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La victoria de Chávez y sus significados

  Antonio Martins
   
 

La oposición reconoce carácter democrático de las elecciones. Resultado refrenda proyecto del Presidente pero, con reservas. El futuro parece depender de la creatividad política.

Para un país que sufrió, en los últimos catorce años, un intento de golpe de Estado, intercambio de acusaciones incesantes entre gobierno y oposición y tensión política permanente, el resultado de las elecciones presidenciales en Venezuela parece marcar un viraje. Alrededor de las diez de la noche del domingo, el candidato de la oposición, Capriles Radonsky, reconoció la victoria de Hugo Chávez, afirmando que “para saber ganar, es necesario saber perder”. Poco más tarde, el Presidente relecto se dirigió a una multitud, que lo esperaba delante del Palacio Miraflores. Conmemoró la victoria, por poco menos de diez puntos porcentuales de diferencia (54,42% x 44,97%). Frisó el carácter plebiscitario de la contienda, felicitando a la oposición por “reconocer la verdad, reconocer la victoria del pueblo”. Al mismo tiempo, extendió la mano: “Mis palabras de reconocimiento van para todos los que votaron contra nosotros: un reconocimiento a su postura democrática (…) Convido al diálogo, al debate y al trabajo conjunto por la Venezuela bolivariana”.

Para comprender los gestos de conciliación de los dos adversarios, vale analizar con algún detalle los resultados de las elecciones. Por parte de la oposición, el elogio al carácter democrático de la contienda fue ciertamente influenciado por la rara participación popular – destacado, entre otros, por Ignacio Ramonet, editor del Le Monde Diplomatique en español. Fueron a las urnas cerca de 15 millones de venezolanos – un índice de participación del 80,94%, impresionante para un país en que el voto no es obligatorio (y casi el triple de la media venezolana pre-Chávez).

La disputa fue marcada por la lisura. En entrevista al periodista Sergio Ferrari, el eurodiputado Andrés Perelló, relata que, además de totalmente electrónico, el sistema de votación venezolano incluye las garantías de la identificación del elector por impresión digital y de la impresión paralela del voto (lo que permite tener certeza de que el voto no fue alterado y posibilita eventuales verificaciones, en caso que se presente  desconfianza de los resultados).

Pero, también el propio Presidente, ahora reelecto, fue obligado a cambiar de actitud, a lo largo de la disputa. Acostumbrado a liderar, en las trece campañas anteriores en que participó, con una oposición primitiva (que intentó deponerlo en 2002 y que boicoteó las elecciones legislativas de 2005), Chávez inició la campaña en el tono de desafío que lo caracteriza. En diversos momentos, asoció Capriles y a la oposición a los “yanquis”, “fascistas” o majunches (inútiles).

Pero lidiaba, esta vez, con un oponente más inteligente y audaz. Capriles se aprovechó de los ataques del Presidente para agarrar la bandera de la unidad entre todos los venezolanos – bastante popular, en un país cansado de tensiones-. Condujo una campaña incesante, dispuesto a visitar inclusive los reductos clásicos del chavismo, como los barrios pobres de las periferias. Allá, contrariaba el discurso que la elite venezolana sustenta hace más de una década. Afirmaba estar dispuesto a mantener los programas de redistribución de la riqueza lanzados por el Presidente (prometiendo inclusive perfeccionarlos.).

Las urnas mostraron un país polarizado, por eso, más parejo. La ventaja conquistada por Chávez sobre Capriles (9,45 puntos percentuales) es bastante amplia; pero su porcentaje de votos (54,42%) es inferior al de todas las elecciones presidenciales en las que él venció anteriormente (56% en 1998; 59,95% en 2000 y 62,84% en 2006).

Qué futuro permiten pronosticar para Venezuela lo recientes resultados electorales? El aspecto más decisivo parece ser la consolidación de las transformaciones lideradas por Chávez. Él venció en la cuarta elección sucesiva, superando el desgaste natural sufrido por todos los gobernantes. Si derrota también el cáncer contra el cual lucha desde hace dos años, completará dos décadas en el poder en 2019, cuando terminará el mandato conquistado este domingo 7 de octubre. Pocos países vivieron, en igual período, cambios tan vastos relacionados con la afirmación de los derechos sociales, distribución de riquezas, cuestionamiento de las antiguas estructuras de poder y afirmación de las mayorías. El hecho de que la oposición se reinsertase en el juego democrático y que aceptara (aunque por ahora sólo verbalmente) parte de las transformaciones revelan cómo será difícil revertirlas.

Un segundo efecto es contradictorio con el primero. Todo indica que Chávez no podrá más gobernar casi sin obstáculos políticos, como hizo durante la mayor parte de su período en el poder. Al aceptar la disputa democrática, la oposición ocupa espacios institucionales que antes despreciaba. Si consigue mantenerse unida en torno de Capriles (lo que es incierto), empleará estos espacios para enfrentar el ímpetu de las reformas del presidente.

Cuál será, entonces, el futuro de la llamada Revolución Bolivariana? Es probable que, para avanzar, ella requiera nueva creatividad y capacidad de invención política. El sociólogo Edgardo Lander – que pudiera ser groseramente calificado como “chavista crítico” – es estudioso profundo de este tema. Entrevistado por Outras Palavras en 2010un momento difícil de la Venezuela, él habló de una “esquizofrenia”. Opinó  que el ascenso al poder  y los cambios liderados por Chávez habían desencadenado, entre los sectores populares, un movimiento inédito de movilización y exigencia de derechos y democracia. Entretanto, esta participación era muy dependiente del Estado y subordinada a las decisiones finales del propio Presidente.

Entrevistado hace pocos días, por el site Otra AméricaEdgardo reafirma esta contradicción, pero en un tono más optimista. Destaca la importancia del “proyecto de cambios en Venezuela, y de las enormes expectativas que él genera, en el país y en todo el continente”. Se trata, dice, de luchar para que no se pierda esta “extraordinaria oportunidad histórica” – lo que pudiera ocurrir de dos diferentes maneras. La primera, en el caso de recuperación del gobierno por la derecha y por un retroceso neoliberal. El segundo riesgo podría materializarse si, “para evitar esta primera posibilidad, las demandas democráticas fueron dejadas de lado y continuaron avanzando las tendencias estatistas, verticalistas y (ineficientemente) desarrollistas, que parecen indicar que poco se aprendió con las experiencias del socialismo del siglo pasado”.

A estas alturas, Edgardo Lander ya sabe que, entre estos dos riesgos, tendrá – felizmente – que enfrentar el más complejo...

Traducción Félix Contreras

Edición N° 00324 – Semana del 12 al 18 de Octubre de 2012
 
 
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