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Una interpelación compañeros y compañeras del encuentro ciudadano “Pedimos la Palabra”…

  Alberto Anaya Arrieta
  Economista y teólogo
   
 

El miércoles 8 de agosto del año en curso, se dieron cita en la ciudad de las agrestes y hermosas montañas, ciudad de la eterna primavera, Medellín, un número importante de personas que tienen en común el país, la sensibilidad y los anhelos de cambio político, económico y social; y además, cuentan con una basta experiencias en los círculos académicos, empresariales, periodísticos y políticos. Un encuentro de ciudadanos que desean y le apuestan a una Colombia distinta, es decir, construir desde las ruinas que nos han dejado más de doscientos años de desaciertos, corrupción, violencia, dolor y angustias, las administraciones de los partidos tradicionales conservador y liberal. Dos centurias que han sido construidas sobre una estructura de desigualdad y de exclusión.

Bueno, eso es lo que se advierte, lo que percibo de este cenáculo, y espero no estar equivocado.

El encuentro que los organizadores y participantes han denominado “Pedimos la Palabra”, no era para lo que pensaban ‘ingenuamente’ algunos políticos o medios de opinión. Creían que era para mediar o hacer un puente de entendimiento o acercamiento entre el presidente Juan Manuel Santos y el expresidente Álvaro Uribe Vélez; no faltaba más que un grupo de notables y de buenos quilates, se reunieran para armonizar unas relaciones entre los dirigentes de los partidos que tienen a Colombia donde está y que algunos de estos sectores prefieren que vayamos más al abismo. Y le apuestan a la desestabilización del actual régimen, porque seguramente prevén que pueden llegar de nuevo al poder y seguir avanzando en la construcción de más angustia y dolor, desaciertos y fortalecimiento de las bandas criminales, tanto al interior del Estado como en las ciudades y el campo colombiano.

Estoy muy lejos de pensar, como aquellos que vienen diciendo, que los presentes en la reunión “Pedimos la Palabra”, no reúnen los votos suficientes para alcanzar puestos en el Parlamento y menos para llegar a ocupar la Casa de Nariño. Considero, que además de pensar en alcanzar el poder del Estado y promover un modelo de desarrollo distinto al que ahora tenemos, para replantear las políticas estructurales de lo público y poner en el centro del debate nacional, la validez de seguir comprometiéndonos en la construcción de una realidad política, económica y social nueva, “Pedimos la Palabra” deben estar deliberando en cómo llegar y ganarse la opinión pública, al pueblo colombiano, con unas propuestas incluyentes de vida abundante y digna, de sacar a Colombia de la encrucijada de la guerra, violencia, muerte y encauzarla en el cuento de la vida, la alegría, paz y amor. No solamente de promover un cambio de cultura guerrerista por una cultura de paz, ni de promover una política angelical, sino de inculcar un modelo político y económico que reoriente el desorden en que estamos metidos. Porque no podemos seguir avanzando y permitiendo que el dilema de unos cuantos, que quieren imponerle a Colombia salidas o unas dinámicas autoritarias y militaristas, de cortes de extrema derecha o de extrema izquierda, se afiancen o conquisten el poder.

No le estoy haciendo apología a la reunión “Pedimos la Palabra”, sencillamente estoy tratando de interpretar unas coordenadas políticas que salieron de la reunión. Un ejercicio intelectual que me (nos) permite construir opinión y seguir oxigenando con propuestas los procesos que conduzcan a ver una Colombia distinta, con la que vengo soñando, como muchos colombianos y colombianas, que desde la década del setenta, cuando nos levantábamos por encima de los obreros, campesinos, estudiantes y dirigentes políticos pronunciando sendos discursos con sentimientos sinceros en la plaza pública, exhortando a todos y todas a construir procesos que conduzcan a vivir dignamente.

Desde hace muchos años (cerca de dos siglos), hemos venido los colombianos y colombianas, construyendo ideas, propuestas, movimientos, partidos, experiencias con aciertos y desaciertos que nos deben servir hoy. Muchas generaciones han pasado, pero seguimos ahí, recogiendo y ondeando esas banderas e iniciativas. Esas banderas e iniciativas políticas anteriores -buenas y malas- nos han llevado a situaciones de crisis al interior de los demócratas y gentes de izquierda, pero también, nos han conducido a tener más experiencia y tacto para tratar las diferentes posiciones políticas o ideológicas. Se han dado debates internos y públicos. Las distintas expresiones de izquierda y democráticas, que han llegado mediante elección popular a ocupar distintos cargos de autoridad nacional (en el parlamento), regional (gobernadores y diputados), local (alcaldes, concejales y ediles) no han estado exentas de aciertos o grandes errores, que han llevado al posicionamiento nacional, como buenos administradores de las políticas publicas a muchos de ellos; pero también, el deterioro de la imagen de otros, incluso llevándolos a rendir cuentas ante las autoridades judiciales. Todo esto, ha debido de servir, para ir conociendo quiénes son los que (individual o colectivamente) le apuestan sinceramente a un nuevo país y quiénes son los que han sido permeados con los mismos vicios de egoísmo y avaricia que tienen a los partidos tradicionales (liberal y conservador) sumergidos en una situación de descredito. Si no, veamos, cuántos dirigentes nacionales, regionales y locales, de estos dos partidos, se encuentran incursos en investigaciones o medidas de aseguramiento, por distintas situaciones, ajenas, eso sí, a una buena administración pública.

En consecuencia, compañeros y compañeras del encuentro ciudadano por la democracia “Pedimos la Palabra”, solicito una interpelación, para preguntar, qué va a pasar ahora, cuál es el horizonte, cuál es la propuesta que debemos conocer todos y todas, para apostarle, si esa es la idea, de construir la Colombia que venimos soñando muchos desde el siglo pasado, desde los años setentas. La Colombia que mi generación viene reclamando: productiva, equitativa, incluyente, digna, justa, ecológica, alegre y feliz. Con unas políticas que le apuesten a todos y a todas, sin excepción alguna.

Me alegra conocer, y por ello de nuevo escribo, que el proceso de hibernación política que muchos hemos estado viviendo por distintas circunstancias, hoy se detenga y abramos caminos juntos y con el país por delante como horizonte inmediato. Para que el discurso demagógico de construir un mejor futuro sea erradicado y en su lugar digamos que construir una patria en armonía, libertad y fraternidad, humana y digna es ahora.

Para finalizar y recordando al maestro niche y la coyuntura política, he parafraseado esta hermosa canción, con palabras que desde luego, han brotado de mi alma, pero guardando un profundo respecto por la memoria del maestro niche, no la incluyo: “A lo lejos se ve mi pueblo natal, no veo la santa hora de estar allá, se vienen a mi mente bellos recuerdos, infancia alegre que yo nunca olvidaré. Luces de esperma se divisan, titilantes igual que estrellas en el cielo y el ruido incesante del viejo trapiche, sustento eterno de todos mis abuelos… Ya vamos llegando, me estoy acercando, no puedo evitar que los ojos se me agüen, no puedo no…”

Edición N° 00316 – Semana del 17 al 23 de Agosto de 2012
 
 
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