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Estado y ciudadanía

  Mauricio Castaño H.
 

Historiador - mauriciojota@yahoo.es

   
 

Un imperfecto de la democracia es la lejanía de la ciudadanía hacia los asuntos del Estado. Lo macro es un intangible lejano para el ciudadano de a pie. Pues el común denominador ha sido su divorcio, o en el mejor de los casos un matrimonio infeliz en permanente conflicto, ganando más la desconfianza de éste hacia aquel. Es razonable que a un padre irresponsable y despilfarrador, no se le quiera.

Enmendar esta ruptura, ha sido la tarea de las instancias de participación ciudadana. Acercar a la ciudadanía haciéndolos parte de la solución de los problemas más apremiantes de su comunidad. Aquí, el ciudadano se conecta con las pequeñas cosas, con los pequeños asuntos de su realidad más inmediata: los tres metros faltantes de un andén, el muro de contención que salva de las inundaciones a la vecindad, etc.

Desde el año 1958, las Juntas de Acción Comunal, han sido una de las organizaciones que han cumplido ese papel de conector entre la sociedad y el Estado. Con sus tres símbolos: el pico, la pala y el hacha, fueron las herramientas para construir la escuela, la capilla, el acueducto y las vías de acceso. Suele decirse que más de medio país se construyó a punta de convites. Hoy la modernidad nos pone de cara a otra realidad, son otras las relaciones que nos median, aquellos símbolos y las sedes húmedas, con goteras, un escritorio desvencijado y una silla patiquebrada, hacen parte del pasado, de un mundo ya ido.

Aquí nos vienen dos problemas. Por un lado tenemos que este tipo de relación en la que median las pequeñas cosas de lo inmediato, aparta al ciudadano del Estado en su conjunto, se desentiende de la confección de las gruesas políticas, dejándolas a merced de los políticos. Es un rompimiento de la naturaleza democrática, pues la concepción operadora es que nosotros los ciudadanos estamos aquí, y el Estado está allá. Es más bien una relación vinagrosa o si se quiere de enemistad. Una de las duras críticas que se tiene es la manera como se ha configurado la participación ciudadana, la fragmentación social, al no lograr que la gente del común introyecte los gruesos asuntos estatales como por ejemplo, las reivindicaciones garantistas: Salud, Empleo, Educación, la Paz, etc. Estos han sido temas de un gran desafecto en la población y que son dejados como vaguedades a los profesionales de la política, en los cuales no se confía.

El otro problema tiene que ver con la modernidad. Si bien es cierto que nuestras tradicionales formas de participar siguen teniendo mucho peso en nuestra sociedad, también es mucho más cierto que el tiempo moderno nos ha transformado las formas y los medios en que nos relacionamos. Incluso hoy se asevera que el mundo de la política tal y como la conocemos, desaparece. Hoy los movimientos en las redes son mucho más eficaces, miles de ciudadanos de cualquier parte, de todo el mundo, instauran sus comunidades con objetivos comunes que pronto materializan. Recordemos el movimiento de los indignados, o los que a diario se forman en las redes sociales con Facebook. Son comunidades que no requieren de espacios físicos.

Es un doble registro el que nos asiste y nos complementa. Y cuya característica esencial es que el ciudadano está conectado tanto de las pequeñas como de las grandes cosas. Esos dos mundos se confeccionan en las instancias de participación. Nos parece buen ejemplo para este propósito el Presupuesto Participativo con sus características de una instancia muy reglada, mucha deliberación, dispendiosa en los procesos y procedimientos, pero necesaria para los juegos democráticos que requieren de líderes con un buen entrenamiento en estas lides. Otra instancia, corresponde a ejercicios flexibles, no ya tan reglados, más bien frescos y tranquilos, en los cuales, las decisiones que se toman son rápidas y concretas. Por lo mismo son escenarios más bien de consulta, no de deliberación. Ejemplo de ello son las recientes Jornadas de Vida de la ciudad de Medellín.

El reto está en construir, en tejer una relación permanente de pequeñas y grandes cosas, en consciencia de que nos compete tanto las soluciones como los problemas, los aciertos como las dificultades. Es la vía de las instancias de participación con buen flujo de información entre los ciudadanos de a pie como con sus representantes políticos. Un trabajo en llave y en la horizontalidad. El sueño es tener una ciudadanía activa, muy vigilante en las decisiones estatales, y cuando haya necesidad de hacer sentir la voz de protesta, sean tantos los ciudadanos movilizados, que los representantes del gobierno tengan en cuenta sus voces, que no haya posibilidad de hacerles el quite. Es un alivio a la fragmentación social, y en su lugar tenemos un cuerpo compacto de la ciudadanía y sus representantes, es una Nueva Gestión Pública, eso es un Estado Fuerte.

Edición N° 00318 – Semana del 31 de Agosto al 6 de Septiembre de 2012
 
 
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