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Los Gómez Hurtado y el M-19: encuentros y desencuentros

  Hernán Suárez
  Asesor Editorial - hsuarez2007@yahoo.es
   
 

La historia de la familia Gómez Hurtado está irremediablemente unida a la historia del M-19. Una suerte de atracción fatal los ha unido y enfrentado en el devenir político  de los últimos 30 años.

El primer gran hito de esta saga de encuentros y desencuentros, de violencia y diálogo civilizado, comenzó con la toma de la embajada de la República Dominicana  por parte del M-19 y la entrevista concedida por Jaime Bateman al periodista Germán Castro Caycedo, el 20 de abril de 1980. Álvaro Gómez Hurtado, entonces director del diario conservador El Siglo, tomó la decisión de publicar y divulgar profusamente la larga entrevista titulada “Yo soy el Comandante General del M-19”, en medio de la sorpresa general de sus copartidarios y la opinión pública nacional.

Desde la otra orilla, el gran inspirador del “Acuerdo sobre lo fundamental”, se convirtió en el gran divulgador de la propuesta del “Sancocho Nacional” con el cual Bateman enrumbó al M-19 hacia una nueva época y forma de hacer política de enorme transcendía histórica, tras la espectacularidad del robo de la espada de Bolívar y el repudiado asesinato de José Raquel Mercado. Paradojalmente la política del diálogo nacional y la búsqueda de la paz del M-19 logró una amplia divulgación de la mano del más representativo ideólogo y político de la derecha colombiana.

El destino y las circunstancias políticas volverían a colocar frente a frente al M-19 y Álvaro Gómez Hurtado en 1988, esta vez bajo la forma dolorosa y trágica de la guerra: el secuestro. Por orden de Carlos Pizarro, un comando lo secuestro el domingo  29 de mayo, cuando caminaba hacia su casa, luego de salir de misa.

Tras el fracaso político y militar de la toma del Palacio de Justicia en 1985 y los pobres resultados de su acción militar en el campo, el M-19 buscaba recuperar la iniciativa política y su imagen entre la opinión. Según Antonio Navarro, en entrevista concedida a Juan Carlos Irragorri para el libro Mi guerra es la paz, “el secuestro de Álvaro Gómez respondió a una consigna lanzada en una de nuestras últimas conferencias, que decía: "Paz para el país, tregua a las Fuerzas Armadas y guerra a la oligarquía”. Gómez era el símbolo de la oligarquía”.

La intervención de Navarro fue definitiva para el logro de la liberación de Álvaro Gómez. Según sus testimonio Lo primero que le dije (a Otti Patiño) cuando me informó que tenía a Gómez fue esto: "Hermano, ni por el putas le vayan a hacer un juicio. Yo tuve claro desde el primer momento que de esa situación debía salir la paz. Sabía que Álvaro Gómez era un hombre muy importante como para matarlo. Por eso traté de hacer todo lo posible para que no lo fuera a juzgar el M-19 ni le fuera a pasar nada”.

El secuestro culminó 55 días después, tras una suerte de diálogo nacional con representantes  de la sociedad civil y sin la presencia del gobierno de Virgilio Barco. Los firmantes del acuerdo se comprometieron a “participar e invitar a las distintas fuerzas sociales a tomar parte en una reunión cumbre en el territorio colombiano, la cual se celebrará el día 29 de julio de 1988”. El M-19 libero a Álvaro Gómez el 20 de julio cerca de su casa donde lo había secuestrado.

