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La inconsistencia de los políticos

  Héctor Alonso Moreno
  Profesor Asociado, Universidad del Valle
   
 

La conmemoración el 10 de diciembre en Colombia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se enmarca en un asunto bastante trascendental. Este tiene que ver con el hecho de la aprobación en primer debate en la comisión primera del senado de la republica del proyecto de ley que permitiría la unión matrimonial de dos personas del mismo sexo.

Sin duda alguna, este es un tema, que junto a muchos otros que se han venido aprobando y desarrollando en el marco de la nueva sociedad, como el aborto, se inscriben en la filosofía del nuevo ordenamiento constitucional de 1991 que apunta mas a superar la discriminación y la exclusión social que se evidenciaba con gran peso en la otrora constitución, clerical, goda y monocultural de 1886.

Las Naciones Unidas han expresado, por su parte, que el tema que debe llamar la atención en esta ocasión al conmemorarse una nueva efeméride de la Declaración Universal de los DDHH, es lo concerniente al derecho de todas las personas –mujeres, niños, minorías, personas en situación de discapacidad, la población indígena, y las comunidades negras, a ser tenidos en cuenta en la vida publica y a hacer oír su voz con mayor intensidad a fin de ser incluidos en los procesos de adopción de políticas publicas.

En ese marco de la conmemoración en función de la inclusión y la no discriminación se debería entenderse el apoyo dado por el Senado de la republica, al aprobar en primer debate los matrimonios entre parejas del mismo sexo; en un acto por demás bastante controversial, en el sentido que, con esa actitud de aprobación, pareciera que los parlamentarios trataran de olvidar lo que pocos días antes habían aprobado, y es el hecho, de haberle dado de nuevo poder con la reelección a un procurador inquisidor con pensamiento mas ajustado a un Estado clerical y bastante mas alejado del objeto y la misión del Estado Social de Derecho que promueve la constitución de 1991. Constitución política en la cual es demasiado importante el tema del respeto de los derechos humanos de las minorías étnicas, del derecho a la libertad, al libre desarrollo de la personalidad, a la diversidad sexual, y al derecho a la intimidad; entre otros derechos humanos fundamentales.

Es preciso llamar la atención que en el marco de lo anterior, no es filosófica ni doctrinariamente entendible la inconsistencia política de algunos partidos políticos y en particular de los parlamentarios liberales; pues mientras ayer aprobaban con mayorías parlamentarias la reelección del más representativo funcionario publico de la homofobia y la derecha doctrinaria; hoy aparecen aprobando en primer debate con las mayorías de la comisión primera del senado el matrimonio entre parejas del mismo sexo.

Esperamos que esta actitud no tenga como propósito generar una cortina de humo para poner en el olvido la decisión política de la aplanadora parlamentaria de la Unidad Nacional, que temerosa no de Dios, sino del poder de los hombres, permitió la reelección en el senado del procurador Alejandro Ordóñez, en la cual seguramente influyo, además de la repartición de prebendas y canonjías clientelares, el propio miedo a su poder y a su autoridad disciplinaria; mas que a sus planteamientos de un Estado clerical, con el cual sueña a diario el reelecto dueño de la moral publica.

Se espera además, que este impulso parlamentario de la comisión primera del senado a favor de los derechos de las minorías sexuales, no obedezca más a un cálculo político a fin de congraciarse con el país y la ciudadanía, y particularmente con quienes horrorizados escuchamos las discriminatorias y vulgares expresiones del senador Roberto Gerlein en contra del matrimonio Gay.

Anhelamos los demócratas libre pensadores, que este nuevo proyecto de ley que permite la unión de parejas del mismo sexo, se inscriba mas en la necesidad de reconocer una realidad social y cultural que existe y que aumenta a diario en Colombia, y es el hecho, de que cada día es más significativo el numero de personas y comunidades que reclaman de manera organizada el respeto por su derecho a la diversidad sexual. Y que no sea la aprobación de este proyecto en primer debate un hecho político a fin de congraciarse con estas minorías de manera transitoria, para finalmente terminar hundiendo el proyecto de ley en los próximos debates.

Edición N° 00332 – Semana del 7 al 13 de Diciembre de 2012
 
 
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