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Eliminar parafiscales no genera empleo y
empeora distribución del ingreso

  Héctor Vásquez F.
  Escuela Nacional Sindical
   
 

En los últimos días se ha vuelto a poner el tema de la eliminación de los parafiscales como una condición para generar empleo. El tema parte de reconocer que el empleo que se está generando en el país es fundamentalmente empleo en la economía informal1, por fuera de la protección social, un empleo que no corresponde a la noción de trabajo decente que promueve la OIT, es decir, un “trabajo productivo con remuneración justa, seguridad en el lugar de trabajo y protección social para el trabajador y su familia, mejores perspectivas para el desarrollo personal y social, libertad para que manifiesten sus preocupaciones, se organicen y participen en la toma de decisiones que afectan a sus vidas así como la igualdad de oportunidades y de trato para mujeres y hombres” (OIT, 2007).

Como esta es la realidad que genera el modelo de desarrollo económico que tenemos, por parte de algunos actores sociales se lanza entonces la estrategia de “pescar en rio revuelto”, para atribuirle a unos supuestos altos costos laborales la causa de la alta informalidad laboral. Quienes así actúan se niegan a cuestionar el modelo, no quieren abandonar las explicaciones que tradicionalmente han dado a los fenómenos de los altos niveles de desempleo y de trabajo en la economía informal que caracterizan el mercado laboral colombiano.

Así ha quedado claro luego que el Ministro de Hacienda recoge una propuesta de FEDESARROLLO, en el sentido de eliminar algunos parafiscales (los que financian al SENA, al ICBF y a las Cajas de compensación familiar, específicamente), para trasladarle su financiación a la nación, es decir, a todos los colombianos, a través del incremento del IVA, lo que equivale a quitarles a los empleadores esta obligación, que actualmente equivale al 9% del valor de las nóminas.

Ya en el pasado, con idénticos argumentos, se han hecho reformas similares que le aliviaron la carga prestacional a los empleadores y le redujeron a los trabajadores sus ingresos laborales. Recordemos la ley 50 de 1990, que eliminó la retroactividad de las cesantías y redujo a la mitad las tablas de indemnización por despido injusto; o la ley 789 de 2002, que suprimió el pago por trabajo nocturno entre las 6 y las 10 pm y redujo en un 25% los pagos por trabajo en días dominicales y festivos.

En estos casos, los empleadores recibieron un favor gratis del Estado, pues la informalidad no bajó y a aunque la tasa de desempleó se redujo, ello fue el resultado, primero de una gran emigración de trabajadores colombianos entre los años 1999 y 2002 hacia los Estados Unidos y España, principalmente, (cerca de 4 millones de personas se fueron del país, empujadas por la crisis del 99 y por la violencia), y segundo, como resultado del propio crecimiento que la economía colombiana experimentó en los últimos 10 años, empujada por la mayor demanda de productos mineros (petróleo y carbón principalmente), y de sus altos precios en los mercados internacionales: en este período, por ejemplo, aumento el precio del barril de petróleo, que pasó de 30 dólares el barril antes de la guerra del golfo, a casi 100 dólares en la actualidad, lo que atrajo inversión hacia el sector y mayor producción y exportación del crudo.

Pero, los empleadores no formalizaron ni generaron empleo por el hecho de que los trabajadores fueran más baratos, sino porque había una coyuntura de crecimiento de la demanda que así se los exigía, y fueron principalmente, aquellos sectores ligados al comercio internacional, a la minería y al desarrollo de la infraestructura, quienes jalonaron el mayor crecimiento del empleo en la economía formal.

Quienes, en cambio, no lo pudieron hacer, y tampoco lo va a hacer así desaparezcan los parafiscales, fueron los sectores de empleadores que están en la base de la pirámide productiva, aquellos que contratan menos de 5 trabajadores, o que vinculan el trabajo familiar en sus actividades productivas, que no cuentan con la capacidad de negociar sus condiciones en las cadenas de subcontratación, pues son las grandes empresas las que las imponen; unas condiciones tan precarias, que no les dejan margen alguno para formalizarse y para asegurarle a sus trabajadores condiciones de trabajo decente. O también, porque no encuentran espacio suficiente en el mercado interno, pues éste está dominado por las grandes empresas, que son las que controlan todas las redes de distribución y de consumo, como le queda claro a cualquiera que ingrese a un hipermercado, a un centro comercial, o a una tienda de barrio, donde casi siempre uno se encuentra con las mismas marcas, pertenecientes a grades compañías.

