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¿Negociaciones en medio del conflicto
armado o desescalamiento del mismo?

  Alejo Vargas Velásquez
  Profesor titular Universidad Nacional,
Coordinador Grupo de Investigación en Seguridad y Defensa
   
 

Dentro del Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, firmado entre el Gobierno Nacional y las FARC, no se plantea que se vaya a hacer la negociación con un cese del fuego y de hostilidades previo, pero tampoco se dice que no, por lo tanto y siguiendo la lógica que aquello que no está expresamente acordado entre las partes, podría ser, de común acuerdo introducido, como regla metodológica, nos sumamos a las voces que plantean la conveniencia y la necesidad de acuerdos humanitarios de protección a la población civil y medidas para disminuir la intensidad del conflicto.

La experiencia nacional e internacional señala que los procesos de negociaciones de conflictos internos armados tienden a ser más exitosos, si se logra a corto plazo producir un cese del uso de la violencia, por cuanto esto envía a la sociedad un mensaje claro de los efectos positivos que tendrá para la vida de la sociedad una terminación definitiva del conflicto armado, pero además porque envía a la Mesa un clima de tranquilidad que puede influir en el avance de las negociaciones.

La pregunta que uno podría plantearse acerca de por qué en esta ocasión el Gobierno, que en el pasado ha sido el más interesado en este sentido, no lo hizo, tiene probablemente tres respuestas. La primera hace referencia a la ofensiva que ha venido adelantando la Fuerza Pública contra las FARC, con resultados indudablemente contundentes en términos de capturas, desmovilizaciones y bajas, lo cual seguramente llevó al Gobierno a pensar que lo más conveniente era que la operatividad militar modulara el ritmo de la Mesa. La segunda, la existencia de muchos otros factores de violencia en la sociedad colombiana (otras guerrillas como el ELN y algunos remanentes del EPL), las BACRIM o Neoparamilitares y otros grupos de crimen organizado, lo cual hace que un cese del fuego o tregua con las FARC, para que fuera creíble requeriría localización territorial de los efectivos de las FARC y sistemas de verificación, todo ello de una gran complejidad. La tercera, es de orden político, se trataba de no darles argumentos a los adversarios críticos de cualquier proceso de salida negociada al conflicto armado, que podrían argumentar que se estaría maniatando a las Fuerza Pública o peor aún, entregándole el país a la subversión (todos esos argumentos se escuchan).

Pues bien, lo real es que no se incluyó dentro del Acuerdo el tema del cese del fuego y sólo se habla de él como parte de la etapa final del fin del conflicto armado. Pero hay un argumento que no se debe desechar y es que si se producen hechos de violencia por parte de la guerrilla, o de otro de los múltiples actores de violencia, eso va a influir en el clima de opinión favorable a los diálogos y ojalá no lleve a suspensiones de los mismos. Ya que estamos hablando mucho de experiencias del pasado, no debemos olvidar que en los diálogos de Caracas, Tlaxcala y en el Caguan, los mismos se deterioraron o suspendieron por los hechos de violencia que sucedían fuera de la Mesa. Ojala que en esta ocasión no sea así, pero el riesgo existe.

Por ello no deberían descartarse o bien ‘acuerdos humanitarios’ de desescalamiento del conflicto, como el que han propuesto múltiples voces, entre otras, la del ex presidente Samper y su Fundación Vivamos Humanos,1 a propósito de cuatro temas e inspirado en el DIH, sacar los niños de la guerra, eliminar progresivamente campos minados, protección de edificaciones civiles y crear una Comisión tripartita de Gobierno, Guerrilla y Organizaciones de Víctimas para esclarecer temas como el del secuestro. La otra posibilidad es llegar a acuerdos informales en la Mesa de desescalar el conflicto (no hacer operativos militares en determinadas áreas,  suspender determinado tipo de operaciones, avanzar en clarificar temas como el de los secuestrados, etc.), que pueden generar reacciones en cadena de las dos partes y que pueden favorecer un clima de confianza en la Mesa que contribuya a un mejor ambiente en la sociedad con la negociación, pero también a construir confianza, que es tan importante en un proceso de este tipo.

Deseándoles a los negociadores del Gobierno y de las FARC la mejor de las suertes en su trabajo, del cual estaremos pendientes los colombianos, sí insistimos en que no se debe desechar la posibilidad de llegar a corto plazo a estos ‘Acuerdos Humanitarios’, que apuntan es a aliviar las condiciones de la población civil en las zonas donde la confrontación es más intensa y a contribuir a crear climas de opinión pública favorables a la marcha del proceso.

Por último, no nos cansaremos de decirle al Gobierno y al ELN que el momento del país requiere un gran esfuerzo de su parte, para que el ELN igualmente se sume, seguramente en Mesa paralela, a este esfuerzo de terminación del conflicto armado que tanto deseamos los colombianos.

Edición N° 00324 – Semana del 12 al 18 de Octubre de 2012

SAMPER PIZANO, Ernesto, “Se puede humanizar la guerra mientras llega la paz”, El Tiempo, 6 de Octubre de 2012.

 
 
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