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Ante las nubes de crisis es mejor pensar en el mercado interno

  Jaime Alberto Rendón Acevedo
  Centro de Estudios en Desarrollo y Territorio, Universidad de La Salle
   
 

Es innegable que el presidente Santos le ha apostado a situaciones para nada fáciles: cambios que han ido tocando puntos sensibles de la vida cotidiana, de la política, de las relaciones externas y de la economía del país. Hoy se está hablando, como posibilidades ciertas, de procesos internos de reconstrucción democrática, de restitución de tierras, de negociaciones de paz. Las relaciones con los países vecinos fluyen adecuadamente y en la economía se tienen características que en el contexto mundial pueden considerarse como aceptables.

Particularmente frente a la economía, el desmarcarse de ocho años de apuesta al capital, a los grandes conglomerados empresariales no ha sido sencillo. Solo el no permitir que siguieran proliferando los acuerdos de estabilidad jurídica es uno de esos cambios silenciosos que no quedan a la luz pública pero que tienen un gran significado. De otro lado, es revelador que en el país, aunque tímidamente, se esté hablando de la necesidad de políticas públicas concretas, tal es el caso de una política de desarrollo rural o una política industrial, temas a los cuales paradójicamente los gremios y la academia han hecho poco caso y corren el riesgo de desvanecerse en los acuerdos de paz con las FARC.

Dos lunares, sin embargo, dejó el año 2012, el primero tiene que ver con el fiasco de la reforma a la justicia, en apariencia superado, gracias eso sí a la magia de las redes sociales, y el otro fue la reforma tributaria, bien intencionada pero que terminó por convertirse en una nueva Torre de Babel que aún no entendemos, y no lo haremos hasta que esté plenamente reglamentada. Hay que agregar también las dificultades con la Ley de Regalías y lo ineficaz de Planeación Nacional en el tema.

Frente a la reforma tributaria es necesario recalcar la idea fuerza y trascendente: la eliminación de los parafiscales y los aportes empresariales al sistema de salud, que serán reemplazados por un impuesto del 8% (9% transitorio con el 1% adicional para otros destinos) a las utilidades, es decir, el impuesto de renta tendrá un componente básico del 25%, 8% con destino al ICBF, Sena, cajas de compensación y salud y un 1% con fines a fortalecer esencialmente la educación superior.

Sin embargo, el tiempo mostrará algunos detalles como por ejemplo, el efecto que tendrá el no descuento del gasto parafiscal sobre el pago final del impuesto de renta, es decir, como todo versará sobre las utilidades las empresas tendrán en los gastos laborales y generales, la posibilidad de descuentos: el Gobierno, en un acto de ingenuidad, cree que será sobre los gastos laborales, esto significa que las empresas crecerían sus gastos laborales para pagar menos impuestos, pero ¿acaso el trabajo en un elemento a emplearse de manera indefinida en la producción? Como la respuesta lógica es no, los gastos generales, las compras y uno esperaría (otro acto de ingenuidad, ahora mío) el fortalecimiento productivo (compra de hardware, software o reconversión tecnológica) se incrementarán so pena de que las empresas en sus estados de resultados finales terminen mostrando altas utilidades y consecuentemente pagarían un mayor impuesto de renta.

Ahh entonces surgirá otro tema, delicado y planteado con todo el respeto que se merecen los contadores: si hasta ahora tenemos un país donde las empresas estilan varias contabilidades, aspecto denunciado por la DIAN, de ahora en adelante, la reforma tributaria se convierte en un gran aliciente para las llamadas “contabilidades creativas”. El interés será incrementar los gastos, reducir contablemente las utilidades y pagar menos impuestos. Ya quiero ver el año próximo las estimaciones realizadas por el Ministerio de Hacienda contrastadas con datos ciertos. De verdad quisiera estar equivocado.

