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Liberarnos de la guerra, la coca y la corrupción política

  Miguel Ángel Herrera Zgaib1
  Miguel.herrera@transpolitica.org
   
 

Dos alternativas

La semana pasada, el partido de la Guerra, llamó a configurar un frente contra el terrorismo, a "purificar" la nación entera con centro en un mayor baño de sangre que el que ya conocemos, y bajo el eufemismo de llamarse democráticos, mientras que están embadurnados de negociados oscuros como el de Invercolsa.

Hoy, otros aires vienen del sur, poniendo un tatequieto definitivo a la guerra y la coca como negocios sangrientos. Las comunidades de Toribío y Miranda, en el norte del Cauca,  ofrecen no solo su sacrificio heroico y reiterado, sino el ejemplo de rebelarse pacíficamente contra la guerra impuesta en sus territorios por lo actores armados. Este es un hecho histórico, sin precedentes, que produce un alto a la política pública de la guerra para la catastrófica conducción de los asuntos comunes.

Enseñar con el ejemplo

El CRIC, los Nasas, Guambianos y Paeces han tomado partido por la vida, y los muchos, que estamos en oposición abierta a la guerra como fórmula para "resolver" las lacras de la desigualdad y la exclusión, sentimos que tenemos hoy una vocería también reconocible y opuesta al partido de la muerte sin claudicaciones y dispuesta al diálogo eficaz.

Unos y otros, de cara al país, nos convocan a que-haceres opuestos e igualmente responsables de sus consecuencias. En Toribío y Miranda, los herederos de los pueblos originarios, las comunidades movilizadas rechazan la demencial manera de resolver, con más muerte, el conflicto interno.

Estas son las condiciones de quienes ayer retiraron los sacos de arena, las trincheras de la policía en Toribío, al tiempo que marcharon a buscar la guerrilla, a decirle que se vaya de sus territorios. Porque la seguridad duradera la construye la misma gente, como muestra de autonomía y auto-organización, es decir, de mayoría de edad intelectual y política.

Su vocero, Feliciano Valencia, señala que la forma de liberarnos de la guerra es empezar por casa. Para ello necesitamos fuerza organizativa, solidaridad y apoyo de la nación entera.

Una causa complementaria

El llamado es a parar el embeleco de la guerra, a curar la tremenda desigualdad social y la insultante corrupción política. De ahí que el joven senador Camilo Romero, invite a realizar un referendo ciudadano para revocar el congreso, infestado de parapolítica y clientelismos. Es otra pata de la mesa, que nos permite colocar a Colombia sobre sus verdaderos pies. Es la cuota inicial.

La contra-reforma privada de la justicia

La política de la representación hizo metástasis pública con el episodio de la contra-reforma a la justicia, en la cual concurrieron los apetitos privados de los integrantes de las tres ramas del poder público, ejecutiva, legislativa y judicial, más el silencio cómplice de los organismos de control,  con el dizque interés de servir la causa pública.

La única forma de parar el más aberrante acto de clientelismo conocido, fue acudir a la participación ciudadana, vía referendo, que obligó al presidente a echar mano de la excepcionalidad, la caída del ministro Esguerra. Pero, la cura propuesta no es garantía, puede ser peor que la enfermedad.

Una cura contra el cáncer social

Es requisito para curar el cáncer de la representación irresponsable, que de ahora en adelante todos los funcionarios, los gobernantes de turno, los que mandan obedezcan. Ello quiere decir que estén sujetos al juicio político, esto es, que sean revocables de sus puestos, a la vez que todos sean elegidos democráticamente; de cara a la población que padece sus tropelías y corrupción, o aplaude y reconoce sus aciertos, que en Colombia cada vez son mínimos comparados con las fechorías impunes.

Una propuesta nacional

De ahí que sea importante responder al llamado Frente contra el terrorismo con la Acción ciudadana, comunitaria y popular para liberarnos de la guerra, la coca y la corrupción política. Nos invitan en esta semana, cuando menos, dos oportunas vocerías, que vienen del sur de Colombia, la del CRIC, con Feliciano Valencia, y la de Camilo Romero, el joven senador nariñense que orienta hoy el referendo para revocar el Congreso. A las cuales se junta la iniciativa de los jóvenes organizados en la Mane, y por fuera de ésta, que lograron el retiro de la contra-reforma  de la educación superior.

Son tres patas de la revolución democrática en curso. La cuarta y definitiva, por supuesto, es la ciudadanía, la multitud plural, movilizada, cada uno de nosotros que haremos o no posible con nuestra participación consciente y decidida esta urgente cirugía que recupere la salud de una república parasitada y en continua agonía.

1 Profesor Asociado, exdirector de Ciencia Política y Unijus, Universidad Nacional de Colombia. Catedrático Maestría Estudios Políticos U. Javeriana. Ex rector nacional de la Universidad Libre. Autor: La participación y la representación política en Occidente. Coautor: Educación Pública Superior, hegemonía cultural y crisis de representación política en  Colombia, 1842-1984. Director grupo de investigación Presidencialismo y participación Colciencias/Unijus, presid.y.partic@gmail.com.

Edición N° 00311 – Semana del 13 al 19 de Julio de 2012
 
 
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