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Del dicho al hecho… hay mucho desecho ¿Arrancó el nuevo modelo de aseo en Bogotá?

  Pedro Ignacio Bernal Forero
  Docente investigador, Universidad Externado de Colombia
   
 

¿Fracasó la política del Alcalde de Bogotá en materia de basuras? ¿Inició con éxito el nuevo modelo de recolección y reciclaje? Preguntas de este tipo, hechas prematuramente son completamente improcedentes pues no se pueden responder. Es irresponsable intentar siquiera responder cuando se requiere más tiempo para evaluar seriamente el resultado de una gestión que todavía no ha comenzado. Lo que sí podemos hacer es preguntarnos si los anuncios y las acciones adelantados hasta el momento por la Alcaldía permiten vislumbrar salidas al problema.

Decir que Bogotá amaneció inundada de basuras el 18 de diciembre es una exageración. Pero, no se puede negar que innumerables sectores sufrieron de grandes acumulaciones de residuos sólidos durante esta jornada y las siguientes. Diversas fuentes afirman que ello se debió a que los operadores que terminaron sus contratos de recolección y transporte el 17 de diciembre no cumplieron con ellos hasta última hora, ejerciendo una forma de saboteo contra la administración distrital. Por su parte, la Alcaldía desplegó gran cantidad de personal y equipos para evitar un caos sanitario. De modo que los medios de comunicación anunciaron el fracaso, mientras que la administración habló de una jornada heroica y el exitoso inicio del nuevo modelo.

Lo cierto es que la ciudad ha tenido, en promedio, más basura acumulada en las calles que antes y no se podía esperar otra cosa. Mientras los operadores privados estuvieron a cargo del servicio, hicieron su trabajo, mal que bien, con sus aciertos y sus deficiencias. Y desde el momento en que terminaron sus contratos el 18 de diciembre, no había un nuevo operador que los remplazara sino una administración que con las uñas, una gran dosis de improvisación y otra de voluntad intentaba recoger la basura de las calles, esconderla de toda mirada escrutadora que fuera a poner en duda la bondad del nuevo modelo de separación-recolección-reciclaje. Una primera conclusión se impone: el día “D” fue más el final de una etapa de gestión del servicio que el inicio de una nueva.

Pero, el voluntarismo no es una buena estrategia de gestión ni mucho menos de política. Y los hechos son tozudos. Por fortuna para la ciudad, las virtudes del modelo concebido por la actual administración distrital tiene futuro y sólo éste nos dirá si verá la luz, se desarrollará y se consolidará. Y para ello se requiere una serie de condiciones críticas. Algunas de ellas dependen, por supuesto, de la propia administración distrital y otras de la ciudadanía. En cuanto concierne al Alcalde, que tomó el riesgo de jugarse su suerte con el tema de las basuras podemos decir que perdió la apuesta política, debió agachar la cabeza y de aquí en adelante deberá trabajar por la ciudad con más humildad y eficacia.

La administración debe elaborar una hoja de ruta con metas y tareas de corto, mediano y largo plazo, una planeación que hasta ahora ha estado ausente de sus acciones en el tema del aseo. No se trata de desconocer que sí tiene objetivos y aspiraciones que no podemos sino celebrar y compartir: un modelo con atributos ambientales y sociales a los que toda sociedad mínimamente civilizada debe aspirar. Pero, una cosa es querer y otra llevar a la práctica. Por ejemplo, está bien que para reciclar se deba comenzar por realizar la separación en la fuente y para ello el uso de bolsas de diferentes colores es esencial, pero aun suponiendo que la comunidad entiende la importancia de ello y lo llevase masivamente a cabo, falta resolver la elemental cuestión de dónde depositar las bolsas con los residuos reciclables y los no reciclables. ¿No es eso como montar sin ensillar el caballo? El mensaje de la Alcaldía se concentró en montarse en el caballo, pero no en ensillarlo. Así que, con o sin separación en la fuente, pero en ausencia de los operadores de ayer y sin la aparición de los nuevos, al ciudadano no le queda otra opción que sacar la basura a la calle. No es que eso no estuviera sucediendo antes si se tiene en cuenta la costumbre de mucha gente de sacar la basura a cualquier hora del día y depositarla en cualquier parte, eso sí lejos de su vivienda; pero ahora, por el momento, es lo que le toca hacer a todo el mundo, por falta de orientación alguna.