Otro elemento que complementa la preocupación tiene que ver con el comportamiento de la economía. En un escenario global de bajo crecimiento, no es prudente esperar que el país mantenga un ciclo económico al alza (un crecimiento cercano al 4% para el 2012 es un buen resultado, el problema es que venidos de comportamientos mejores), fundamentalmente con temas que a nivel interno son aun de mayor importancia que la misma crisis de los países desarrollados: veamos con detalle algunos de ellos:

1. Cerca de un tercio del crecimiento económico ha estado explicado por el comportamiento del sistema financiero, que sigue mostrando importantes ganancias (34,2 billones de pesos entre enero y noviembre de 2012), pero ya empieza a agotarse debido fundamentalmente a: el sobreendeudamiento de las familias, el crecimiento de la cartera vencida, un resentimiento en el mercado de capitales producto del impacto generado por Interbolsa y a una parálisis de nuevas ofertas de títulos de gran rentabilidad.

2. El impacto de la revaluación sobre los mercados exportadores. Esto es un gran reto para el Gobierno y en particular para el Banco de la República, si se mantiene la política implementada hasta hoy de una intervención sutil en el mercado cambiario, los exportadores terminarán por pagar con su rentabilidad las consecuencias perversas de la exportación de la crisis realizada por los Estados Unidos. Con efectos lógicos sobre el empleo.

3. El incremento de las exportaciones en los últimos años ha estado soportado en bienes primarios (42.4% Petróleo y 13.4% carbón) y los buenos precios que han tenido algunos de ellos. Esto que está atado a la locomotora minera, ya está empezando a presentar problemas debido a la nueva caída de las economías europeas.

4. La estructura industrial del país, no solo mostró agotamiento en el 2012 sino que su poca diversidad y preparación para llegar a mercados internacionales hace que las posibles bondades de los TLC firmados o en proceso de hacerlo, no se materialicen en el corto y mediano plazo.

5. El sector de la construcción, a pesar de que se insiste por parte del gobierno y del sector en que no hay una burbuja inmobiliaria, ha llegado a sus puntos altos del ciclo, que deberá ser compensado por las obras públicas. Esto dependerá de la eficacia de las entidades públicas para ejecutar el gasto que hasta el momento no la han mostrado, caso preciso de Bogotá donde la caída es grande (30%) y no se esperan desarrollos significativos para el 2013.

6. El Gobierno ha mostrado como un logro importante la reducción del desempleo a un dígito. Y sí que lo es. Sin embargo, la informalidad laboral y empresarial es, en realidad, el problema crucial y si bien hay normas que intentan contrarrestarlas han sido poco efectivas. Este es un país de bajos ingresos y de una alta desigualdad. Esto es una especie de “suicidio de mercado” tenemos poca demanda porque hay bajos ingresos, no se aumenta significativamente el salario por temor a la informalidad y a la caída de la rentabilidad de las empresas y seguimos enredados en la pobreza y la desigualdad.

Estos elementos, con toda seguridad entre muchos otros, hacen que no exista optimismo para esperar un comportamiento económico sobresaliente. Por el contrario, es de prever situaciones que puedan complicar a algunos sectores específicos, tal es el caso de la construcción, la industria manufacturera, la venta de vehículos y en general el comercio. Todo esto se une a un panorama internacional que en vez de despejarse se complica, la caída del crecimiento de Alemania, que opera como locomotora de la economía europea, es solo una muestra de que lejos de acabarse, las crisis de los países desarrollados se mantendrán por el resto de la década.

Así que por fuera de las directrices de los organismos multilaterales, de recetas ortodoxas e ingenuas frente al manejo de la economía, queda asumir con decisión una apuesta concreta por el mercado interno (que incluso puede expandirse al mercado natural de América Latina o más precisamente de Sur América), de recuperar el ciclo económico al alza con base en políticas fiscales y monetarias concretas sobre sectores específicos, con el impulso a la economía a través de inversión en infraestructura, a poner en marcha los proyectos viabilizados para las regalías y a tener en el política monetaria y cambiaria estrategias de competitividad y disponibilidad de recursos. Es la única salida ante la expectativa de tirar por la borda los esfuerzos fiscales realizados, ante un momento coyuntural de disminución de la senda del crecimiento económico que dará al traste con todas las fantasías presupuestales con las que diseñó la reforma tributaria.

Edición N° 00335 – Semana del 18 al 24 de Enero de 2013
 
 
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