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Proceso de paz y autismo periodístico

  Ana María Miralles C.
  Profesora de la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad Pontificia Bolivariana
   
 

Recientemente las FARC emitieron un comunicado que generó polémica, por cuanto criticaba a los medios de comunicación y particularmente a Caracol televisión, por la cobertura que suelen hacer sobre los asuntos relacionados con la guerra larvada en Colombia. Tengo que confesar que aunque rechazo los métodos violentos, los secuestros y demás hechos violatorios del DIH por parte de este grupo guerrillero, en esta ocasión creo que tienen razón en su crítica a los medios. No es solamente Caracol. Es la concepción de los “grandes” medios en Colombia la que está fallando. Claro que nada de eso amerita atentar con una bomba contra este medio de comunicación, como ya lo hicieron las FARC: es en el terreno de la discusión y la crítica que hay que enfrentar estos problemas y no con la intimidación del poder de la fuerza. ¡Pobre país entre estos extremos!

En este nuevo proceso de paz ya se advierten los problemas de la cobertura mediática. Para comenzar, es notorio el sesgo negativo que marca las informaciones, de tal manera que parecen estar trabajando desde el comienzo con la hipótesis de la catástrofe anunciada, aunque de cierto modo es una cobertura bipolar: del exceso de expectativas como si estuvieran en una carrera de caballos, al pesimismo. Todo indica que todos estos años de informar sobre el conflicto armado y tanto tiempo de trabajo periodístico sobre el tema no les hubieran enseñada nada. La cobertura en sí del proceso comenzó, de hecho, con la voz de alarma porque las conversaciones dizque iban a iniciarse ya con un retraso porque por asuntos climáticos o de conexión de vuelos no iban a llegar a tiempo los equipos negociadores a Oslo. Y al final, todos llegaron a tiempo, pero luego de varias noticias alarmantes que habían puesto el cronómetro en marcha y que no eran más que construcciones de los medios, ensimismados en su propias lógicas paroxísticas de noticia, aún allí donde todavía no hay noticia. La principal responsabilidad ahí ha sido la creación de un clima más centrado en el pasado que en el futuro que podemos construir.

El enfoque de esos grandes medios y especialmente de los canales de televisión privada es errático y superficial, además de esquizoide: admiten que es un proceso complicado y por eso se está en una negociación, porque hay profundos desacuerdos entre las partes, pero luego actúan como si se vieran sorprendidos por las complicaciones que ellos mismos, por su terror al vacío de información, terminan inventando. Desde el comienzo Caracol Televisión puso a funcionar literalmente el cronómetro igual que hicieron con los Juegos Olímpicos: muchos días antes de que comenzaran oficialmente las conversaciones apareció reiteradamente en pantalla el reloj contando las horas y los minutos faltantes para el inicio del proceso.

A partir de ahí se ha convertido en una obsesión el tema del cumplimiento del cronograma y andan con reloj en mano como si estuvieran todavía en los Juegos. El trabajo sobre contenidos brilla por su ausencia. Tan carentes de imaginación, el “contexto” que proveyeron antes del inicio formal de las conversaciones fue una bienvenida al pasado: un recorrido por los grandes hechos de violencia perpetrados por las FARC. Historia poco neutral, por cierto. En lugar de hacer el contexto inteligente de los temas de agenda, se quedan siempre en los aspectos superficiales del tema y como buenos jueces, siguen con el cronómetro en la mano.

No parece que estuvieran informando sobre un complejo proceso que implica pensar, discutir y negociar por ejemplo el problema de tierras en Colombia, un asunto pendiente en la agenda del país desde mediados del siglo pasado. Y ni qué decir de los otros temas previstos en esa agenda. Una cosa es tener temas a tratar entre gobierno y guerrilla con ciertas metas en el tiempo que no hagan de este un proceso interminable y otra es tomarse esto como un proceso administrativo-gerencial con una lista de chequeo en la mano, como si lo importante fuera chulear tareas y no hablar de un proyecto de país.

Por otra parte, ese terror al silencio que tiene el periodismo, me parece que le hace mucho daño al proceso. El gobierno advirtió al país desde los medios de comunicación que ya había una agenda y que iba a haber esos momentos de silencio mientras los equipos negociaban. Pero el periodismo no entiende ni acepta el silencio. Una vez desatada la noticia de que iba a haber un proceso de paz se encarnizaron en la construcción de noticias sobre el tema. Y qué remedio, si no hay hechos ¡que viva la noticia! Este periodismo enquistado en sus propias lógicas puede estar padeciendo una especie de autismo, produciendo él mismo la noticia y perdiendo conexión con la realidad.

Ahora también se ha retomado el caballito de batalla de la opinión pública. El análisis de conversaciones de paz anteriores parece otorgarle a la opinión pública un peso importante en el éxito o el fracaso del proceso. Sin embargo, en esta ocasión se restringe su tarea a la supuesta verificación de unos acuerdos en los que no tuvieron siquiera la oportunidad de participar seriamente. Pero ya los medios sentenciaron que el éxito dependerá del apoyo de la opinión pública y por eso andan dedicados a lo suyo: a hacer encuestas de popularidad sobre el proceso y vinculando en sus análisis sensaciones de pesimismo como la derrota de La Haya, metiendo todo en el mismo paquete. ¿A qué hora se les perdió tanto el rumbo a los medios?

Edición N° 00332 – Semana del 7 al 13 de Diciembre de 2012
 
 
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