Para tener una idea de lo que significa para las mipymes y famiempresas esta competencia y qué posibilidades tienen de prosperar en este mercado, baste mirar lo que fueron los resultados del PIB en el 2011 y los resultados operacionales de las empresas dominantes en la economía colombiana. En efecto, en el 2011 el PIB alcanzó la suma de 615.7 billones, de los cuales el consumo total fue de 478 billones, el 77.6% del PIB, y el consumo de los hogares 380 billones, el 61.7% del PIB y el 79.5% del consumo total.

En este mismo año, los ingresos operacionales de 24.282 empresas registradas en la SUPERSOCIEDADES2 y que venden principalmente en el mercado interno, (aquí no incluimos al sector financiero, a las grandes empresas de los servicios públicos domiciliarios como la EPM, ni a las grandes empresas industriales y comerciales del Estado, como ECOPETROL), sumaron el equivalente a 459 billones, es decir, una suma que representa el 74.5% del PIB, el 96% del consumo total y 1.2 veces el consumo de los hogares. Sin embargo, estos ingresos estuvieron concentrados en muy pocas empresas, pues 723 empresas, el 3% del total, que presentaron ingresos operacionales superiores a los 100 mil millones de pesos, concentraron el 60% del total de los ingresos operacionales.

Esta vez nos proponen que el país le regale a los empleadores aproximadamente 8 billones, (7.6 billones fue lo que pagaron 351.607 empresas en parafiscales en el 2011); a esto súmenle todas las exenciones tributarias que se le hizo al gran capital durante los 8 años del gobierno de Uribe, que sumadas representan la misma suma anual, y esto en un país en donde el 40% de la población es pobre.

El resultado de todos estos regalos que le hemos dado al capital, (y a propósito, muchos de los funcionarios que gestionan este tipo de reformas, hoy están en el gobierno y mañana pasan al sector privado, o viceversa), es que hoy somos una de la naciones con el peor indicador en materia de distribución del ingreso, como lo revela el índice de GINI, que está en 0.563, que esta desigualdad se exprese en altos niveles de pobreza y de indigencia, y que el mercado interno, que en un 67% está compuesto por el consumo de los hogares, sea tan pequeño, que en él apenas caben, y en condiciones muy precarias, las mipymes y las famiempresas, y que el empleo que mayoritariamente genera la economía, es empleo en la economía informal, principalmente empleo por cuenta propia, al margen de la protección social y del trabajo decente.

Edición N° 00320 – Semana del 14 al 20 de Septiembre de 2012

1 Durante el 2011 creció más la categoría del empleo por cuenta propia (6.23%), donde se ubican mayoritariamente las actividades del puro rebusque y el trabajo en la economía informal, que la categoría del empleado particular (5.05%), que corresponde principalmente al empleo asalariado, que es el que tiene que estar regulado por la legislación laboral, aunque si se agregan todos los trabajadores asalariados (empleado particular, empleado del gobierno, trabajadoras domésticas y jornaleros o peones), el crecimiento de este tipo de empleo es todavía menor, 3.8%, un resultado que fue contrario a la tendencia que presentó para toda América Latina, según la CEPAL (2012), en la que creció más el empleo asalariado que el empleo por cuenta propia.

2 De esta lista se ha excluido a las empresas exportadoras de flores, banano, café, carbón y petróleo.

3 El índice de GINI mide cómo se distribuye el ingreso en una sociedad: Cero  es la igualdad absoluta, 1 significa que una sola persona se quedó con todo el ingreso, lo que indica la desigualdad absoluta. Para poner un ejemplo que demuestra distintos índices en la distribución del ingreso: Suecia, que es una de las sociedades más prosperas y desarrolladas, con una fuerte implantación del sindicalismo y de la negociación colectiva, tiene un índice de GINI de 0.25, Colombia, con sindicalismo y negociación colectiva marginales, tiene un GINI de 0.56.

 
 
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