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Recomposición de la Unidad Nacional y del Gobierno

  Alejo Vargas Velásquez
  Profesor titular Universidad Nacional,
Coordinador Grupo de Investigación en Seguridad y Defensa
   
 

Lo normal de los gobiernos en democracia son los cambios periódicos en el equipo de ministros y aún la recomposición de las coaliciones que apoyan la gestión de Gobierno. Eso son frecuencia en la tradición colombiana se le denomina ‘crisis’, aunque realmente se trata de acomodos o recomposiciones políticas normales.

Recapitulemos un poco. El presidente Santos desde su contundente victoria en la primera vuelta electoral planteó la convocatoria a una coalición de Gobierno amplia que denominó la ‘unidad nacional’ y es así como se va configurando la nueva coalición, además del Partido de la U y el Conservador que habían sido la base de la coalición uribista, se suman el Parido Liberal y Cambio Radical.  Un poco más adelante y ya iniciado el Gobierno, el Partido Verde decide sumarse a la Mesa de Unidad Nacional, entrando de manera progresiva a ser parte de la coalición de gobierno –esta decisión generó muchas tensiones al interior de este Partido y su bancada.

Obviamente, esta nueva coalición de Gobierno no tenía la coherencia ideológica con que contaba la primera, que sí era claramente de centro-derecha; la entrada del Partido Liberal primero introducía un matiz de centro, con ciertos matices de centro-izquierda y esto lo reforzó la vinculación posterior del Partido Verde. Por lo tanto, era esperable que al interior de la misma surgieran ciertas tensiones políticas que reflejaban la nueva composición; adicional a las eventuales disputas burocráticas entre partidos por sus legítimas aspiraciones de participación en los cargos de responsabilidad política de primera línea.

Pero, la situación política nacional obviamente incide al interior del funcionamiento de dicha coalición de Gobierno. De una parte, las tensiones progresivas entre el ex presidente Uribe y el Gobierno Santos llevaron a que en partidos como el Conservador y el de la U, en los cuales hay una mayor incidencia del ex presidente, se comiencen a evidenciar tensiones entre sectores más pro-uribistas y sectores más afines al presidente Santos. Esto, sin duda se agudiza con el anuncio hecho por el ex presidente Uribe y sus seguidores más incondicionales de la creación del movimiento ‘Puro Centro Democrático’, que al parecer es el germen de un movimiento político que aspiraría a agrupar la derecha uribista y eventualmente a participar electoralmente en Congreso y en las elecciones presidenciales.  Esto va a ser un campo de diferenciación entre el sector del urbismo ‘pura sangre’ y el santismo y es probable que incluso se exprese en la recomposición del equipo de Gobierno y en la prioridad de las políticas públicas –todo indica que el Gobierno requiere cada vez mayor homogeneidad programática y menos quintacolumnistas-.

De otro lado, las versiones extraoficiales, cada vez más recurrentes, de eventuales acercamientos entre el Gobierno Santos y voceros de la guerrilla en el exterior para un posible proceso de conversaciones de paz, buscando el cierre negociado del conflicto armado, hicieron que las posiciones guerreristas del ex presidente y sus seguidores más incondicionales salieran a flote, para tratar de oponerse o sabotear esos eventuales acercamientos, lo cual a su vez tiene impacto en la coalición de Gobierno en la cual tanto el Partido Liberal como el Verde han sido reiterados partidarios de la búsqueda de la paz negociada –los demás partidos de la coalición igualmente han expresado su solidaridad con el Gobierno en este empeño, pero no es claro que todos sus miembros compartan estas posiciones-. Este es un campo que es de prioridad y muy seguramente lo será mucho más en ‘el segundo tiempo’ del Gobierno, no sólo por ser un mandato constitucional, sino por convicciones del propio Presidente. Pero, igualmente porque al parecer ha encontrado una receptividad en los voceros de la contraparte…

La situación se tendió a complicar con la equivocación, tanto del Gobierno como del Congreso, en el trámite de la reforma a la justicia, que conllevó junto con otras causas, a una descolgada en la popularidad del Presidente y en general de las instituciones. Esto terminó causando, igualmente, tensiones entre los miembros de la ‘unidad nacional’.

Otra de las causas a las que se atribuye la mala hora por la que pasa la popularidad del Gobierno, tiene que ver con la composición del gabinete, al cual se le critica, por un lado, su origen fundamentalmente bogotano sin que en el gabinete se representen las regiones y del otro, que si bien se trata de tecnócratas con altos niveles de formación, son funcionarios sin conocimiento ni de las realidades regionales, ni del manejo político necesario para un cargo que por esencia conlleva responsabilidad política, como lo es el de un Ministro.

Adicionalmente gravita el tema de la eventual reelección presidencial y por supuesto la definición de las fuerzas políticas que van a acompañar al Presidente en la campaña electoral y van a contribuir con su trabajo en que esta iniciativa se haga realidad; al respecto, sólo el Partido Liberal ha sido claro y categórico en señalar su apoyo a una candidatura del presidente Santos por la reelección.

Adicionalmente, los coletazos de la ‘parapolítica’ –penetración de los grupos paramilitares en las instituciones- seguirán mostrando hasta donde llegó la complicidad con estos grupos ilegales y esto no sólo afectará a altos oficiales de la Fuerza Pública, sino podrá tener otros efectos políticos y jurídicos colaterales y sin duda reforzará la tesis en el sentido que no se puede aceptar, como en el pasado, que todo vale con tal de darle ‘golpes’ a sus enemigos político-ideológicos.

Es en éste contexto en que el presidente Santos le pide la renuncia a sus Ministros para tener la libertad de hacer los cambios, reajustes y rectificaciones que a bien tenga. Todo indica que habrá cambios de carteras, ratificaciones y nuevos Ministros. Sobre las razones de estos cambios y el sentido del nuevo equipo de Ministros, se considera que, además de la necesaria renovación ‘en los carros oficiales’ como lo expresara metafóricamente un recordado ex presidente liberal, se tratará de un gabinete con mayor representatividad regional y sensibilidad tanto a los temas de la paz como a una mayor ejecución de las políticas sociales que son las que contribuyen a crear un ambiente favorable para el cierre negociado de este conflicto interno armado de larga duración.

En el corto plazo lo esperable es que todas las fuerzas políticas de la ‘Unidad Nacional’ se mantengan dentro de la coalición de Gobierno y seguramente en la medida en que se acerquen las elecciones y si se aprueba una norma que facilite, por lo menos temporalmente, el transfuguismo parlamentario, algunos congresistas de los partidos de la coalición podrían migrar a las toldas del ‘puro centro democrático’, pero con seguridad muchos menos de los que se creen porque el peso de esa derecha nuestra es menos de lo que aparenta, aunque a ratos haga bastante ruido.

Edición N° 00317 – Semana del 24 al 30 de Agosto de 2012
 
 
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