflejaría la historia y evolución política de cada uno de ellos. Santos desciende de una aristocrática familia bogotana, recibió una educación acorde con la misma. Uribe desciende de una familia de empresarios agropecuarios paisa y se educa en ámbitos de la educación pública. Pero, ambos se forman políticamente en el Partido Liberal, el primero como heredero de la tendencia santista en el partido y además de la casa El Tiempo; el segundo, va a hacer la mayoría de su carrera política dentro del liberalismo, inicialmente bajo el ‘paraguas’ del jefe político antioqueño Bernardo Guerra Serna y luego como parte de la tendencia liberal liderada por Ernesto Samper y conocida como ‘poder popular’ –considerada como la socialdemócrata en este partido-. Los dos posteriormente abandonan el Partido Liberal, más por cálculos político-electorales, que por diferencias ideológicas; ambos habían recibido honores y representaciones políticas dentro del Partido Liberal.

Sin embargo, de manera progresiva se evidencia que Juan Manuel Santos sigue teniendo coincidencias ideológicas y programáticas, pero sobretodo de talante, con el liberalismo; para Santos, dentro de una concepción moderna de la política, no puede concebir allí la existencia de enemigos, de enemistades absolutas en los términos de Carl Schmith, sino de adversarios con los cuales siempre hay posibilidad de llegar a acuerdos y a convergencias. Por su parte, Álvaro Uribe cada vez más, a lo largo de su Gobierno, mostró su alinderamiento en lo político-ideológico con tesis de raigambre conservadora y su talante fue el de un caudillo de derecha; tiende a mirar la política en términos de amigos y enemigos –enemistades absolutas las denominaría Carl Schmith- y por consiguiente frente a los mismos hay pocos espacios para acuerdos por consiguiente su lectura de la lealtad política es en términos absolutos, aunque eso no lo aplica en su relación con el Partido Liberal.

Estos personajes van a coincidir en un momento en que el primero requería un apoyo político organizado en función de su reelección y el segundo igualmente buscaba ‘pista’ para entrar al grupo de los apoyos del Gobierno Uribe. Santos va a liderar la organización del  Partido de la U con base en una serie de jefes políticos liberales que habían migrado a las toldas del ‘uribismo’, acudiendo a la tradicional práctica del transfuguismo –tan común en la política colombiana- y que en ese momento temían que no pudieran alcanzar aisladamente el umbral establecido por la reforma política de 2003.

Sobre la derecha en Colombia

La tradición colombiana durante el siglo XX fue asociar al Partido Liberal a una ubicación de centro-izquierda y al Partido Conservador a una de centro-derecha; ubicación parcialmente equivocada, porque al ser los dos partidos tradicionales partidos policlasistas a su interior albergaron siempre distintas tendencias. Si bien fue verdad que en el Partido Conservador hubo corrientes como la de Gilberto Álzate Avendaño y el propio Laureano Gómez, que expresaron simpatías con los gobiernos autoritarios europeos de los 30s y 40s del siglo pasado, también es verdad que más recientemente ha habido personalidades conservadoras francamente progresistas como el presidente Belisario Betancur o Álvaro Leyva; en el Partido Liberal igualmente ha habido tendencias de raigambre conservadora y aún contraria a cambios reformistas –recordemos la oposición al reformismo agrario de Lleras Restrepo que se va a originar en terratenientes de su propio partido o líderes liberales como Pablo Guarín estimuladores del paramilitarismo en la región de Puerto Boyacá-.

Por ello en Colombia no ha existido una clara y definida corriente política de derecha, lo cual ha sido una carencia de nuestra democracia, así como la izquierda ha sido monopolizada por la corriente comunista y sus afines políticos, cerrando espacios a manifestaciones más socialdemócratas.