El secuestro transformó a Álvaro Gómez, pero también al M-19, como premonitoriamente lo registró una crónica de la Revista Semana de la época: “Una vez que el M-19 entregue a Gómez, no cabe la menor duda de que el recién liberado será quien tenga la palabra. El talante que imprima Gómez a sus actitudes después de su liberación, sin duda alguna marcará el rumbo de lo que habrá de seguir. Si antes de su secuestro, la voz de Gómez encontraba siempre eco, después de su liberación sus posiciones cobrarán aún más resonancia. Nadie puede negar que, independientemente de la firmeza de sus convicciones políticas y morales, Gómez no será el mismo después de su secuestro. Como tampoco lo será el M-19, que en las declaraciones de Otti Patiño dejó en claro que Gómez estaba marcando una honda huella entre sus captores. La pregunta de ahí en adelante es si el país insiste en seguir siendo el mismo, el de los secuestros, las masacres, las emboscadas... o si decide darse la segunda oportunidad de un diálogo que, esta vez, se reabrió abruptamente con el secuestro de Álvaro Gómez Hurtado. (Revista Semana, Encuentro en Panamá, agosto 15 de 1988)

El trágico secuestro produjo un hecho político inédito. El acuerdo sobre lo fundamental y el Gran Sancocho Nacional tuvieron un feliz reencuentro y realización en la Asamblea Nacional Constituyente. Con un resultado electoral exitoso, el M-19 y el Movimiento de Salvación Nacional, que lideraba Álvaro Gómez Hurtado, lograron sumar juntos el 42% de la Constituyente e imponer un consenso obligado, así como neutralizar las resistencias del Partido Liberal y Conservador, partidarios en principio de reformar la Constitución del 86, pero no de la expedición de una nueva, ni de revocar el Congreso. La alianza M19-Álvaro Gómez hizo posible la Constitución del 91, y con ella los dos ganaron.

El último episodio de los encuentros y desencuentros lo protagonizan, 33 años después, los herederos del M-19 y la familia Gómez Hurtado: Gustavo Petro, alcalde de Bogotá, y  Miguel Gómez Martínez, hijo de Enrique Gómez Hurtado, considerado el más doctrinario defensor del pensamiento conservador y a derechas de la familia y de su padre, el ex presidente Laureano Gómez.

En una sorpresiva carta titulada “Ofrezco mi concurso a Petro”, Gómez Martínez, señaló: "Reciba en primer lugar mi felicitación por conseguir tan distinguido título que la democracia le otorga. Reconozco su inteligencia y ponderación a la hora de enfrentar los más crudos debates en la pasada contienda electoral. La historia le premiará sus aciertos principalmente cuando se desempeñó a fondo en las denuncias sobre el carrusel de la contratación que sin duda constituye uno de los mayores hechos de corrupción de nuestra historia reciente.

La ciudadanía está expectante, como también sus dirigentes políticos. Como Representante a la Cámara por Bogotá, y en orillas ideológicas diferentes a la suya, soy consciente que en un sistema democrático los intereses generales están por encima de los particulares y en razón de esa circunstancia le ofrezco mi concurso para el efectivo desarrollo y cumplimiento de las tareas que Usted se ha impuesto.

Tiene usted, Señor Alcalde, la posibilidad histórica de inscribir su nombre como defensor de lo público y quebrar los caminos que en los últimos años nos sumieron en la corrupción”.

Petro entre agradecido y confundido difundió en su Twitter la carta.

Pero, la dicha por el nuevo acercamiento no duró mucho. Hoy Gómez Martínez encabeza el movimiento por la revocatoria del Alcalde. Su meta es alcanzar 300 mil firmas y dice tener ya 30.000. Petro, no sabe si agradecer esta nueva oportunidad que se le ofrece en bandeja para hacer política en defensa propia y como víctima, que es lo que más le gusta y sabe hacer, o condenar y señalar a los Gómez Hurtado Martínez como “representantes de la corrupción y de la mafias”, que también le gusta y suele hacer con facilidad cuando de controvertir a sus opositores se trata, sin distingos y sin reatos.

No sabemos cómo termine este nuevo episodio de las relaciones de la casa Gómez Hurtado y el M-19 o sus herederos para ser precisos, pero la historia y Pedro Navajas siempre nos lo han advertido: la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida ¡ay Dios ¡(Bis).

Edición N° 00336 – Semana del 25 de Enero al 1º de Febrero de 2013

 
 
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