Semanario Virtual Caja de Herramientas
 
 

En qué está la acción contra el neo-paramilitarismo

  Luis Eduardo Celis
  Asesor de la Corporación Nuevo Arco Iris
   
 

Hace un año, el país vivió el denominado para armado, promovido por estructuras de los antiguos integrantes de las AUC, fue importante su capacidad de alteración de la movilidad, el comercio y sin duda que perturbó la vida comunitaria en regiones de cinco departamentos: Antioquia, Córdoba, Sucre, Bolívar y Magdalena, ahora, iniciando este año, se han producido tres masacres: en Envigado, Buenaventura y Bogotá, que le recuerdan al país que hay unas estructuras criminales que siguen actuando y tienen capacidad de control sobre territorios y comunidades con lo que implica esto en la economía, la política y la vida social.

El país sigue discutiendo cómo caracterizar este fenómeno de violencia que articula a antiguas organizaciones de lo que se conoció como las Autodefensa Unidas de Colombia – AUC- precisan el tipo de organizaciones que tratan: su naturaleza, motivaciones, vínculos con dinámicas legales de la política y la economía, para desde esta comprensión poder plantearse una política que las enfrente.

Con una criminalidad tan extendida, la cual fácilmente actúa en la mitad del territorio colombiano, recurriendo a una acción de intimidación y barbarie para gestionar sus intereses y el control de las organizaciones que se vienen disputando liderazgos ante un período de inestabilidad en su cohesión interna, la pregunta por la política para enfrentarlas y la capacidad de desarticularlas y someterlas a la legalidad, desmontando sus estructuras y judicializando a sus integrantes, son temas pertinentes que merecen un debate y una clarificación de la capacidad del Estado y los resultados para ver si se está en la dirección correcta o se sigue en un hibrido entre acción coherente del Estado y acción de complicidad con los criminales, como ha sido la constante del caso colombiano en los últimos 40 años cuando el narcotráfico irrumpió con toda su capacidad de cooptación y reconfiguración como ha sido ampliamente documentado por la historiografía y las ciencias sociales que han explicado y analizado éste fenómeno, con mucho mayor rigor a como ha sido enfrentado por las instituciones y la sociedad que está comprometida con el Estado social y derecho consignado en la Constitución del 91.

Si bien, la acción del neo-paramilitarismo se mantiene y no tenemos certeza de si la actuación del Estado por su desmonte y judicialización va en la línea correcta y tiene resultados que permitan afirmar que se está en el camino correcto, luego de una acción de capturas, confiscación de capitales, develar sus nexos con empresarios y políticos o si por el contrario seguimos en una acción estatal que le es funcional a la permanencia y consolidación de unos poderes mafiosos y autoritarios, que desde su complejo entramado de organización y sus lógicas de actuación se desenvuelven entre la acción abiertamente violenta y criminal; unas formas silenciosas de control de economías y nexos con sectores políticos para gestionar un enorme poder que ejerce y se consolida desde hace cuarenta años, entroncándose con la vieja derecha del latifundio y refundada y fortalecida con la arrolladora dinámica de ilegalidad mafiosa.

Para Colombia, tener claridad sobre la capacidad del Estado para enfrentar a los poderes mafiosos y lograr su superación es una prioridad que sigue muy tímida en la agenda pública, aunque es alentador que el fiscal General de la Nación Eduardo Montealegre, esté dando señales interesantes como la directriz de orientar la investigación desde una perspectiva de buscar el desmonte de “aparatos organizados de poder” y no continuar por el énfasis de investigar individuos, si esto logra desarrollarse será una innovación que deberá producir mejores resultados a los obtenidos hasta hoy.  Igualmente interesante es la acción que lidera el Gobernador de Antioquia desde su política de legalidad y transparencia que tiene enfocada una acción contra las mafias en Antioquia, donde esta dinámica ha tenido tanto impacto.

Está por desarrollar un debate sobre la calidad y la pertinencia de la política para enfrentar a las mafias, en todas sus modalidades, sin olvidar que hay unos poderes mafiosos consolidados que ya mataron en tales proporciones durante tres décadas que hoy posan de gente civilista y legal, pero que tienen un pasado de crimen y barbarie y muchos otros que sin ejercer de manera directa violencia, han hecho parte de dinámicas ilegales o desde su aparente legalidad, han actuado amparados en la legalidad, pero desenvolviéndose de manera aprovechada ante los capitales narco y  los despojos cometidos por los viejos paramilitares y que continúan o defienden sus herederos.

Edición N° 00335 – Semana del 18 al 24 de Enero de 2013
 
 
Importante: Cada autor es responsable de sus ideas y no compromete el pensamiento de Viva la Ciudadanía. Se permite la reproducción de nuestros artículos siempre y cuando se cite la fuente.
 
   
 
 
comentarios suministrados por Disqus