Por ello el lanzamiento por el ex presidente Uribe y sus amigos de la propuesta política del movimiento denominado del “Puro Centro Democrático”, sin duda podría ser la expresión política de esa derecha civilizada que no ha existido institucionalmente en Colombia, que canalice la opinión nacional que comparte esas tesis y que se requiere en la democracia colombiana y seguramente va a generar erosiones y realinderamientos en el campo de la centro-derecha política que ha acompañado al presidente Santos y que se expresa en la Unidad Nacional. Esta propuesta anda a la búsqueda de candidato presidencial –ya se mencionan como pre-candidatos  a Óscar Iván Zuluága, Francisco Santos, Luis Carlos Restrepo, entre otros-  pero no es fácil encontrar un nombre atractivo y de arrastre porque lo que hasta el momento han mostrado las experiencias electorales es que no es suficiente el apoyo del ex presidente Uribe para garantizar el triunfo. Recordemos el resultado de las elecciones regionales y locales últimas en las cuales los más representativos candidatos apoyados por el ex presidente Álvaro Uribe no ganaron –Alcaldía de Bogotá, Gobernación de Antioquia y Alcaldía de Medellín como los más representativos-, lo cual en política no puede considerarse sino como una derrota, aunque representa algo muy recurrente: sólo en casos muy excepcionales los líderes caudillistas logran trasladar sus apoyos electorales en términos de votos a otros. Ahora bien, esta iniciativa del ‘puro centro democrático’ junto con el llamado ‘Frente Antiterrorista’ que igualmente se comenzó a  publicitar al tiempo, no es otra cosa que establecer unas trincheras de oposición radical a cualquier posibilidad de negociaciones políticas con las guerrillas colombianas, distintas de la claudicación total de éstas y en esa medida intentar frustrar unas de las iniciativas que parece acariciar el presidente Santos con más anhelo.

Lo que sí parece por el momento posible es que las opciones de un segundo mandato del presidente Santos están enredadas, aunque no debemos olvidar que la memoria de los votantes es bastante olvidadiza para estos efectos. Sin embargo, no es claro que la coalición de Unidad Nacional se mantenga sólida hasta las elecciones del 2014 y más bien son esperables fracturas en varios de estos partidos, entre uribistas y santistas, especialmente en los partidos Conservador y en la U.

Pero, lo que sí se evidencia desde ya es que todas las propuestas políticas van a plantear la disputa por tratar de atraer y seducir con sus tesis e iniciativas y especialmente con sus candidatos, al centro político –por ello la propuesta de la derecha uribista se presenta como la del ‘puro centro democrático’, aunque eso no sea muy creíble para muchos sectores de ciudadanos-, donde se sitúan la mayoría de los votantes, que tienen cierta aversión a los radicalismos de derecha, así como a las aventuras de propuestas radicales de izquierda.

En el campo de la izquierda, igualmente hay propuestas para  que se unifiquen alrededor de una coalición de centro-izquierda con un único candidato, sin embargo, esta posibilidad que ante el eventual fraccionamiento de la centro-derecha en las propuestas que apoyarían Santos y la que apoyaría Uribe, tendría opciones de ganar, en la realidad es poco probable que se dé por cuanto esto sería re-editar lo que se dio en el pasado: tratar de juntar una izquierda más próxima a una posición socialdemócrata, con la izquierda marxista, más tradicional y con propuestas y posiciones más radicales. Es más factible que hayan dos candidatos, uno cercano al proyecto de la Marcha Patriótica que representaría la izquierda más tradicional y otro más próximo al Movimiento Progresista que trataría de atraer los votantes del centro.

Hay un riesgo que parece vislumbrarse: pareciera que hubiera una iniciativa premeditada de polarizar la política colombiana entre lo que podríamos llamar uribistas y santistas y en esa medida cerrar espacios para otras propuestas que expresen mejor las mayorías nacionales; los deseos de no entrar necesariamente en polarizaciones que parecen reflejar más intereses personalistas que las necesidades nacionales. Por ello los sectores democráticos de centro en el país deberían comenzar a mirar, cómo se avanza en convergencias que hagan que esas mayorías que se sitúan allí se reflejen políticamente.

Edición N° 00311 – Semana del 13 al 19 de Julio de 2012
 
 
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