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La Contralora, le pone el cascabel al gato

  Miguel Ángel Herrera Zgaib
  Profesor asociado – UNAL Bogotá, Director Grupo presidencialismo y participación
   
 

Desde el jueves se libra el tercer asalto definitivo para fijar el perfil efectivo, el real talante neoliberal del Gobierno de la prosperidad “democrática”. Este tercer round revela el misterio de la cacareada reforma tributaria con el “cuentazo” que no se van a subir impuestos, de una parte, y de otra, que no se perjudica para nada a la clase media. En Colombia la clase media se extiende entre los estratos dos al cinco y ésta será la primera afectada.

El gobierno, en cambio, insiste en que la reforma favorecerá a los pobres y a los extremamente pobres en un futuro indefinido e incierto de mucho empleo. ¡Mamola!, contestaría Gaitán, un liberal colocado en la otra orilla del descendiente de Eduardo Santos.

Pero, la Contralora, Sandra Morelli hace cuentas, y deja al gobierno de la prosperidad con saldo en rojo. Primero que todo, para esta entidad de control, la reforma no mejorará ni la equidad ni tampoco contribuirá a sanear las finanzas públicas. No le queda duda, igualmente, que aumentará los impuestos a las rentas laborales; y de lo anterior es prueba el “imán”, un impuesto con nombre repleto de ironía y veneno impositivo.

En cambio, sí es cierto, que le bajará la renta a los grandes capitalistas del 33 al 25 porciento. Exactamente lo contrario de lo que se dispone a hacer su principal socio, Barack Obama y los opulentos Estados Unidos, el paraíso de la clase media. A esta sumatoria regresiva se añade la eliminación de los parafiscales, lo cual puso en pie de lucha más beligerante a los usuarios del Sena, quienes suman millones; pero, sabido es que también afectan ICBF y Salud, ya de por sí más quebrada que un bulto de canela. Eliminar estos parafiscales, según las cuentas de la contralora producirá un déficit de 12 billones, que jamás de los jamases enjugarán los presupuestados seis billones de recaudo por concepto del nuevo impuesto “Cree”, otra nominación que rompe cualquier límite al cinismo gubernamental.

En resumen, estamos en presencia a plena luz del día de una tercera pirámide, peor de insultante que la que hizo tristemente famoso, pero con sanción a DMG, y la de Interbolsa, que por lo pronto no tiene ningún sancionado a la vista, y a un gobierno que nada dice en la persona del elocuente presidente, quien esta semana llamó mentirosos a más de uno, y llamó a sesiones extraordinarias para perpetrar este asaltos a las finanzas públicas en beneficio de los más ricos y voraces colombianos.

Un recorderis histórico

Sin embargo, el primer asalto a la “buena fe” de los colombianos que votaron por Santos, libres u obligados por el paramilitarismo y sus jefes políticos, fue el escándalo protagonizado con el embeleco de la reforma a la justicia, donde el ministro Esguerra Portocarrero prestó su nombre y prestigio jurídico como as de burlas, y el gobierno y el congreso fijaron su real catadura. Es decir, un simulacro cuyo interés manifiesto no era mejorar la administración de justicia. Su articulado se hundió, incluido el mico de ampliación del fuero militar descubriendo un mar de prebendas que beneficiaba a los operadores de la justicia de los altos  magistrados para abajo, cuyas pensiones se mantienen intocadas también con el remedo de reforma tributaria.

La huella que queda de todo ello es el paro más largo de la rama jurisdiccional del poder público, cuyo grueso de funcionarios espera una nivelación salarial establecida por ley desde 1992. Siguen en el paro después de vacaciones, a pesar de la acción divisionista ensayada por el Ministerio de Justicia, que puso a Otálvaro y Cantillo a enfrentarse entre sí.

El segundo asalto es uno perdido para la causa de los derechos humanos en Colombia, y que iba como mico adosado a la fenecida reforma a la justicia. Me refiero a la ampliación del fuero militar, que los defensores de víctimas de falsos positivos, y otros crímenes cometidos con el pretexto de combatir en la guerra irregular, califican de garantía para la impunidad. Aunque el joven ministro de defensa, Juan Carlos Pinzón, porfía que “es para proteger la seguridad de todos”.

El Mindefensa alega que la reforma se discutió de manera abierta y democrática.  Él recuerda que hay siete conductas que no serán falladas por la justicia penal militar: delitos de lesa humanidad, genocidio, desaparición forzada, ejecuciones extrajudiciales, violencia sexual, tortura y desplazamiento forzado. Estas son el resumen del deshonroso catálogo que en el conflicto armado colombiano constituyen el baldón que prueba el quehacer criminal de los cuerpos armados.

Pero, la reforma aprobada por un congreso de bolsillo, controlado por la Unidad Nacional, siguió la dirección contraria. Sin parar mientes, desde el presidente Santos para abajo, incluido el senador Juan Manuel Galán, cuyo padre es una de las víctimas, pasando por el silencio del delfín del ex presidente César Gaviria, el “buen” Simón, al frente del descolorido  Liberalismo. Esta semana el propio presidente se ufanó que este año no ha habido reportado ningún  falso “positivo”.  Sin embargo, José Miguel Vivanco, y la Comisión Interamericana de D.H., han puesto una vez más el dedo en la llaga.

A pesar del alboroto internacional, el Mindefensa dijo en su entrevista con Yamid Amat, “…los principales defensores de los derechos humanos en Colombia son los soldados y policías. Son los únicos que aquí juran entregar su vida y derramar su sangre para defender los derechos de los demás”.

Estos son los tres asaltos de una pelea pactada a más, donde no se trata de cruzar guantes con Antonio Cervantes, sino de verdaderos “asaltos” a la fe pública, sin límite de tiempo, como si se le ha fijado a las negociaciones de paz, donde también se aspira a que la sociedad civil sea una convidada de piedra; y que bote corriente para que sus supuestas representaciones reunidas en La Habana, le hagan la aduana a sus convicciones y peticiones.

Estaremos entonces a la expectativa de qué ocurra en la semana que sigue, que abrirá el foro sobre la cuestión agraria en el Centro de Convenciones Gonzalo Jiménez de Quesada, que en principio estaba programado para el Auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional. Un foro corporativo, porque se ha seleccionado quienes podrán hablar del problema, que en palabras del historiador y ex rector de la Universidad, Marco Palacios, es la causa de que nuestra democracia no haya cuajado hasta el día de hoy. Pero, la receta para corregirla, en todos estos asaltos sigue siendo, menos democracia. ¡Qué guama!

Edición N° 00333 – Semana del 14 al 20 de Diciembre de 2012
 
 
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