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Los tres huevitos se rompieron

  Héctor Alonso Moreno
  Tomado de www.larazondecali.com
   
 

El pasado fin de semana el presidente Juan Manuel Santos sintió el peso de la carga impuesta por Uribe al designarlo como el cuidador de sus tres famosos huevitos: El de la seguridad democrática, el de la promoción de la inversión y el de la política social. El país pudo informarse a través de los medios de comunicación, como la Asamblea del Partido Social de Unidad Nacional sirvió como el escenario ideal en el cual se  confrontaron dos tesis diametralmente opuestas alrededor del asunto. Una expresada a través de la intervención del ex presidente Álvaro Uribe Vélez y la otra en la intervención del Presidente Juan Manuel Santos.

El destino final de los huevitos fue el centro del debate de la Asamblea del Partido de Gobierno. Tanto Santos como Uribe se dedicaron en sus intervenciones a justificar las acciones u omisiones del gobierno alrededor de estos tres temas. Ya con anterioridad a la cita política del pasado domingo, el ex presidente Uribe había trinado sobre sus huevos, al afirmar que “al gobierno no le dejamos pollos robustos pero si huevos fecundados, y  por no cuidarlos ya quebró el de la seguridad”.

En la asamblea de la colectividad política, frente al ampollado tema de la seguridad democrática el ex presidente lanzó su diatriba Uribista contra el proceso de diálogo de paz que desarrolla actualmente el gobierno. Lo anterior, en el marco de un duro ambiente político caldeado minutos antes, debido a que frente a una proposición de apoyo a la política del diálogo con la insurgencia colombiana,  la asamblea de la U por falta de votos a favor, aplazó la proposición de respaldo al gobierno.

Si entendemos que la U es el partido del presidente y su gobierno, es por demás preocupante, que el jefe de la oposición Álvaro Uribe Vélez en la asamblea de la U haya logrado mover la agenda en contra del proceso de paz, y  como consecuencia inmediata, haya estimulado, seguramente sin proponérselo, una gran rechifla ante la intervención del Presidente Santos, jefe natural del partido,  cuando éste se refería a los asuntos de paz de su gobierno.

El ex presidente Álvaro Uribe logró con su intervención, finalmente, dejar en el ambiente político que la asamblea de la U terminaría apostando en sus deliberaciones por el fracaso del proyecto político más importante del actual gobierno como es la búsqueda de la paz negociada. Y de paso, terminó dejando a Juan Manuel Santos como un presidente huérfano de la solidaridad política al interior de su propio partido.

Esta situación, políticamente hablando, coloca en serio riesgo el apoyo que desde el legislativo se le pueda brindar en un futuro cercano a las conclusiones que se vayan construyendo en el proceso de la Habana. De mantenerse la correlación de fuerzas que se observó en la asamblea del partido de gobierno; articulando más a la mayoría de parlamentarios de la U y a parlamentarios de otras colectividades que se expresan en la unidad nacional a favor de la guerra eterna, que propone el movimiento político uribista denominado “Puro Centro Democrático”; el proceso de la Habana tendría grandes tropiezos.

Lo discutido en la Asamblea del Partido Social de la Unidad Nacional en materia de seguridad democrática, es un importante campanazo al gobierno acerca de las dificultades que en lo externo tendrá el proceso de paz. De allí, que urge entonces buscar y lograr por parte del gobierno del presidente Santos y de la rebeldía armada un mayor respaldo cívico y ciudadano al proceso de paz. Esta asamblea política corroboró lo que se ha venido afirmando insistentemente en diversos círculos académicos y políticos: Al proceso de paz, hay que meterle pueblo.

El respaldo de una sociedad civil fuerte es importantísimo en esta hora del proceso de diálogo y negociaciones. La historia ha demostrado, que ante la incapacidad de los partidos de articular los intereses nacionales, es a la sociedad civil a quien se le impone la tarea de construir los espacios necesarios a fin de permitir nuevas institucionalidades.

En Colombia, son muchos los esfuerzos que en el pasado  desde la sociedad civil se han hecho para contribuir a la salida negociada de este conflicto. El papel de la sociedad civil debe ser prudente, como quiera que las experiencias también han enseñado, que cuando la sociedad civil se vincula a estos procesos y extralimita su presencia o maximaliza su protagonismo, lo que hace es convertirse en un actor perturbador de las negociaciones y termina polarizándose alrededor de un actor más del conflicto. El papel de la sociedad civil debe ser de acompañamiento y de aportes que permitan crear confianzas. Y ante todo, debe contribuir a garantizar para que a través de ella se permita la socialización de los acuerdos en los diferentes espacios de la sociedad, y posteriormente el acompañamiento de estos acuerdos en su implementación.

Edición N° 00327 – Semana 2 al 8 de Noviembre de 2012
 
 
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