¿Se le olvidó al alcalde que la recolección es una etapa importante del proceso? ¿Y que para ello se necesita definir unas rutas de recolección y una programación (semanal, diaria) de las mismas por los distintos sectores de la ciudad para que, en lo posible, la sacada de la basura de los domicilios coincida con dicha programación? Por consiguiente, una segunda conclusión es que todavía no hay un nuevo operador del servicio de aseo.

El personal y los vehículos que recogen la basura esto es los residuos principalmente orgánicos que se deben depositar en bolsas negras, no son los mismos que los que recogen el material reciclable. Pero, ¿tenemos alguna indicación u orientación concreta al respecto? ¿Quiénes, cuándo, cómo y dónde se encargarán de recoger las bolsas blancas? ¿Qué ha adelantado la administración en su obligación constitucional de vincular a los recicladores? Si se pretende no sólo la dignificación del oficio del reciclador sino también una operación eficiente y eficaz del mismo es necesario definir también una programación, una sectorización, rutas, horarios y garantizar una tecnología adecuada para su adecuada ejecución. Sin hablar de la organización y la distribución territorial de las bodegas, de una reglamentación distrital que garantice unos ingresos mínimos a las microempresas recicladoras, evitando así que dependan de actores intermediarios con poder de manipulación de los precios. Una tercera conclusión es que el nuevo esquema requiere una organización y unas reglas más especializadas que el modelo que se pretende superar.

El elemento crucial del éxito del nuevo modelo es la separación en la fuente y su condición sine qua non es la voluntad, la decisión de hacerlo por parte de la población bogotana. Siempre se ha dicho que es una cuestión de cultura ciudadana, de conciencia ambiental, que requiere de campañas educativas a todos los niveles, en colegios, escuelas, en el lugar de trabajo, y por todos los medios posibles (escritos, audiovisuales, etc.). Sin embargo, poco se ha hecho al respecto hasta el momento, en gran parte porque el modelo imperante de recolección de basuras, transporte y depósito en relleno sanitario, y la reglamentación y modo de tarificación correspondientes, no son realmente compatibles con esos conceptos de educación y conciencia ambiental. Esto se debe a que los operadores que funcionan con el modelo anterior son remunerados por volumen recogido, transportado y depositado y por lo tanto tienen claros incentivos para recoger, transportar y entregar la mayor cantidad de desechos posible en el relleno.

Se trata de un modelo depredador del medio ambiente con un énfasis en el interés del operador, no en el cuidado del planeta. Lo que prima para el ciudadano es desprenderse lo antes posible de desechos molestos sin mayor conocimiento de lo que pasará con ellos después. Es un modelo que responde a una lógica productivista y consumista: entre más se produzca y se consuma, se consuma y se produzca, y así sucesivamente (oferta – demanda – oferta…), mayor cantidad de residuos se generan, mayor cantidad de residuos deben recoger los operadores de “aseo” y mayores ingresos recibirán por su actividad. En esa misma medida, las ciudades requieren con mayor frecuencia grandes extensiones de tierras dedicadas al depósito de esos desechos. No hay incentivos para adquirir conciencia de los efectos ambientales de tal esquema, aunque siempre hemos sabido de la necesidad de ello.

La ventaja de emprender el camino de un nuevo esquema de gestión del servicio de aseo urbano es que a él, se asocian claros conceptos ambientalistas, de cooperación, solidaridad y justicia social. Adquirir conciencia de ello depende de campañas de educación mucho más “agresivas” que las que hemos conocido hasta ahora, donde todos, no sólo las autoridades distritales, debemos participar. Es importante que los grandes medios de comunicación asuman su responsabilidad social en un tema que nos concierne a todos y que todos los sectores de la sociedad comprendamos que el éxito de ese modelo nos beneficia a todos. No podemos exigir que la administración distrital cumpla su parte si no colaboramos con lo que nos corresponde como ciudadanos, y tampoco ella puede esperar mucho de nosotros si no envía mensajes claros y no implementa acciones que incentiven la participación de la comunidad con repercusiones favorables en el mejoramiento del servicio.

Edición N° 00334 – Semana del 21 al 27 de Diciembre de 2012
 
 
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