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¿Minería = prosperidad?

  Rafael Colmenares
  Ambientalista
   
 

Las declaraciones de la Contralora General1 de la Nación indicando que Colombia se encuentra en situación de calamidad ambiental por cuenta del impacto de los proyectos mineros y la crítica del representante de las FARC en Oslo al modelo económico, cuya principal locomotora es la minera, han puesto en otra dimensión el agudo debate sobre el tema. La discusión, sin embargo, no se ha detenido en los últimos años. En el mes que acaba de terminar se realizó un Foro organizado por el Foro Nacional Ambiental y para Noviembre se anuncia un Foro Semana en Santa Marta y otro en Bogotá, convocado por Razón Pública.

Los debates se han centrado principalmente en la inconveniencia de impulsar la minería, la manera de reglamentarla y los impactos ambientales y sociales de tal actividad. Siendo estos aspectos muy importantes, en un segundo plano quedan otros, no menos fundamentales, como la razón por la cual hay un auge minero no solo en Colombia sino en el mundo y cual es la relación entre tal auge y el decrecimiento de la actividad agrícola e industrial en amplios sectores de lo que años atrás se denominaba tercer mundo.

El desarrollo capitalista se fundamenta en la incesante utilización de los combustibles fósiles y una amplia gama de metales. Siendo el incremento de la producción el motor del sistema, lo cual paradójicamente conduce a crisis como la que actualmente atraviesa, su dinámica se estrella con el carácter finito de las fuentes energéticas hasta ahora utilizadas y con los límites de los stocks de minerales existentes. Sin embargo cuando hemos llegado al denominado “pico del petróleo”2 y nos acercamos y en algunos casos ya hemos alcanzado el pico de la producción de otros metales, la extracción de los mismos en vez de racionalizarse se acelera. Aquí el sistema muestra su lógica contradictoria, en vez de ralentizar la extracción y priorizar el uso de la energía fósil para las actividades fundamentales mientras se implementa otra matriz energética mas sostenible y menos contaminante, como la solar, por ejemplo, los dueños del capital se comportan como el alcohólico que apura las últimas gotas del licor que lo ha conducido a la beodez.

A la vez que se desarrollan formas de extracción del petróleo y el gas cada vez más costosas y destructivas del ambiente3, se desata una feroz competencia por controlar los yacimientos aún existentes. Otro tanto ocurre con la gama de metales que sirven de materia prima a los principales procesos productivos, en particular los de aparatos que operan las comunicaciones y la informática, claves en la economía contemporánea.

El Oil Crash Observatory informa que: “La Unión Europea está estudiando una lista de 49 materiales potencialmente críticos para la economía de la eurozona, a medida que se intensifica la competición global por los recursos escasos. El Reino Unido ha comenzado a estudiar el problema de la escasez de los recursos naturales, incluyendo los alimentos, la tierra, el agua y las tierras raras, como se comenta en esta noticia publicada en el diario The Guardian. Entre tanto, el gobierno japonés está haciendo acopio de 7 materiales estratégicos4, y la lista podría ampliarse en un futuro próximo. Ya en EE.UU., diversos estudios y analistas alertan del problema, que va más allá de los productos tecnológicos: el Departamento de Defensa está muy preocupado por la necesidad de estos materiales para motores, láseres y sistemas electrónicos de precisión de uso militar todos ellos”5. El temor es que China ha venido avanzando en el control de las zonas ricas en este tipo de yacimientos y ha restringido la exportación desde su propio territorio.

En consecuencia la presión que ejercen las compañías extranjeras y los grandes Estados que dominan la economía y la política mundiales sobre un país rico en minerales como Colombia es la verdadera razón de nuestra contradictoria, débil y ruinosa política minera. No estamos ante una decisión soberana y autónoma plasmada en un plan de desarrollo como el actual, sino atados al carro de la dinámica económica transnacional.

Por otra parte el país abandonó hace tres décadas la ilusión de un desarrollo industrial de tipo cepalino, con las variantes y rectificaciones que le fueron introducidas desde cuando fue formulado a principios de la década de los sesenta. Hoy en día nuestra economía depende de las exportaciones en las cuales pesan fundamentalmente el petróleo, el carbón y el níquel, que en 2011 pasaron a representar el 70% del total exportado. Entretanto la producción agrícola e industrial del país ha descendido dramáticamente.

