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Eric Hobsbawm, el historiador de las sociedades

  Esteban Valenti
  Periodista, escritor. Ex coordinador general de IPS –
Director de UYPRESS y Bitácora de Uruguay
   
 

Murió a los 95 años el mayor y más respetado historiador y pensador marxista de finales del siglo XX y principios de este siglo. Era austríaco, hijo de polacos, pero todos lo conocemos por su labor en Gran Bretaña. Hablaba seis idiomas y viajó muchas veces a América Latina, región donde se sentía a gusto porque -según el mismo confesó- se seguían utilizando términos claros: como revolución, obreros.

En su autobiografía, escribió: "Pertenezco a la generación para quienes la revolución bolchevique representó una esperanza para el mundo". Fue miembro del Partido Comunista Británico y como muchos insignes intelectuales en todo el mundo abandonó su vinculación orgánica con el comunismo cuando la invasión a Hungría en 1956. Siguió siendo toda su vida un hombre de izquierda y marxista.

Sus grandes preocupaciones fueron las injusticias del sistema capitalista. Hace poco le dijo a un colega historiador que quería ser recordado como "alguien que no solo mantiene la bandera volando, sino que demostró que al agitarla se puede lograr algo".

La suya era la bandera de la justicia social. En uno de sus últimos ensayos sentenció: "La injusticia social necesita ser denunciada y combatida [...] El mundo no se va a arreglar por sí solo".

En su labor como historiador hizo aportes extraordinarios y fue un pensador clave de la historia del siglo XX. Su trilogía fundamental está compuesta por "La era de la revolución" (1789-1848), que fue seguida de "La era del capital" (1848-1875) y "La era del Imperio" (1875-1914).

Ahora se producirá una catarata de trabajos valorizando la enorme producción intelectual de Hobsbawm, y él se lo merece. En la modestia de mis posibilidades considero que hizo un aporte muy original y valioso, su historia no fue la de los reyes, los presidentes, los famosos, los notables, sino que fue el historiador de las sociedades y sus procesos y por lo tanto sus relaciones sociales y culturales.

No fue un propagandista del marxismo ni de la URSS aunque fue un anticapitalista convencido y militante, criticado por alguno de sus colegas por no haber sido más duro en sus críticas al mundo socialista. Su gran virtud fue escaparse de los esquemas, hacer de la historia y su investigación una obra creativa y libre donde el hilo conductor era el sentido del progreso y también de las grandes tragedias y horrores protagonizados por los seres humanos, horrores que conoció personalmente en su gestación en los principios de la Alemania nazi.

Hace muchos años que dejé de leer a los diversos autores con devoción y entrega, y en casi todos los casos estoy alerta, desconfiado de las "verdades". Con Hobsbawm me era cada día más difícil encontrar las diferencias, las críticas y me dejaba llevar. Se necesita gente en la que confiar plenamente en el plano intelectual, y ese austríaco, nacido en Egipto, en la sede de la más grande biblioteca de la historia, que se hizo británico hasta enrolarse en sus tropas, que a pesar de su brillantez le costó llegar a ser docente de Cambridge por sus convicciones ideológicas y políticas y luego le dio lustre a su cátedra sin abandonar nunca su rigor y sus principios, ese crítico de jazz de la revista The New Statesman que escribía bajo el seudónimo de Francis, se ha muerto a los 95 años.

Nos ha dejado gigantescas herramientas para tratar de entender nuestro tiempo, un tiempo donde la desproporción entre los enormes problemas que enfrenta el mundo, su capacidad de creación tecnológica y su impacto en las sociedades y la enormidad de las injusticias en las que viven miles de millones de seres humanos, contrasta con la pobreza de la elaboración de las ideas revolucionarias. Y hemos perdido uno de los mejores pensadores realmente revolucionarios de nuestro tiempo.

Edición N° 00323 – Semana del 5 al 11 de Octubre de 2012
 
 
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