Semanario Virtual Caja de Herramientas
 
 

Los obstáculos posibles de las negociaciones Gobierno – FARC

  Alejo Vargas Velásquez
  Profesor titular Universidad Nacional,
Coordinador Grupo de Investigación en Seguridad y Defensa
   
 

Está acordada la agenda y los procedimientos entre Gobierno y FARC, están nombrados los equipos negociadores de ambos lados; sólo resta esperar a que se llegue el momento de inicio formal de las conversaciones hacia la paz de los colombianos. ¿Pero, qué tipo de dificultades se pueden avizorar?

Un buen equipo negociador es aquel que representa muy bien los intereses de una parte en la Mesa, pero además que tiene la suficiente capacidad y habilidad para encontrar solución para las dificultades que se van presentando y que logra crear el clima adecuado en la Mesa de Diálogo para que se vayan construyendo los acuerdos, logrando que las dos partes encuentren en esos acuerdos que lo fundamental de sus aspiraciones fueron consideradas.

El equipo negociador del Gobierno lo conforman dos funcionarios que participaron en las fases previas de definición de la agenda y los procedimientos y en esa medida ya tienen un conocimiento de sus contrapartes y del sentido y alcance de lo que se acordó, algo muy importante en el desarrollo de la negociación. Dos generales en retiro, representativos de la Fuerza Pública y que fueron exitosos adversarios de los grupos guerrilleros, que conocen bien la dinámica del conflicto armado y serán definitivos en el punto de dejación de las armas. Un líder empresarial, conocedor de los temas de la paz y de la guerra, desde su posición empresarial y quien será fundamental en las discusiones, especialmente del punto del ‘desarrollo agrario’. Coordina la Mesa un constitucionalista y ex Vicepresidente de la República, quien va a darle esa representatividad al Estado, fundamental para el éxito de la negociación.

El equipo negociador de las FARC está encabezado por Iván Márquez, segundo comandante de esta guerrilla y quien representa no sólo al Secretariado, sino además una tradición histórica de las FARC, es adicionalmente un negociador con experiencia en este tipo de procesos pues fue parte de los negociadores de la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar en Caracas en 1991. Igualmente la presencia de Andrés París, Rodrigo Granda y Marcos Calarcá, que son personas que han participado en anteriores procesos de negociación y sobretodo que estuvieron en la fase inicial de definición de la agenda y por lo tanto conocen los pormenores de la misma y sin duda, han construido relaciones de confianza con negociadores del Gobierno, lo anterior es muy importante para lograr encontrar fórmulas de acuerdo en los distintos puntos que satisfagan a ambas partes. El incluir a Simón Trinidad considero que tiene un valor simbólico para sus miembros, que las FARC no olvida sus presos y su participación en algún momento de la negociación (ya sea a través de videoconferencia, como lo mencionó el Fiscal General), dependerá seguramente de cómo vayan evolucionando las mismas.

Ahora bien, si miramos los temas de la agenda acordada, podemos decir que la misma tiene un punto central, el problema de la tierra, enunciado como ‘desarrollo agrario’, que ha estado asociado a todas las violencias nuestras en el Siglo XX y ahora en el Siglo XXI. Este es el tema sustancial de la negociación y si hay acuerdos allí, lo demás es probable que avance  más fácilmente.  Sin embargo no es sencillo el abordaje de este tema, podría en una perspectiva maximalista incluir toda la problemática del mundo rural y otros aspectos de política pública y allí la posibilidad de acuerdos se volvería más compleja; la otra posibilidad, que sería la esperable, es la que aboca con realismo acuerdos sobre creación de nuevas y apoyo a ‘zonas de reserva campesina’, redistribución de tierra en algunas regiones de presencia histórica de las FARC, apoyo a pequeños y medianos productores agropecuarios, a través de un modelo de desarrollo rural que combine tanto el apoyo a los cultivos agroindustriales como a la producción de economía campesina; esto implicaría construcción de infraestructura, políticas de educación, salud, crédito, asistencia técnica, mercadeo, justicia para regiones de productores campesinos, en esencia, construir Estado en aquellas regiones donde no lo ha habido o sólo ha tenido presencia la Fuerza Pública como expresión del componente militar del mismo. Si es esta segunda perspectiva la que prima, las posibilidades de acuerdos rápidos son bastantes, si es la primera, la negociación se puede enredar.

En relación con los otros temas, va a ser importante la discusión acerca de cómo podrían las FARC contribuir en la reducción de los cultivos ilícitos y en esto puede ser estratégico la definición de programas de desarrollo alternativo, con sostenibilidad en el tiempo –hay que pensar por lo menos en una década- y con un fuerte apoyo de subsidios en crédito, mercadeo y mercados para estos productores que decidan abandonar la siembra de coca y decidirse por sustitución de cultivos y construcción de Estado en esos territorios. En lo relacionado con la participación política de los miembros de las FARC, una vez desmovilizados, se van a requerir reformas electorales –eventualmente del mismo Código Electoral- que garanticen que estos nuevos movimientos políticos van a tener posibilidades de competir por el voto ciudadano en igualdad de condiciones. Igualmente el tema de víctimas, tendrá como eje central el conocimiento de la verdad –este puede ser un tema controversial, por cuanto no sólo se requerirá conocer la verdad de los hechos producidos por las FARC, sino los realizados por el Estado y por grupos de contrainsurgencia paraestatal-, la reparación y especialmente las garantías de no repetición, cuya principal garantía es la propia desmovilización del grupo guerrillero.

Las salidas jurídicas para los miembros de la guerrilla de las FARC y otros sectores involucrados en la confrontación van a estar basadas en modalidades de justicia transicional; es altamente probable que la sanción de pena privativa de la libertad no exista, pero sí penas alternativas y sobretodo la decisión de contribuir al esclarecimiento de la verdad. No habría que descartar en este punto la creación de una Comisión de la Verdad que cumpla un rol en este sentido.

Algo fundamental para el éxito de las conversaciones de Oslo y La Habana es la creación del necesario ambiente de opinión pública favorable a las mismas y en esto será determinante el papel de los medios de comunicación; no ocultando información, sino difundiendo de manera adecuada y oportuna la información oficial de la Mesa de Diálogo, pero al mismo tiempo propiciando una labor pedagógica acerca del proceso de diálogo y dando espacio a las distintas voces –no sólo a una expresión del espectro político- en los debates que inevitablemente se van a generar. En este campo es en el cual los sectores de la sociedad civil que han venido acompañando y pidiendo esfuerzos en la terminación del conflicto interno armado pueden y deben cumplir una tarea fundamental de ayudar a construir una opinión informada y favorable al éxito de estas conversaciones; no es tratando de congestionar la Mesa del Diálogo, que ya tiene suficientes complejidades, sino apoyando y tramitando sus demandas ante el Estado a través de canales institucionales.

Una gran preocupación es cómo lograr que haya un proceso de negociación simultáneo o paralelo con el ELN, para no seguir en la vieja tradición colombiana de negociar la paz a pedazos, no importa si aquí la negociación se realiza con el pedazo más grande; hay que hacer por parte del Gobierno y también de la sociedad, el esfuerzo de propiciar los acercamientos para las conversaciones con el ELN y que éstas tomen el necesario ritmo en la dirección de terminar con el conflicto interno armado.

Edición N° 00320 – Semana del 14 al 20 de Septiembre de 2012
 
 
Importante: Cada autor es responsable de sus ideas y no compromete el pensamiento de Viva la Ciudadanía. Se permite la reproducción de nuestros artículos siempre y cuando se cite la fuente.
 
   
 
 
comentarios suministrados por Disqus