Lo anterior se agrava ante el hecho de que la locomotora minera avanza con un régimen de regalías que es el más favorable a las compañías extractoras de toda Suramérica. Es decir no solo asumimos el costo ambiental y social de tan destructiva actividad sino que lo hacemos a cambio de casi nada6, pero esta bicoca es fundamental para sostener el andamiaje del Estado colombiano con toda su corrupción y clientelismo.

La locomotora minera no nos está conduciendo entonces a la prosperidad. Ella forma parte de la globalización neoliberal que ha conducido a la “reprimarización” de nuestra economía. Como lo señala Eduardo Sarmiento en su columna de El Espectador: “En mi ultimo libro, Transformación productiva y Equidad se muestra cómo el modelo económico tiene un papel dominante en la construcción de una sociedad equitativa. La adopción del modelo neoliberal en 1991 por la administración Gaviria, al igual que en toda América Latina, fue seguida de un deterioro sin precedentes del coeficiente de Gini de la distribución del ingreso. La revista Economist, que se caracteriza por su abierta defensa al libre mercado, en la última entrega reconoce que la globalización y la apertura comercial contribuyeron al deterioro de la distribución del ingreso en las dos terceras partes del planeta”7.

¿Qué hacer frente a tan desolador panorama? Desde luego, son válidas las luchas por resistir a la avalancha minera impidiendo que destruya las fuentes de agua, como ocurrió con la oposición ciudadana a la extracción de oro en Santurban; bienvenidos los intentos de garantizar una legislación que excluya más zonas ricas en biodiversidad y agua de la explotación minera; de aplaudir la decisión de clausurar la explotación de arena y materiales de construcción en los Cerros Orientales de Bogota, tomada por la Administración Petro. Pero, mientras no avancemos en un nuevo modelo productivo que privilegie la producción de alimentos para nuestro propio abastecimiento, aproveche la biodiversidad del país para generar una industria biotecnológica con sentido ético, haga de nuestras bellezas paisajísticas y nuestra diversidad cultural una fuente de ingresos para las comunidades y en general se articule a un proyecto nacional ambientalmente sostenible y socialmente más justo, continuaremos atados al carro de la prosperidad de las transnacionales y rumbo al abismo.

No perdamos de vista, sin embargo, que el problema es planetario, pues como señala el economista español José Manuel Naredo: “…la vida surgió y evolucionó en la Tierra a partir de una sopa primigenia, la especie humana – el capitalismo diría yo- la empuja ahora con fuerza hacia un puré crepuscular…”8

Edición N° 00327 – Semana 2 al 8 de Noviembre de 2012

1 Véase “Colombia esta al borde de un desastre ambiental “ entrevista a Sandra Morelli por Yamid Amat, El Tiempo, 13 de Octubre de 2012

2 Se denomina así a la curva en forma de campana formulada por el norteamericano Hubbert, en la década de los cincuenta, para graficar la tendencia decreciente de la extracción petrolera en Estados Unidos, la cual decaería a partir de cierto momento. Se considera  que  dicho declive ya esta ocurriendo a nivel mundial y de ahí el encarecimiento de los precios y la explotación de yacimientos profundo que hace unos años no se consideraban económicamente viables.

3 Es el caso del “fracking” método por el cual se extrae gas mediante un procedimiento de fractura hidráulica que licua las rocas y genera graves consecuencias, incluidos terremotos y envenenamiento de las aguas. Véase al respecto el video “La sombra del fracking”, en Videos Rebeldes, www.rebelion.org

4 Estos metales son: níquel, cromo, vanadio, cobalto, tugsteno, manganeso y molybdenum

5 Véase oilcrash.net/category/tierras-y-metales raros/ 9 de Junio 2012.

6 El “Goverment take”, porcentaje del negocio minero que va a las arcas del Estado es en Colombia del 22%, frente al 26% en Chile y 25% para cobre en Perú, que son los mas bajos en la región. Véase Julio Fierro Morales “Políticas mineras en Colombia”, ILSA, febrero de 2012, pág. 68.

7 Véase, “El debate del modelo económico”, en El Espectador, 27 de Octubre de 2012

8 Véase, José Manuel Naredo, “Utilizar el “capital mineral” de la Tierra o el flujo solar y sus derivados renovables”, en “El final de la era del petróleo barato”, Icaria – Antrazyt 271, primera edición, Febrero de 2008.

 
 
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